"CASABLANCA" (1942). MICHAEL CURTIZ

TITULO ORIGINAL: Casablanca
DIRECCIÓN: Michael Curtiz
GUIÓN: Julius y Phillip Epstein, Howard Koch (Obra de teatro: "Everybody Comes to Rick´s", Murray Burnett y Joan Alison).
REPARTO: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Reins.
GÉNERO: Drama
AÑO: 1942
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 102 minutos.


Hagamos un ejercicio simple y práctico. Pensemos, transportándonos, y gracias a la universalidad del cine, que “Casablanca” se estrenó ayer. Que nosotros (ustedes lectores, yo, escritor de turno) la vimos por primera vez. De ahora en más, sabremos, que el film es nuevo y por tanto, no se presta a la melancolía que ofrece la lejanía o al clasicismo en el que se la adecua. Una vez realizado este ejercicio, digamos que “Casablanca” se presta al análisis por su única condición de obra cinematográfica, desligando a todo factor externo que infiera en los comentarios subjetivos de quien les relata o, luego, comentara.

SOBRE AMORES Y GUERRAS
No nos hablen de idealismos, ni de amores rosas. No expongamos nuestro corazón al rechazo, al desatino, al malhumor. Estamos frente a la película más popular y, por tanto, más genialmente ambigua en la historia del cine. “Casablanca” nos documenta la verdad, sin zozobras, sin oscuros mensajes hirientes: sólo el reflejo de un realismo que se filtra en cada átomo del celuloide. Porque esa es la verdad del amor, porque ahí se juntan las inquietudes del ser humano, mezcla de autodefensa, de ilusión, de melancolía.
¿Una imagen? Probablemente, el hombre se mueve a través del mundo de las imágenes que carecen de connotaciones polisémicas. Todo es realidad ante nuestros ojos, vivencias absolutas y, cuando, nos desanima la realidad, buscamos en los ideales, en las puestas en escena, en espejismos. Y eso, es doblemente hiriente. Cuando esa muralla irrebasable se convierte en algo que no se puede revertir, cuando nuevamente la realidad aparece inquietante e insatisfecha, nos devuelve hacia la melancolía, la soledad, la culpa.
Aquí tenemos la historia de dos amantes, dos viejos amantes que se reencuentran luego de un tiempo. El conflicto se desarrolla una vez que ella, Ilsa, ha recuperado a su marido de la guerra. El otro, el hombre, Rick, vivió prendido a esa imagen etérea de un amor imposible. Rick tiene en sus manos la posibilidad de salvar al marido de Ilsa, pero, si apela a su egoísmo o a esa imagen errada y nostálgica de su pasado con ella, surge la posibilidad de atinar a delatarlo para luego hacerse con su amor. Pero ambas cosas están implicadas, ambas resoluciones, incluso la responsabilidad por el destino de Victor Laszlo, el reaparecido marido de Ilsa. Lo que se pone en juego aquí, ya no es el capricho de un amante – el enigmático y solitario Bogart, haciendo de Rick -, sino es la suerte de un refugiado, héroe de la resistencia checa en tiempo de ocupación nazi en Marruecos (por entonces territorio francés). La batalla se libera, el antiguo amor comienza a mutar en repugnancia, en desatino cuando Ilsa se ofrece a cambio de una visa que pueda sacar a Laszlo del país.
No es posible configurar un campo donde todo se permita, las limitaciones de la personalidad de Rick nos lleva al dramatismo, porque él, se mueve sospechosamente hacia un bando, con tal de pasar desapercibido, de no inquietarse y, a su vez, permanecer impune ante el ideal: ante Ilsa, que ya no tiene opciones. La resolución es encantadora, porque dentro de las restricciones que ofrece una obra de carácter romántico – es verdad, la fuerte opresión social de ese contexto también influye en el desarrollo – porque se evade del compromiso adecuado a la INDUSTRIA. La expectativa fluye en el encuentro de aquellas almas que supieron amarse. Pero claro, correrías mediante, inquisiciones y amenazas, toda aquella llama se ahogó por las lágrimas y el desdén. Entonces, no queda alternativa para Rick. Es consciente de los peligros así como de lo imposible, su papel será entonces fundamental. No sólo para la felicidad de Ilsa, sino, para el desarrollo de la Guerra Mundial.

TRAILER DE "CASABLANCA".


Para sumergirnos en la atmósfera "Casablanca", es ineludible escuchar este tema y esta escena: "Play it, Sam" ("As times goes by")


LA SUGERENCIA DE CURTIZ
Sino hubiera sido Curtiz, hubiera sido cualquiera. Seguramente, al tratarse de una superproducción de Warner (por ese entonces, versión opuesta de las películas inquietantes y más intelectuales que proponían David O. Selznick), cualquier director de turno, contratado para la ocasión, hubiera tenido la muñeca para manejarse entre el atrezzo, el decorado, las estrellas y la lente. Sin embargo, “Casablanca” hubiera sido otra sin el lenguaje del director austro-húngaro Michael Curtiz (en realidad, Mano Kerstez Kaminer). La austeridad precisa para manejarse dentro del cuadro, imprimiéndole esa atmósfera de constante convulsión, porque, para ello le vale su escuela europea. Una mirada expresionista de acuerdo a sus claroscuros inquietantes, que supieron redefinir el perfil de los personajes. Pero, sobretodo, se realza un estilo cautivador, cargado de sentimentalismo, de nostalgia, que refleja en cada uno de los silencios y en cada uno de los sonidos imprecisos que se filtran entre el humo del tabaco de Rick, entre las pinceladas melódicas de Sam, mientras entona “As Times Goes By”, entre el tintineo de las copas de una supuesta fiesta nazi. Allí, se desplaza con total sugerencia, sin temor a quebrar el clima con algún atropello. Todo es austero y siniestro, entre la pausa exacta de una lágrima filtrada, entre el rouge de Bergman que parece quedar impreso en la mejilla de Bogart, por siempre. Curtiz sugiere, no amenaza, no expone sino que da pistas, como delineando una historia que se transforma a medida que los personajes aparecen y desaparecen, todo subyace en la coherencia del relato. En una metódica forma por hacernos quedar clavados frente a la pantalla, esperando un desenlace apoteótico, esperando la muerte o el beso, que nunca parece llegar.
Quizás, allí se aloje la grandeza de “Casablanca”. En la módica suma de los elementos. Si bien, se trate de una superproducción, hecha para las necesidades de la recaudación y de la competencia. El talento de Curtiz – por entonces, relegado a las películas melodramáticas y agridulces – para mantenerse siempre a la expectativa de que las cosas pasarán, de mantener una brecha coherente entre el relato y la sugerencia.

Si, este es el final. Mirenlo

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