9. "La grasa de las capitales". SERÚ GIRÁN


Todo lo que sube, baja. Montaña rusa invisible, perdió en el camino, en el horizonte, al hombre de bigotín bicolor, en su intrépida carrera por devorarse velozmente al pensamiento, por ganarle a un parpadeo, a una respiración. En ese vertiginoso mecanismo de giros, balanceos, vueltas y rulos, la música también marchaba acompañada de ese ritmo decadente, de esa veloz máquina que convertía a las estructuras en manías predefinidas o pociones automáticas para el disfrute. Y en el camino, escupiendo desde los carritos que componen al denominado cerro soviético, como gotas de una baba desagradable y putrefacta, los artífices de la música en clave rock, brotaban en caída libre al suelo, en choque fatal contra el sólido cemento: la incorruptible e ignominiosa censura. Devorados o exiliados, corrían por los pasillos de ese parque de diversiones demoníaco, con espadas de telgopor.
Pero el hombre del bigotín bicolor, se aferraba intrépido a la maquinaria, al jadeo constante provocado por la presteza de su ingeniería. Unas vueltas y de nuevo a la calma bastaban para la concientización. Aquel año, entre el ´78 y ´79, las correrías de la clase media – siempre inactiva, siempre cegada – entre el consumo de las nuevas tecnologías y el pseudo entretenimiento ofrecido en bandeja por los milicos, ocultaban el caos y el terror, que desde los sótanos más inhóspitos, a la vuelta de cualquier esquina, se “chupaba”, se torturaba y se lo desaparecía a nuestros hijos idealistas. García, aquel héroe que años atrás, en vano agitaba desde su guitarra a los remolinos juveniles con el poder de su prosa inconmensurable veía como se escapa la utopía. Refugiado en un viaje psicotrópico a las playas norteñas del Brasil, junto a Lebón, Aznar y Moro, le dieron vida al invento de esa época y, teniendo a Charly del bando de los buenos, eso sería una pequeña revolución. No sé si será por la estupidez de los milicos, por su incultura o su abyección, o por la genialidad de García y compañía, que lograron posicionar sus canciones, en grito metafórico de clemencia, como los himnos frente al caos sin que ningún sorete militar se diera cuenta del mensaje y haga notar, que los Serú Girán eran sus enemigos.
“La grasa de las capitales”, segundo disco de la banda es, quizás, la obra que más revele esta conciencia sobre lo que estaba pasando y, aún así, nunca padeciera ante la censura ni el horror. Canciones como la que bautiza al disco, “Viernes 3 AM”, “Los sobrevivientes” o “Paranoia y soledad”, son el tratado sutil – desde su lirismo – a ese estado del terror, como una lucha metafórica, como un libro que no alcanzó las llamas. Y la coyuntura de una banda explosiva y virtuosa.
Pero de nada valía, aún así, los que permanecían ajenos al caos, con el culo frente a la tevé, se dignaron en darse cuenta. Quizás, fue demasiado el trabajo de los cuatro músicos. O quizás, el despotismo simbiótico en el que se vivía, los despojó de la atención.
Pero luego de que las aguas de la democracia vuelvan a resurgir en su cauce, los Serú Girán – exagero un poco, pero digo, ¿los Beatles argentinos? – tienen el lugar que se merecen: junto a la nostalgia y a la genialidad gracias al tamaño insoslayable de esta obra: “La grasa de las capitales”.

SERÚ GIRÁN, "NOCHE DE PERROS"

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