7. "Canción animal". SODA STEREO


Y sí. El sonido de los wonderful kids de Belgrano necesitaba potenciarse, necesitaba adquirir el grito afónico y enlodado del rock, necesitaba estrujar las vísceras contra los parlantes y asomarse a la oscuridad. Una necesidad que pedía a gritos escaparse, natural, porque desde sus discos anteriores, más glams y capciosos, “Ruido blanco” y “Doble vida” (el peorcito para mí), se escapaban por entre los acordes de Cerati un ruido imposible de soslayar. Desde los profundos golpes de Alberti y los quejidos del bajo de Zeta. Y entonces, 1990, fue el año en que los tres Sodas, luego de sus eternas giras por Latinoamérica, se sentaron a planificar un disco que le cambió la cara (para bien) a su sonido. Que los expropió del lugar de meros intérpretes de canciones poperas, tímidas y algo superfluas, para revalidar la chapa (que bien tiene ganada) como la banda más importante de la escena roquer latinoamericana. El resultado es una avalancha de canciones con tintes dramáticos, de una ingeniería magnífica, impulsadas por el sonido maltrecho de las guitarras (siempre necesario en el rock), por la profundidad de la producción y por la composición de himnos eternos, cercanos a The Cure pero con la tónica explosiva de Deep Purple. De esa manera, Soda Stereo configuró un disco impostergable para la historia (ya madura) del rock argentino, “Canción animal”. No sólo por el éxito de su cansador “De música ligera”. Sino, por clásicos de una extraña contundencia, de un poder que los acerca más al suburbio, a la exploración: finalmente, a convertirse en hombres, alcanzando el punto exacto de maduración y coherencia. Ejemplos abundan: “Un millón de años luz”, “Canción animal”, “Hombre al agua”, “Entre caníbales”, “Té para tres”, etcéteras.

SODA STEREO, "HOMBRE AL AGUA"

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