5. "Divididos por la felicidad". SUMO (1985)



Las tendencias de avanzada navegaban los canales de la censura, y allí, se filtraban en nimias proporciones, las nuevas bases del futuro. Es que las cosas parecían no funcionar, entre el ceño fruncido, la cámara humeante de un fusil, una horca y las desérticas-desoladas Islas Malvinas, en los pedazos de los pequeños héroes desprotegidos.
Esa censura se ejerció, ya sin fuerzas ni resultados copiosos, a través de los años. Pero cuando el manto descubrió a aquellos que colmaban los subterráneos porteños, librando una batalla espectral con un arte figurativo: cuando esas personas fueron protegidas por el inmenso brazo de la democracia; aquellas tendencias: sonidos prematuros, orgasmos artísticos, autores fetiches, se volvieron realidad en una era de movimiento visceral, de fiesta orgánica, de liberación popular.
Y entre las mustias calles de Buenos Aires (Jean Jaures y Corrientes, por ejemplo, en el Abasto mismo), entre el arte teatral, las pocilgas de los ocupas, el humo de la marihuana aún llameante y el sopor del whiskey de anteayer, aparecía, ordinario y fisgón, un sabio mimo de las alcantarillas del primermundo. Un tano, que habla inglés, que canta reggae y punk, y nos microrrelata los acontecimientos de una Buenos Aires acalorada, sinfín. Fuck you! – Fuelle tano que, respirando pampas se aporteñó, explicó –
Pero el tiempo lo descubrió, ya sólo y embebido en las penas de la incomprensión (quizás). Ante un reducido grupo de discípulos, escoltas, interminables, que si creían en su palabra. Lo convirtieron en mito, más allá de sus locuras, de sus debilidades, rezando en las paredes las simples palabras de agradecimiento o beatificación: Luca Vive.
Pasaron un par de años, luego del estallido bélico entre el Imperio británico y Argentina, donde estaban prohibidas las canciones en lengua no castellana, para que Luca Prodan, viajara a Buenos Aires, se acomodara con su culo poético y empezara a relatar como un cronista urbano, a los porteños acorralados, entre la demencia de lo que fue y la incertidumbre del porvenir. Lo acompañaban, Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Germán Daffunchio, Alejandro Sokol, Superman Troglio, Roberto Pettinato y una casta de artistas malditos, endemoniados, que probaban sus artes en escena. El debut fue certero, naciendo como brotes de las entrañas de la tierra, experimento causal del movimiento independiente, Sumo dio vida a su primer álbum: “Divididos por la felicidad”. Una caja de Pandora ante la ignorancia de las tribus porteñas, que no asimilaban el reggae como local. Que pensaban al ska como una conducta suicida hacia el desastre sonoro. Que no imaginaban el punk renacer en tierras sudacas, ni morir allí mismo.
Es, el comienzo de una nueva era para el rock argentino. Descubrir los aromas, los encantos foráneos y volverlos arrabal, o pampa, o suelo patagónico. Y acá, las muestras son sobradas. Desde los funkys apretados y contraculturales: “Rubia tarada” o “Debede”, hasta los reggaes “Regtest”, el sexual “No acabes” y “Reggae de paz y amor”.
“Divididos por la felicidad” es más que una sospecha de que algo cambiaba por entonces, es el cambio, hasta ese momento ignorado por todos, inclusive por Prodan y su casta. Pero el tiempo aprovechó para inmortalizarlo.



PARA ESCUCHAR Y VER. TODO "DIVIDIDOS POR LA FELICIDAD", DE SUMO.

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