OBJECT OF BLIND ADORATION: CATHERINE KEENER


Ni los escenarios lúgubres de los perdidos, ni las luminarias perfectas (Angel Face mediante) de las alfombras rojas. Ni la propaganda, ni las atmósferas pesadas acabaron con su dignidad, con la laboriosa actitud actoral, refutando los prestigios del bienhacer catedrático, ni las urgencias de directores innatos u organigramadores. Allí, alojada en el despojo de la cámara y las marquesinas, en el último lugar de las miradas enpochocladas y ecuánimes del desarrollo filmográfico, la cara inerme de Catherine comenzó a despachar elogios y misterios alrededor del mundo; y de sus cintas enigmáticas, plebeyas y poliformes.
¿Quién es esa actriz? Preguntaba semejantemente el público que me acompañaba, a uno de los miles de estrenos que asistí a: “Being John Malcovich”. Ppp… ddd… rrr… sss… mmm… Mmmm… Maccc… Maxxxi… Maxine: encarnada inigualablemente por una compañera de ruta de los directores de armas tomar, de pocas preguntas y mucha acción en cámara. La chica de los subterráneos, de las miradas atípicas, de los complejos inexplicables y absurdos. Catherine Keener. Con sus caras y sus ojos, con sus atrocidades más feroces y sus muecas descollantes. Con el dejo de un teatro impostergable en su rostro pálido, es, más allá de las recaudaciones cinematográficas, el rostro refrescante de la historia: el oasis, el placer, el éxodo del conflicto poco antes de la apoteosis.
Su recorrido – entre luchas con películas fútiles y eficaces en la marquesina – resultó beneficiado con el producto Kaufman-Jonze, en los dosmiles. Cuando su cara se apagaba en los canales de cables, entre películas de 2 am y resultados inútiles. El salto: Maxine. Luego, Sean Penn y sus películas demagógicas y eficaces. Una hippie refugiada del sistema esclavizante yanqui, de buenos consejos y servicios en “Into the Wild”, previo a convertirse en la cara inmediata de las comedias de Judd Apatow y sus secuaces drogadictos y sexuales.
Luego, mientras algunas niñerías interpretativas se presentaban en su camino, el destino de Keener se presentaba idéntico y claro (director mediante): - Vos serás la cara de mis dramas, de mis tragedias y comedias. De los efectos especiales y bobadas. Cathy, ya cuarentona y con dramas sobre su espalda, comenzó a forjar su historia, su carrera, su vientre dramático, de poemas cinemáticos que la reproducen en pantalla como una de las actrices de esta época, o, la que mejor comprende nuestras historias, nuestros deseos de cine en puro equilibrio con la vida.
Ella, rostro simple y rasgado en los años. Muestra nuestra femenina mirada del mundo en llamas, machista y proclamado apoteótico. Para demostrar su cine (su cara y actuación) esquizofrénico, conforme nuestra contemporánea expresión de desesperado arte.

Catherine Keener en "Being John Malkovich"


"Synecdoche New York"



Haciendo su papel de madre en la nueva película de Spike Jonze, "Where the Wild Things Are"

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