"Napoleon Dynamite" (2004) Jared Hess

TITULO ORIGINAL: Napoleon Dynamite
DIRECCIÓN: Jared Hess
GUIÓN: Jared Hess, Jerusha Hess
REPARTO: Jon Heder, Efren Ramírez, Jon Gries, Aaron Ruell
GÉNERO: Comedia
AÑO: 2004
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 86 minutos.



Análisis


Esta es la historia de Napoleon Dynamite (Jon Heder), un joven que vive en la zona rural de Idaho con su abuela y su hermano de 31 años, y a quien su doble condición de bailarín y Ninja le ayudan a triunfar sobre la adversidad.
¿Es “Napoleon Dynamite” una genialidad o el patetismo norteamericano en estado puro? La respuesta solo la tiene, archivada en lo profundo de sus neuronas, su director, Jared Hess. Comandante de otras batallas libradas al vacío, en mezcla rara de idiotez autoproducida y demencia controlada. Lo cierto es que, jugando con esa débil línea de interpretación, este film recrea el inhabitable mundillo de secundaria yanqui y nos devela, con un ritmo cansino y poco atrapante, que la base de la comedia no sólo radica en el gag inmediato o el sarcasmo inteligente. De manera tal, una suerte de collage histriónico, con personajes inabarcables hacen que “Napoleon Dynamite” tenga un doble sentido de alimentación. Es, por tanto, una comedia de colores otorgados por sus patéticos personajes: siempre perdedores en un mundo frívolo y pueril. Inhumanos y vacíos, en plena concordancia con la geografía del relato. Genialidad en un marco de meseta narrativa, brindada en su carácter más elemental de situaciones imposibles, y llevadas al extremo gracias a la austeridad de sus componentes: dirección de fotografía, musicalización, vestuario, etcéteras.

TRAILER DE "NAPOLEON DYNAMITE"

"KIDS" (1995) Larry Clark


TITULO ORIGINAL: Kids
DIRECCIÓN: Larry Clark
GUIÓN: Harmony Korine
REPARTO: Leo Fitzpatrick, Justin Pierce, Chloe Sevigny, Sarah Henderson
GÉNERO: Drama.
AÑO: 1995
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 90 minutos.


Análisis


Sumergido en las profundidades del océano adolescente, Larry Clark, siempre con una nítida visión horrorosa y derrotista, documenta esta suerte de balbuceo indecente sobre la vida de un grupo de jóvenes olvidados, que viven sus vidas al borde del colapso mental o de la insurrección paulatina. Allí están, agolpados en el borde filoso de la sociedad, sintiéndose poderosos e inmunes, viviendo al máximo de las expectativas, inconscientes de lo trágico del mundo (SIDA, delincuencia, drogas). Y en sus cabezas, merodeando los fantasmas de lo prohibido, incitándolos a explorar/se, a bravuconear contra los peligros inminentes: consecuencia de sus actos.
Clark desviste el alma agazapada de aquellos jóvenes, en su libertad solapada por el destino y las atrocidades de un mundo que siempre pega sobre la campana. Explorando de manera cruda y sin altruismos ese universo colmado de drogas, de sexo promiscuo, de racismos e intolerancias, retroalimentadas por su devenir caótico, por la inexplicable presencia en ese universo devastado, que los relega sin oportunidad de un cambio pertinaz que les otorgue sueños y esperanzas de un futuro mejor.

TRAILER DE "KIDS"

"LA CASA ÁCIDA" (1999) Paul McGuigan


TITULO ORIGINAL: The Acid House
DIRECCIÓN: Paul McGuigan
GUIÓN: Irvine Welsh (Cuentos: Irvine Welsh)
REPARTO: Ewen Bremner, Kevin McKidd, Maurice Röeves, Martin Clunes
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1999
PAÍS: Escocia
DURACIÓN: 105 minutos.


Análisis


Ambientada en los suburbios de Edimburgo, capital de Escocia; “The Acid House” es el relato más sucio, desprolijo y rebelde de los últimos tiempos. Basada en los cuentos del escritor y guionista de “Trainspotting”, Irvine Welsh, la cinta consta de tres episodios: “The Granton Star Cause”, “A Soft Touch” y “The Acid House”.
La primera historia nos narra un día en la vida de Boab, un perdedor empedernido que en el mismo día, la vida parece darle la espalda. Primero es echado del equipo de fútbol que él mismo armó, luego, sus padres lo echan de la casa, más tarde, lo despiden de su trabajo y por último, su adolescente novia lo deja por un compañero de equipo. La vida de Boab parece perderse en el abismo, cuando de repente, en un perdido bar conoce a dios. Aquí comienza el primer atisbo de Welsh y McGuigan (director) en el relato surrealista. Dios, le otorga la posibilidad de venganza convirtiéndolo en una mosca. El mensaje es directo y no busca anteponer cualquier duda ni sembrar alguna semilla despiadada que frustre el camino a la imaginación y comprensión de la obra. Es definitivamente, una comedia negra centrada en las bases de una venganza perpetrada en contra de un contexto (el de Boab) que no eligió, pero sin embargo, termina por declarársele en contra.
“A Soft Touch” es la historia de un pusilánime. Johnny vive como puede en la marginalidad absoluta. En su instinto de conservación, busca irremediablemente, pese a todas las adversidades, ser feliz. Se conforma con estar casado con Catriona, una mujer inescrupulosa que lo traiciona con su mafioso vecino, aún así, él cree amarla. Aquí, la dupla Welsh-McGuigan no nos enrienda. Nos mantiene expectantes y misericordiosos con el pobre Johnny, atándonos a la sensación extenuante de aturdimiento al ver las desgracias por la que pasa este hombre. Todo está podrido y sin embargo, él no hace nada para cambiarlo, esto nos desilusiona o nos desesperanza.
Por último, “The Acid House” es el relato épico sobre el consumo de ácidos lisérgicos. Todo es violencia y libertinaje, explosión, caos y sarcasmo, que nos aproxima a las banalidades del matrimonio y la paternidad, en crítica exacta y algo melancólica sobre la involución del adulto, sobre la sobreprotección desmesurada y sicótica.
“The Acid House” (en sus tres episodios) nos revela el secreto ambivalente de una sociedad que vive en las ruinas de su propia gloria y no intenta escaparle a eso, presume sobrevivir. Las miserias humanas son sobretodo, lo que moldea las fachadas e inconscientemente, las desviste.

TRAILER DE "THE ACID HOUSE"

"REBELDE SIN CAUSA" (1955) Nicholas Ray


TITULO ORIGINAL: Rebel Without a Cause
DIRECCIÓN: Nicholas Ray
GUIÓN: Stewart Stern
REPARTO: James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus
GÉNERO: Drama
AÑO: 1955
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 111 minutos.


Análisis


La decepción de la juventud como tema aleatorio de la obra más impersonal y comercial de Nicholas Ray. Esa insatisfacción que carcome las entrañas de sus personajes (James Dean, por ejemplo), productos de familias desmembradas que buscan sacar ese vacío o aburrimiento, empujados por la comodidad burguesa, a palazos y bravuconerías. Una rebeldía algo tirada de los pelos, si se entiende, que su contexto no es tan marginal ni tan opresivo, contra lo que la mayoría juzga (por aquel entonces) no justificadas.
Lo cierto es que Ray entiende que la forma más heroica para aquellos jóvenes es encontrar la respuesta a esa actitud beligerante y asombrosa de supervivencia en el caos interior, en los trastocados valores que (nunca) se ponen en juego.
Por la distancia que supone la cinta (cincuenta y cinco años), el caso parece perder contundencia y significación. Más, al ver que esos deseos por una libertad adecuada al salto de eje a las actitudes “normales” (o éticas) son de forma inadecuada ante una sociedad que pretende organizarse de manera veloz e inescrupulosa, aceitando cada engranaje de su composición. Allí, la reivindicación de Ray, que lucha emotivamente por enaltecer a sus protagonistas queriéndolos convertir en supuestas víctimas, sin saber que más allá de sus circunstancias desfavorables existe un mundo peor, marginal, en donde la vacuidad existencial de estos personajes parece ser una broma pasajera.
La narrativa carece de toda lógica, aún así, Ray logra mover sus hilos de manera pesada para que no se filtren las irregularidades del film. Por ejemplo, los días parecen constar de más de 24 horas, la trama gira en torno a todo ese día: amanecer, atardecer, Apocalipsis. Todo el mundo vive al límite, incluso más allá de sus posibilidades físicas o psicológicas, en donde se enamoran, mueren, pierden, se estafan y encima, tienen tiempo de jugarse una picada.
“Rebelde sin causa” es un clásico añejo y por tanto, picado de la filmografía hollywoodense. Carece de una lógica punzante y de un sentido más abierto, más leal, de comunicación con sus espectadores. Hubiera sido mejor plantear un problema más amenizado debido a la conducta de sus personajes y sus respectivos contextos. No todo significa rebelarse.

TRAILER DE "REBEL WITHOUT A CAUSE"

"AQUEL EXCITANTE CURSO" (1982) Amy Heckerling


TITULO ORIGINAL: Fast Time at Ridgemont High
DIRECCIÓN: Amy Heckerling
GUIÓN: Cameron Crowe
REPARTO: Sean Penn, Jennifer Jason-Leigh, Nicolas Cage, Phoebe Cats
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1982
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 92 minutos.

Análisis

“Fast Time at Ridgemont High” nos devuelve un significado ambivalente. Por un lado, es la típica comedia adolescente de los ochentas. Aquellas que Hollywood nos metió hasta el cansancio, tratándonos de transmitir y por tanto, rescatar, aquellos años de inocencia feliz y de travesuras justificadas. Parientes cercanos de “Animal House” o “Porky´s” aunque no tan chabacanas ni tan austeras, este film narra las experiencias (verídicas) de Cameron Crowe (su guionista. Y director, por ejemplo, de “Casi Famosos”, “Vanilla Sky” o “Jerry Maguire), en donde en busca de encontrar su musa inspiradora para su incipiente novela, se anota en una secundaria, la de Ridgemont, para investigar sobre el universo adolescente. Lo cierto es que, tanto la película como las expectativas del mismo Cameron (o Jeff, interpretado por un joven Sean Penn), se diseminan a través de subhistorias sin demasiado peso, de acciones viciadas por la prontitud del sexo y demás banalidades irrecuperables.
Sin embargo, por otro lado, la película lucha contra sigo misma gracias al esfuerzo desconsolado de Crowe por atraparnos con su comedia, con sus secuencias inocentes aunque reconfortantes, con sus gags desparejos pero finalmente graciosos, y la sólida actuación del siempre genial Sean Penn, en postura simpática y querible.
De esa manera, “Fast Time at Ridgemont High” se mantiene en una fina línea, a través de un abismo profundo e inexorable, entre lo que puede ser y lo que no es, dejandonos en la contención absoluta de sus gags, en la imaginación y certeza de Jeff (Sean Penn) y en algunas otras pequeñas cosas que matizan a la película y que por fin, no termina siendo una estúpida película adolescente yanqui.

TRAILER DE "FAST TIME AT RIDGEMONT HIGH"

ESCENA DE LA SEMANA. "Amor y muerte: La última noche de Boris Grushenko" - Woody Allen

Sufrir es amar, no. Amar es amar y sufrir es sufrir. Entonces, amar es sufrir. Bueno, el genio neoyorquino nos expone sus prejuicios contra el amor en "Love and Death". Buen año.

TEMA DE LA SEMANA. "Como el agua" - Camarón de la Isla

Para empezar la semana, a puro grito flamenco. Música pasional y armoniosa, oscura y sentida, de la mano de su máximo referente: Camarón de la Isla.

CLASE V. THE VELVET UNDERGROUND


Ahí estaba, sobrexpuesta en la capa más fina de nuestras conductas. Llevadas hacia un cosmos de olvido, de sinsentidos. Nuestras conductas de consumo, nuestras ansias de llenar un vacío inmaterial se precipitaban ante la caída de las urgencias. Nos conducíamos, como formas inicuas de conservación, hacia el destino anafórico de acción, contemplando sin saber que alguien, desde las entrañas del universo artístico las expondría de manera soez y prostibularia, de manera directa y sarcástica, colocándonos un muro sobre nuestras frentes, sobre nuestras visiones estrechas y finitas. Todo lo que hacemos-somos es parte de una conducta vital para llenar el vacío crónico que moldea nuestra existencia.
La ropa deportiva, las latas de conserva, el placer irreal de tapa de revistas: todo es ruido, todo es mensaje trunco y escaleno. Y allí está expuesto, como forma de preservación de nuestra especie, inalterable, enmarcada y embutida con colores fluorescentes como acta contrastante de nuestro desempeño gris y anacrónico. El arte pop resurge como expresión de nuestras conductas de consumo, de los medios masificados que aniquilan nuestra única libertad: la elección. En principio, de manera banal y espontánea, luego, como forma auspiciosa para abrir los ojos ante la conducta mundana por satisfacer placeres inmediatos.
El ruido, satiriza la expresión sensorial inmediata. La convierte en confusión e irrealidad, nos aleja del mensaje directo trastocando nuestra percepción inicial. Ese ruido es el que marcó la experiencia de Lou Reed y su banda: The Velvet Underground.



Surgida en los tenebrosos cafés bohemios de la New York off the record, el poeta gritaba a través de los bajos acordes de su guitarra las mentiras de ese mundo alienado, conducido a través del consumo impulsado por los medios de comunicación, por la publicidad y las grandes instituciones. No bastaba el caos reinante en su música, ni la experimentación excitada por las drogas sintéticas, ni la forma más independiente de manejo autoral. Todavía permanecían en un sucucho polvoriento – mientras eran The Primitives, luego The Warlocks, para más tarde ser The Falling Spikes – cuando luchaban contra el ruido de los escritores borrachos en busca de su musa, de los artistas pop que recogían latas del suelo, de las princesitas olvidadas de fin del mundo, donde Lou Reed extasiado por la literatura sadomasoquista encontró en The Velvet Underground el sentido físico a esa música claustrofóbica, demencial y profana. Desprendida de una cultura atiborrada de pensamientos oscuros, donde los héroes de sus canciones: perversos, travestis y adictos, se mimetizaban con el fondo ruidoso de los achaques de la guitarra y la cadencia cansina de la voz de Reed.
Aquella amorfa estructura musical los alejaba del mainstream musical. Los escenarios populosos les eran ajenos. Ni siquiera, cuando Andy Warhol los elevó hacia al extremo de sus creatividades, dándole al show un concepto artístico, donde música, video y luces se transmutaban en una idea multimedial única. Ni siquiera, la incorporación de la modelo Christa Paffgen (conocida como Nico), previa reticencia de Reed, les otorgó el debido reconocimiento popular. Tampoco, la grabación de su primer disco: “The Velvet Underground and Nico”. Las constantes conspiraciones políticas de las empresas discográficas por el contenido poético (“inapropiado”) de su obra, los mantenía alejados del pelotón principal.
Tres discos más tarde: la separación, las adicciones, los problemas por sostener algo que seguía acaeciendo en los sótanos lúgubres de la bohemia neoyorquina acabaron con los Velvet Underground, con la idea inicial de Lou Reed, cansado de la lucha continua por sostener una banda que estaba presa de los demonios populares impulsados por Warhol.
Sin embargo, el tiempo los convirtió en leyenda urbana. Quizás, esa sabiduría transitiva que marca el tiempo, dejando lo bueno y deshaciéndose de lo malo, provocó que en las posteriores décadas el legado de Reed y su banda permaneciera como estandarte de nuevas formas musicales, de nuevos ritos paganos que permanecerán (como ellos) por un tiempo en el ostracismo, en la subcultura y que, luego, morirán desencantados por el fulgor popular, víctimas de ese sistema que corrompe la fama y el dinero.
Nada podrá soslayar el pasado, aquel mensaje intacto de Velvet Underground: voces de un mundo subyugado y establecido en las cenizas de una sociedad banal e incongruente.

THE VELVET UNDERGROUND, "VENUS IN FURS". Parte de la experiencia de Andy Warhol, una propuesta de cine expandido, donde música y cine se unen.: Exploding Plastic Inevitable, dirigida por Ronald Nameth.


THE VELVET UNDERGROUND, "WHITE LIGHT/WHITE HEAT". Parte del film dirigido por Warhol, "The Velvet Underground & Nico: A Symphony of Sound"


"THE GIFT"

ESCENA DE LA SEMANA. "El Resplandor" - Stanley Kubrick

"Here´s Johnny", dedicado a Nahuel. Escena culminante de la gran adaptación del genial Kubrick a la novela de Stephen King. Perfecta interpretación del viejo Jack.
A disfrutar.



RESEÑA DE EL RESPLANDOR

TEMA DE LA SEMANA. "Universally Speaking" - RED HOT CHILI PEPPERS

Temazo de los Pimientos californianos, en plan renovador convirtieron a sus odiseas funkys en esto: una obra magna de puro pop y asombrosa interpretación.
¡Feliz Semana!

11. "Pescado 2". PESCADO RABIOSO (1972)


Con la instrumentalización gutural de “Panadero ensoñado”, Pescado Rabioso abre la página más sabrosa y esencial de nuestro rock. La exposición de cuatro músicos con ansias de crecer (y creer) en sus potencialidades, en la fuerza de su creatividad, en la experimentación visceral de un sonido sin antecedentes. La dupla “Iniciado del alba” y “Poseído del alba” se encargan de corromper nuestro juicio, apartándonos de la lógica simétrica de la consonancia musical. Como si fuera poco, Spinetta y su clan (Cutaia, Lebón y Amaya) nos explican aquella ensoñación permanente ante lo apoteótico del amanecer. Los ritmos son intrépidos y fulgurantes, sin dejar el tiempo necesario para pensar hacia donde nos conducirán sobre el final. De repente, aparece entre las escarchas de ese amanecer gélido, “Como el viento voy a ver”, canción blusera y espiritual, donde Spinetta lleva su voz hacia los rincones más inescrutables, desperdigando lamentos y placeres. Acompaña, “Viajero despertando”, donde los Pescado Rabioso aportan el sentido más optimista al disco: reminiscencias de un viaje lisérgico o de un despertar con alegre borrachera.
Los temas continúan en ese placer sintético que emana “Pescado 2”. Llega el explosivo “Blues de Cris”, el místico y encantador “Madre-selva”, hasta el cénit filosófico “Credulidad”. Los fragmentos de una obra (experiencia) inolvidable, aquella que nace desde la necesidad por explorar nuevos sentidos, nuevas formas que crecen en los arpegios, en los golpes de batería, en los arreglos del Hammond. Lugares inexplorados que nos devuelven paisajes musicales de un tenor magnífico.
“Pescado 2” es la obra que resume la potencia y humanismo de aquel joven Spinetta, complementado por tres músicos impresionantes.

PESCADO RABIOSO, "CREDULIDAD"

12. "Fabulosos Calavera". LOS FABULOSOS CADILLACS (1997)


La voz ronca de Vicentico puede sonar millonésimas veces hasta el hartazgo, acompañando siempre a las bases histriónicas de los vientos maquinarias, al ritmo frenético del ska de antaño. Con el tiempo, Los Cadillacs supieron perfeccionar la técnica, amasando una idea musical hacia un extremo diferente. Llevándola de la mano de un sinfín de recursos, de químicas no probadas, pasando por la probeta del entretenimiento y el delirio; y se reinventaron. Creando sonidos minuciosamente técnicos, ejemplares.
Hacia falta que sean conscientes de la calidad musical que su banda compone, de que (Flavio) Cianciarullo y (Javier) Minimal formen parte activa en la banda para despojar a la clásica fórmula. El resultado es una mezcla de ritmos de variada intensidad, una poética infinitamente distanciada de la anterior (metafórica, metafísica, oscura) y arreglos de toda índole; una presencia más aceitada de los instrumentos centrales, bajo y guitarra, y un adoctrinamiento necesario a la aguardentada voz de Vicentico. Todo eso y una paleta inusitada de sensaciones es: “Fabulosos Calavera”. Se mezclan, se distribuyen y ordenan de manera selectiva: postura tanguera, las bases melódicas jazzeras, el hardcore crudo, la guitarra tintineante del funk, canciones con reminiscencias a la chanson francesa y el lujo prominente (necesario) del glam rocker.
Es, el sello final. La huella necesaria para una carrera con altibajos, marcada por el éxito abrasivo que, por momentos, los desvío del camino musical, llevándolos al hit radial de dudosa calidad técnica. Es, además, el legado perfecto de una de las bandas más importantes de nuestra escena musical.

LOS FABULOSOS CADILLACS, "AMNESIA"

13. "Pelusón of Milk". LUIS ALBERTO SPINETTA (1991)


Spinetta a lo largo de su vida musical nos ha ofrecido insuperables formas artísticas, enigmas para resolver, anagramas sonoros, pétalos de una flor eterna, capítulos inconclusos. Elaborados con el magnetismo de su pluma, con la sensibilidad y anarquía de sus composiciones: paredes sintéticas de música introspectiva. En 1992, arrojado solo al vacío del autodescubrimiento, nos entrega “Pelusón of Milk”, un disco fundamental que reúne las partes de ese todo enigmático llamado Luis Alberto Spinetta.
Encargado de la puesta en escena del disco, donde toca la guitarra, los sintetizadores, teclados y la programación de batería, nos devuelve un disco austero, sin intenciones ambiciosas ni parafernalias. Es el disco más simple y regocijante de todos, quizás se trate de la respuesta a todos los enigmas planteados de antemano, durante toda su música.
Sirven de sábana para acurrucarse de antemano, las guitarras acústicas desperdigadas a lo largo de todo el disco. Sutiles, conmovedoras, llevadas bajo el sortilegio de las rimas universales que esboza el Flaco. De allí se desprenden pequeñas intenciones, sin animosidad de reiterarse, con la única roquera “Hombre de lata”, canción potente y filosa. Aperitivo mediante, Spinetta nos cuenta sus intenciones desde el segundo cero con “Seguir viviendo sin tu amor”, tema eterno, hit imprescindible, sincero y emotivo, como forma casual de la concepción final del disco. Una avalancha de climas austeros y misteriosos, fundidos en la más regocijante experiencia: la experiencia de conocer interiormente al artista más impresionante de nuestro rock, Luis Alberto Spinetta.

LUIS ALBERTO SPINETTA, "CIELO DE TÍ" (obvien el video del gato)

14. "El amor después del amor". FITO PÁEZ (1992)


Melancolía aparte, recuerdo aquel 1992 y mi primer cassette regalado: “El amor después del amor”. El shock previsto para un niño de siete años, palabras raras que salían de la boca de su cantante, Fito Páez. Pero también recuerdo, con total certeza, los ritmos pegadizos que colmaban mi paladar. Aquellas canciones sofisticadas, que con el tiempo aprendí a quererlas, quizás, por el dejo de nostalgia que retrataban. O quizás, porque realmente eran un manojo de canciones únicas, dispuestas en un disco totalmente único y con un cantante (y compositor) único.
Rodolfito Páez fue siempre cuestionado por su sallierismo garciano. Aquellos primeros discos, de rima asimétrica con “Filosofía barata y zapatos de goma” o “Clics modernos”, lo depositaban en la franja clon de nuestra filosofía roquera. Los años, a fuerza de insistencia y propia prosapia, le devolvieron el reconocimiento. Primero popular, radial y marquetinero. Luego, el más encantado de los lauros de la mano de nuestros intocables próceres: García-Spinetta.
“El amor después del amor” es el quiebre definitivo. La obra panfleto con la cual Páez logró independencia y, sobretodo, reconocimiento mundial. El disco es una amalgama de canciones certeras, autoreferenciales y emocionantes. Desde las gancheras “Thelma y Louise” y “A rodar mi vida”, hasta los himnos “El amor después del amor” y “Brillante sobre el mic”, pasando por los sensibles “Pétalo de sal” y “Un vestido y un amor” y los geniales “La rueda mágica” y “Tumbas de la gloria”, Fito Páez nos brinda su mejor disco hasta la fecha. Un impostergable recuento de canciones atrapantes y sofisticadas, demostrándonos ser independiente y magnífico, osado y permanente.

FITO PÁEZ CON CHARLY GARCÍA Y ANDRÉS CALAMARO, "LA RUEDA MÁGICA"

15. "De Ushuaia a La Quiaca". LEÓN GIÉCO (1985)


El artista profuso, símbolo de la humildad y la dadiva. Aquél, que anda con la guitarra al hombro, recorriendo camino de piedra, entre escarchas y maleza. En su puño, unas letras apretadas de Bob Dylan, y en su andar, la cadencia precisa del violín de Sixto Palavecino. León Giéco es el artista. Ese de pies de barro. El que se sumerge en las profundidades de un río inhabitable para conjugar su apego, su sentencia, su prodigiosa sapiencia a favor de nuestra música. Símbolo.
Luego de años de búsqueda inmediata, el trovador, se halla en la encrucijada. Puntapié inicial para acelerar su marcha entre los caminos bifurcados. Separación de géneros: rock y folclore. Dos amores, la misma tribu. Bastó andar ese camino, desde una punta a la otra, para unirlos con total delicadeza, con ese amor inconfundible por las cosas que nacen desde la urgencia, pero también, la pasión.
Urgencia necesaria que marca el destino ineludible por reencontrarse con sus raíces, con sus primeros acordes de guitarra. Allí nace su incansable coherencia por unificar los géneros, por trazar un paralelo (algo que supo ofrecer como nadie) entre el rock y el folclore. Pasión, por la delicadeza que ofrece al narrar las historias: desde su humilde prócer: “Cachito, campeón de Corrientes”, hasta la historia de encrucijadas amorosas, dolientes y repentinas: “Cola de amor”.
Tres discos son el documento de una historia que tardó tres años en forjarse. Dos millones setecientos ochenta mil cuatrocientos metros cuadrados de música que nos reencuentra con nuestras propias raíces, con el grito sagrado de nuestra tierra que, en mezcla rara de guitarras acompasadas y empanadas con vino tinto, León oficia de maestro de ceremonias ante el ritual pagano de chacareras, malambos, zambas y chamamé. “De Ushuaia a La Quiaca” es el disco para no olvidar lo que somos, pero, sobretodo, para saber que todo tiene una razón de ser, un sentido demográfico y sociológico de porqué hacemos este rock, porqué somos rock argentino.

LEON GIECO, "CARITO"

"LA MISIÓN" (1986). Roland Joffé


TITULO ORIGINAL: The Mission
DIRECCIÓN: Roland Joffé
GUIÓN: Robert Bolt
REPARTO: Robert De Niro, Jeremy Irons, Liam Neeson, Aidan Quinn.
GÉNERO: Drama.
AÑO: 1986
PAÍS: Inglaterra
DURACIÓN: 125 minutos.




LA FORMA SAGRADA DE DECIR ERES MÍO
Qué tal si una invasión extraterrestre nos sorprendiera hoy, Siglo XXI, y a fuerza de armas nucleares, intromisión y caritativismo nos hiciera cambiar de filosofía, de cultura, de rutina y de acción. ¿Sería ilógico pensar que ha causa de la ambición y la sodomización cristiana hoy somos hombres ambiciosos, inescrupulosos y primitivos?
La piedra fundamental de nuestra historia media como civilización (término que detesto, debido a la gran carga burguesa que contiene) está escrita sobre la sangre, la esclavitud y la intromisión. Entonces, aquel salvajismo o primitivismo que, según sociedades avanzadas, caracterizaba a nuestros pueblos originarios son el estado más puro de nuestra conducta, inducida por el factor doblemente amargo del adoctrinamiento cristiano que llevó a cambiar la creencia de millones de indígenas.
El problema subyace en la moralina desprendida en la historia de las misiones jesuíticas. Con la excusa (podríamos denominarla de cualquier forma, sin embargo) de preservación de especies, del culto y el respeto por las creencias primitivas, los jesuitas se introdujeron selva adentro para adoctrinar y mostrarles el sendero luminoso de la divinidad cristiana a guaraníes. Aquello, sin embargo, es un acto totalitario y de sumisión. Por más de que la determinación de aquellos primeros jesuitas haya sido la convivencia imparcial de los cultos, inminentemente se los fue subyugando hacia el culto cristiano hasta transformar su historia, su cultura y su tiempo en otro pueblo más hechizado por la fe y los mandamientos del buen pastor.
Desde alguna cara del prisma, aquello fue provechoso, se les suministró en tanto pudieron, las armas valiosas para defenderse de los continuos avances españoles y de los inescrupulosos bandeirantes portugueses: asesinos, fugitivos y violadores, que enviaban desde el Viejo Continente al basural sudaca. También, la enseñanza de nuevas formas artísticas, perfeccionando la escultura, la pintura y la música de estos pueblos. Pero, todo lo que hace la fe cristiana tiene un doble sentido, entonces, cuando se impone algo sobre alguien, que a su vez tiene un determinado sistema de valores, juicios y cultura inherentes, se trata del gen totalitario y la posterior sumisión.
La película de Roland Joffé, “La Misión”, avanza sobre el tema de manera paulatina, olvidando quizás este vaciamiento cultural, y aprovechando la centralización en el aspecto más humanitario de los jesuitas, que lo tuvieron, no hay dudas. En este sentido, la importancia del padre Gabriel, encarnado de manera perfecta por Jeremy Irons, dará vida a una nueva era entre los indígenas y los jesuitas españoles. Una era de respeto intercultural, de honestidad y caridad, más allá de las presuntas acciones anfibológicas.
Por otro lado aparece Rodrigo Mendoza y su drama personal. Está enamorado de la mujer de su hermano, se enfrenta con éste y termina matándolo. Huye, encontrando su lugar de escape con los jesuitas. La forzosa conversión lo llevará ¿al perdón? Se sabe, que la condena celestial (es decir, una vida postmorten ardiendo en las llamas del infierno) por lo pecados terrenales caerán sobre él si a cambio, devuelve un trozo de humanidad. Momentáneamente, Mendoza se adapta a la vida jesuítica y comienza a misionar junto al padre Gabriel. Pero el conflicto se desata ya avanzada la cinta, cuando, súbitamente la avanzada portuguesa comienza a debilitar a los (poco) instruidos guerreros guaraníes. Aquí se abre el abanico. Si se va al frente a luchar, a la insurrección, a dejar la vida por lo que tardaron en construir, instigados por Rodrigo Mendoza; o se refugian en la fe, en el perdón y en el sacrificio. Este enfrentamiento causal de un contexto apremiante, es la meta del filme. Por un lado, el poder de la espada es la crítica a ese levantamiento, a la fuerza invasiva con la cual se sometió a un pueblo y por tanto, el símbolo de una época, que en ese rincón del mundo se trató de olvidar. Una fórmula prevista y poco caritativa, devolviendo a los indígenas ese primitivismo que se trató de doblegar.
Por otro, el poder de la oración, apócrifa e irresoluta. Se sabe, que ninguna fuerza sobrenatural se hará tangible por el mero hecho de la plegaria. Si quiera, se podrá derribar la intolerancia, el odio o la avanzada belicosa. Sin embargo, el padre Gabriel, fiel a su condición, se refugia en ello como el método (simbología exacta) de supervivencia; como el rito contestatario en consonancia con una lucha ante la política imperialista de la Iglesia Romana y la Corona Real.

TRAILER DE "LA MISIÓN"


JOFFÉ: IMPACTO DE LOS CINCO SENTIDOS
“La Misión” es un cuadro de Velázquez, la armoniosa construcción sinfónica de Bach, convertida en piel negra aborigen, hecha rito pagano y tropical.
Rolando Joffé oficializa de maestro de ceremonias a un espectáculo originario. Sólo, el efímero momento material se ve solapado por la monumentalidad del escenario natural. Solo se adecua a mostrar el espectáculo, sólo filma entre la selva con la naturalidad que esta ofrece y que no basta para enmarcarla en un cuadro de 16:9. Como construcción complementaria, el recurso barroco de la fotografía: los claroscuros, los tonos tenues y apagados, le dan valor agregado a la apoteótica visual, convirtiendo a la cinta en una película que otorga además de belleza visual, en una prolongación de fragmentos pictóricos.
El resto lo hace la musicalización. Ennio Morricone, el genio musical del spaghetti western, llevado a un extremo donde fusiona los instrumentos indígenas con la armoniosa cadencia barroca. Gran parte de la película, se entrelaza la música y el silencio, el sonido directo del eco vibrante de las cataratas, el ahuecado y estrepitoso ruido del agua cayendo en marejadas. Volviéndose un elemento más que importante en la construcción narrativa, la característica de un todo natural, personajes, paisaje, música.
El arremetimiento final, logrado por Joffé, es la austeridad del relato. De manera simplista y despreocupada, utiliza recursos inmediatos para la preservación de un guión (escrito por Robert Bolt, guionista de las películas épicas de David Lean: “Lawrence de Arabia”, “El puente sobre el río Quai”, “Doctor Zhivago”, entre otros) que de por sí, requiere el más fulgoroso cuidado. Manteniendo un clima enrarecido y de constante peligro, Joffé se mueve lentamente a través de la jungla, relatando como si fuera un cronista colonial, la subrepticia vida guaraní. Por eso, la importancia del ritmo, lento y pausado, a modo descriptivo y subnormal, como si se quisiera delatar una verdad encubierta, como si se quisiera levantar un manto para develar el misterio.
Joffé le da el vuelo poético necesario a “La Misión”, manejando de manera natural, repito, como un escenario de estas características lo requiere tanto la historia.

EL DESENLACE

ESCENA DE LA SEMANA. "Belleza americana" - Sam Méndes

Esta sección es A PEDIDO. Así que a partir de este momento, los invito a sugerir escenas magníficas del cine. Como ésta, pedida por Lorena. Que la belleza y lo escalofriante de las imágenes hablen por si solas.

TEMA DE LA SEMANA. "Purple Haze" - Jimi Hendrix

Las guitarras de los demonios se fusionan en la Fender de este prócer de la música. "Purple Haze" refleja el TODO del artista: poder, psicodelia, experimentación y desenfreno.
Buen comienzo de semana para todos. Y a disfrutar que Hendrix existió una sola vez.

40 AÑOS DE MÚSICA. SPINETTA EN VÉLEZ (4 de diciembre de 2009)


La noche parecía amainarse en el frío híbrido de una primavera errante; la gente – barbas canosas y chamuscadas de otra primavera ahora revivida, jóvenes expandiendo su cerebro a otras ondulaciones y niños en un bautismo con el sagrado grial del rock – comenzaban a acomodarse en el último recoveco de aire respirable, a sentir una febril consternación proveniente desde algún lugar de las entrañas. Mientras, los minutos pasaban y el aire se caldea de músicas sin forma, de espacios vacíos y cuentas pendientes. La lámpara del genio sigue sin lustre y con poco amuleto. Empujes, claro, típicos de la muchedumbre extasiada, al borde de un grito elocuente de libertad, mientras sus abdómenes seguían petrificados ante la sólida valla que los separaba de la gente rica, que gozaba sus tragos y sacaba fotografías con sus últimas cámaras. El grito parecía pertinente porque atrás de la valla se veía a los palíndromos spinetteanos esperar por su ídolo, entre mustias remeras deshilachadas y canciones guardadas en la retina. Mientras que allá, del otro lado, se esperaba el suceso o el pacto, la revelación de pertenecer a algo único e irrepetible, decible a la posteridad con la fría noción de una banalidad.
Silencio y esperanza, la oscuridad calo hondo entre los huecos de luminosidad: griterío, llanto o melancolía, todo era una bola amorfa de sonidos que viajaban a través del viento sinsentido. Y finalmente, Luis Alberto Spinetta (traje claro y chalequito a tono) se posa tras el seguidor lumínico, frente a los ¿60 mil? espectadores con la sola llama de su voz apaciguada por los años. Y como de costumbre, en su humildad más sana, ceñida a los años o a su naturaleza o al equilibrio que gratifica la genialidad, pide perdón por los que no vendrán (Pedro Aznar, Lito Vitale, León Giéco), por los que se ausentarán y también, por no tocar canciones que le hubieran gustado hacer (Indio Solari, Andrés Calamaro, Moris), en una noche que parecía quedar signada en el tiempo, o, por lo menos, en el tiempo de los que allí estaban.
“Voy a llamar a mi banda estable y empezamos con temas más nuevos”, comentó silenciosamente. Vuelta al silencio y a la incertidumbre. Un proyector expandió imágenes de pájaros sirena hacia una pantalla, y entonces, el gran flaco, con Nerina Nicotra, Guillermo Vadalá, Sergio Vardinelli y Claudio Cardone, transitaron el tema uno, el inicio, el cimiento de lo que será un show de cinco horas y algo, de cincuenta y tantas canciones, y que no faltarán las risas y los llantos, la emoción y la locura, el vértigo y la explosión. Allí, Luis Alberto Spinetta (el músico más grande de Argentina) disfrazó una noche cualquiera y la transformó en tiempo futuro, en memoria, en posteridad.
Luego del acaecer cansino de sus primeros cantos, en donde “Los Ojos”, “Camalotus”, “Para los árboles” y “Pan”, sus discos próximos, explicaron sin detenimientos lo que hoy es el artista, todo aquello que sembró con espinas y sal, con sangre y lágrimas, hoy, es canción melancólica, es aspaviento de poeta. Y así, uno a uno a los invitados: Mono Fontana, Javier Malosetti, Lito Epumer, etc. Hasta el momento de catarsis espiritual, en donde, con la más remilgada pasividad evocó sus canciones de Spinetta Jade: soberbia “Alma de Diamante” con Juan del Barrio; luego, Diego Rapaport en excelentísimo “Fina Ropa Blanca” y “Maribel se durmió”, hasta los arreglos tonales de Leo Sujatovich con un solo nostálgico presuponiendo el clímax de las horas venideras.
El hechizo estaba consumado, el frasco de los recuerdos estaba abierto y libre de sorpresas. Momento de cumbres invitados. El primero, Fito Páez, con dos temas imprescindibles de la obra del flaco: “Las cosas tiene movimiento” y “Asilo en tu corazón”, disponiéndose a cambiar el volumen. Luego, en un sacudón, el Flaco, alternó covers (invitando al POMELO argentino Juanse a un estertóreo cover de Pappo, “¿Adonde está la libertad?”, y a una conjunción excelsa con Cerati en “Té para tres” y “Bajan”) con temas de propio repertorio.
Para ese momento, las pupilas de los allí presentes pedían paz, los recuerdos se hacían carne de exposición en un simple escenario, en un lugar en Buenos Aires, en un palacete de glorias deportivas. Cuando el momento cumbre recetó el intervalo. Luego de los covers de Manal (“Necesito un amor”, con Leeva y Dante Spinetta), Miguel Abuelo (“Mariposas de madera”) y el propio Charly García (“Filosofía barata y zapatos de goma”), aquel hombre de bigotines bicolor apareció desde la nada, desde el fuego sagrado construido para rezar la devoción entre ambos. Como aquel momento cumbre cuando Belgrano y San Martín se estrecharon la mano en Yatasto; en Liniers, lugar de reses e inmigrantes, los dueños de la voz roquera de nuestro país sellaban su pacto sagrado sentenciando tácitamente: “no habrá (JAMÁS) nadie como nosotros”. En una afónica versión de “Rezo por vos”.





Intervalo.

Luis Alberto le dedica esta nueva agrupación: “Los Socios del Concierto” a Daniel Wirtz, el baterista fallecido de Los Socios del Desierto. Javier Malosetti, bajista increíble toma la posición del que ya no está y Marcelo Torres, para recrear temas de aquel disco que le devolvió al Flaco el lugar de privilegio dentro del estamento roquero de fin de siglo. “Nasty People” cierre explosivo de una banda que de por sí, explora los rincones más intocables del rock: el poder y la algarabía.



Intervalo.

Las luces vuelven a encenderse en tonos naranjas. El proyecto reanuda su esparcimiento en casitas que flotan sobre las montañas. Es el turno de Machi Rufino y Pomo, para recrear, aunque sea en la melancolía, el sonido implosivo de Invisible. La pirotecnia sonora ya estaba al alcance de los oídos con “Jugo de Lúcuma” y “Perdonada”, en el que cerró un cuarteto, ya sumado Lito Epumer, en velocísima versión de “Amor de primavera” de Tanguito.



Intervalo.

La gente esperaba el momento. Los gritos de “Pescado, pescado…” resonaban en el aire frío de la noche porteña. Nuevamente luces naranjas. Ahora, Cutaia, Lebón, Amaya y Vadalá, recreaban aquel mito impreso en dos discos y medio. Pescado Rabioso volvía al ruedo de la mano de “Poseído del Alba”, “Post-Crucifixión”, “Me gusta ese tajo” y “Hola dulce viento”. Confirmando que las arrugas y las canas no hacen mella a la hora de tocar una guitarra, de coordinar momentos esplendorosos de música todoterreno.



Intervalo.

Las remeras del hombre con la lágrima estanca parecían flotar en el aire. Se sabía. Luego de Pescado llegaría Almendra. De nuevo aquellas luces, y el flaco, humilde y jocoso como en toda la noche, presenta a sus viejos compañeros de ruta. Aquellos que iniciaron el tranco lento de su carrera musical. Edelmiro Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García, viejos hippies, vuelven a recrear en las ánimas nostálgicas aquellas epopeyas del rock primitivo, en pleno auge creativo. “A esos hombres tristes”, “Fermín” y “Hermano perro”, fueron los antecesores al lacrimógeno y emocional “Muchacha (ojos de papel)” que, Spinetta, con guitarra en mano frente a toda la multitud entonó con nostalgia la oda a su madre. Tristeza por lo irrepetible, abrazos y multitud ya saciada de tanta historia.



Intervalo.

El fin desencantó por el cansancio. No del flaco que aún seguía intacto sobre el escenario sino del público luego de las ya, ¡cinco horas! de show. Pero fue frenética su canción en homenaje a la tragedia de Santa Fé (con padres de víctimas y Ricardo Mollo incluido), mientras incitaba a un gran FUCK YOU a la revista Rolling Stone. Finalmente, para cerrar, repasó los hits de su campaña musical, en estrepitoso coro multitudinario: “Seguir viviendo sin tu amor”, “Yo quiero ver un tren” y “No te alejes tanto” fueron el cierre a una noche inolvidable, en el que el tiempo pasado y el presente se conjugaron, en el que las barbas canosas de aquella juventud rebelde se fundió con las soledades de un presente incierto.
Luis Alberto Spinetta brindó un show a la medida de su repertorio y de su mensaje: infinito.

Tema compuesto por el Flaco junto a León Gieco como recordatorio de la Tragedia de Santa Fe, ocurrida el 08/10/2006 dentro de la campaña en la que se concientiza acerca de la educación vial "Conduciendo a Conciencia". Aquella noche fallecieron nueve alumnos y una docente del Colegio Ecos, cuando volvían de un viaje que solían realizar con frecuencia y fines solidarios para con una escuela de El Paraisal. En octubre de este año (2009) la causa quedó sin responsables a cargo. Los padres de los chicos (y mucha gente que los acompaña y se ha ido sumado) hacen constantes campañas no solo para recordar lo ocurrido sino para generar la conciencia necesaria a la hora de salir a las rutas, o simplemente ubicarse detrás del volante. Se pueden sumar firmas, estar al tanto de actividades y en contacto con los familiares por medio de la siguiente página: "http://www.tragediadesantafe.com.ar/"

"AMERICAN HISTORY X" (1998) Tony Kaye


TITULO ORIGINAL: American History X
DIRECCIÓN: Tony Kaye
GUIÓN: David McKenna
REPARTO: Edward Norton, Edward Furlong, Fairuza Balk, Stacey Keach
GÉNERO: Drama
AÑO: 1998
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 119 minutos


Análisis


Aquí los resabios de una sociedad primitiva, aquí las consecuencias de la alienación y el individualismo, aquí, en “American History X”, la historia de un pueblo en constante lucha de intereses, en ejercicio de supremacía, en permanente postura imperialista. Aquí, el catálogo extremo del yanqui maltrecho, producto de esa marginalidad victimizada por la lucha de factores externos que somete a los hombres hacia un estado irracional, de odio visceral. No es más que el resultado de la globalización y de este aberrante sistema capitalista. Desde las entrañas o los poros que los mismos yanquis pretenden esconder con maquillaje berreta, se genera esta ola incendiaria, donde el desarrollo económico e industrial conlleva a la decadencia espiritual y a la total alienación. Pero ¡cuidado!, “American History X” o, la historia x de (Estados Unidos de) América, es simplemente la forma más somera y representativa, el paralelismo extremo de ese comportamiento consecuente a lo largo de la historia. Esa ignominiosa capacidad de sembrar el caos y el miedo desde arriba (Gobierno) hacia abajo (pueblo) y viceversa, de dividir y fragmentar a la gente, de generar un entorno hostil y de lucha civil. En ese punto nace el principal factor de la intolerancia suprema, por eso, la historia de “American History X” no sólo es la de Derek Vinyard – un joven criado con una familia disfuncional en total marginalidad que se hace skinhead y posteriormente es encarcelado por asesinar a dos afroamericanos -; sino también es la historia subcutánea del pueblo yanqui.

TRAILER DE "AMERICAN HISTORY X"

"COLEGIO DE ANIMALES" (1978) John Landis


TITULO ORIGINAL: National Lampoon´s Animal House
DIRECCIÓN: John Landis
GUIÓN: Harold Ramis, Douglas Kenney, Chris Miller
REPARTO: John Belushi, Tom Hulce, Tim Matheson, John Vernon
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1978
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 109 minutos


Análisis


Esta película es el primer atisbo de locura o de enfermedad universitaria. Es el germen de lo que posteriormente será una avalancha de películas similares en el que el conflicto se centra en las entrañas y vidas de los adolescentes cuando se les da esa libertad solapada dentro de un campus de universidad.
Pero por ser la pionera, el guión rico en gags y en escenas hilarantes, trata de forma más auténtica las típicas historias que durante años han tratado de vendernos. Lo cierto es que el film se centra en una universidad clasista donde se privilegian la moral y los buenos valores. El conflicto se genera con la oposición de dos fraternidades: la Omega, quiénes pretenden establecer un orden casi autoritario basándose en la vieja tradición de la escuela, y la Delta, donde habitan los relegados y los nerds.
Es cierto que la película no ahorra en chabacanerías típicas reivindicando algunos guiños de la comedia facilista yanqui, caso “Despedida de Solteros” o “Porky´s”, pero el punto está, y ahí ocurre lo más jugoso de la cinta, es que está planteado desde un punto de vista más normal, más espontáneo y quizás, más romántico. No como parte de un juego inocente o de relleno de contenido, sino, como la forma más explícita para reivindicar una época perdida, para demostrar realmente aquel espíritu rebelde del adolescente medio que, al entrar a una universidad donde se pretende acatar rigurosas normas, choca con la verdad, con la realidad más hostil: la madurez. Pero la naturaleza de las cosas indica que para sentar cabeza y respetar los dogmas impuestos por la (cualquier) sociedad, se debe quemar etapas, se debe trasvasar la línea que divide la moralina exacta.
“Animal House” no expone a una rigurosa lectura, tampoco pretende aleccionarnos sobre el verdadero significado de la juventud o, en tal caso, que mejor camino tomar. Solamente expone allí, en plena acción juvenil, los hechos que posteriormente transformarán a aquellos individuos creadores del “desmadre”.

TRAILER DE "ANIMAL HOUSE"

"LA TERRAZA" (1963) Leopoldo Torre Nilsson


TITULO ORIGINAL: La terraza
DIRECCIÓN: Leopoldo Torre Nilsson
GUIÓN: Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido (Cuento: Beatriz Guido)
REPARTO: Graciela Borges, Leonardo Favio, Dora Baret, Marcela López Rey
GÉNERO: Drama
AÑO: 1963
PAÍS: Argentina
DURACIÓN: 90 minutos


Análisis


Unos adolescentes ricachones viven apilados en un suntuoso edificio de Buenos Aires, hasta que un día, suben hacia la terraza y comienza su odisea signada por la lozanía y la inactividad. Día a noche, continúan sin demasiadas preocupaciones, de fiesta en fiesta, atestados en aquella vieja terraza entre alcohol, empanadas, cantos y bossa-nova. Hasta que algún día, los viejos residentes de aquel edificio intentan poner un coto a la situación Los jóvenes deciden encerrarse en el edificio y amenazan con tirarse al vacío si son perturbados. El final es trágico y no conviene demasiado entrar en detalles, tampoco, es significativo discurrir entre el solaz pasatiempo de aquellos jóvenes y el ritmo lánguido de su recorrido.
Leopoldo Torre Nilsson, basándose en el cuento de su mujer, Beatriz Guido, le da voz, por primera vez, a una juventud encerrada en su propio ghetto, en su rutinaria vida, predispuesta a un destino ya escrito. ¿Hacia donde se conducen justamente? Hacia un vacío que permanece allí, al borde de la cornisa y al continuar de su vida. En ese ocio permanente en el que se encuentran y vivirán seguramente, hasta el final de sus días, conduciendo los destinos de sus empresas, de su país y de sus familias. Refugiados en sus casas lujosas y malgastando el tiempo, sin ninguna capacidad de absorción del entorno, del verdadero mundo que espera abajo, en el vacío, esperando por ellos.
Torre Nilsson utiliza un lenguaje metafórico y autorreferencial, pues él, como nadie, conoce sus orígenes y los distribuye entre miradas, entre las risas mononeuronales de los jóvenes, entre los cuerpos quemados por el sol abrasivo de una Buenos Aires en enero.

LAMENTABLEMENTE NO EXISTEN VIDEOS EN LA INTERNET DE ESTA PELÍCULA.

"LAS VÍRGENES SUICIDAS" (1999) Sofía Coppola


TITULO ORIGINAL: The Virgin Suicides
DIRECCIÓN: Sofía Coppola
GUIÓN: Sofía Coppola (Novela: Jeffrey Eugenides)
REPARTO: James Wood, Kathleen Turner, Kirsten Dunst, Josh Hartnett
GÉNERO: Drama
AÑO: 1999
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 97 minutos


Análisis


Algo de misticismo, un poco de rectitud patriarcal y la represión como forma absoluta de control hacia un objeto de deseo, en este caso, las cinco bonitas hermanas Lisbon. Todo eso engloba la ópera prima de Sofía Coppola (está claro que si se llamaría Fernández o Smith no hubiera llegado a grabar una película tan fácilmente), que intenta sumergirse a través del universo femenino adolescente con tal rigurosidad que sólo queda en pretensiones. Es rescatable el manejo de la fotografía – sobretodo – y el espacio brindado para la narración: una atmósfera colmada de ensoñación que contrasta con la tragedia latente de la familia. Quizás se trate justamente de la frustración, de todo anhelo juvenil que parece despegar, pero que por un factor externo o situación límite termina revocando ese sueño, convirtiéndolo en nostalgia y en pura espuma. Allí también culminan las insinuaciones de Sofía, donde pretende constituir la historia a través de los ojos de uno de los muchachos (ahora hombre) que recuerda a aquella familia con la tristeza pura que conlleva la tragedia. El ritmo cansino y el pequeño espacio brindado para una construcción más didáctica terminan de fulminar las expectativas.
El hecho trascendental, la muerte de la hija menor del matrimonio Lisbon, es el pie para comenzar a despegar la historia: pero eso nunca ocurre. No sabemos desde donde nace el sufrimiento intrínseco del resto de la camada y sobretodo, que factor desencadenante produce el final trágico que acaba con el suicidio de las demás niñas. Todo queda relegado a un margen de comprensión nulo, en donde Sofía Coppola intenta traducirlo en acciones que conducen a la misma idea, la somera rebeldía de las hermanas en contra de la autoridad de sus padres, el clima hostil y el pesar siempre presente, terminan de confundir aún más, dentro del marco de rimbombancia que expone a la cinta.
Ya frustrada la intención de un relato sobre las inquietudes de aquellas hermanas signadas por la tragedia, sólo resta entender hasta que punto ellas son víctimas del sistema en el que sus propios padres las han expuesto.

TRAILER DE "LAS VIRGENES SUICIDAS"

"EL ODIO" (1995) Matthieu Kassovitz


TITULO ORIGINAL: La Haine
DIRECCIÓN: Matthieu Kassovitz
GUIÓN: Matthieu Kassovitz
REPARTO: Vincent Cassel, Hubert Koundé, Said Taghmaoui, Abdel Amhed Ghili
GÉNERO: Drama
AÑO: 1995
PAÍS: Francia
DURACIÓN: 95 minutos


Análisis


“El odio” podría haber sido “Ciudad de dios”, “La naranja mecánica”, e inclusive, “American History X”. Pero es “El odio”. La premonitoria película de Matthieu Kassovitz que se hunde en los suburbios periféricos de una París centelleante y apta para el turista. Aquí, los tres personajes (Said, un árabe, Hubert, un africano, y Vinz, un judío) están expuestos a ese contexto opresivo y marginal en busca de su libertad siempre frustrada por el derrotismo que supone el éxito. Criados bajo ese sistema que los relega, buscan irremediablemente escaparle a un destino que parece invitarlos al caos constantemente. El arma de un asesinato será el puntapié inicial para que el trío comience el escape hacia su destino: la lucha armada, el enfrentamiento innecesario con otros bandos, generado justamente por la intolerancia renaciente en cada esquina, en cada acto, en cada gesto.
Kassovitz no hace más que tomar con una probeta las consecuencias de años de olvido, de marginación, de ausencia de educación y de falsas promesas, obstruida por los desengaños que genera la intolerancia, la envidia y la soberbia.
El filme está absorbido por un constante clima de tensión, donde parece prevalecer el olvido y las tristezas de la falta de oportunidades, que, aunque se intente encontrar aquel camino, la represión se encarga de seguir alimentándolo. Entonces la formación de un ghetto será lo que los ampare de aquel entorno hostil, la carcasa perfecta e inviolable para contener sus propias inseguridades, sus propios miedos y como artefacto de protección en contra de todo lo que le es ajeno: otros grupos étnicos, policía, seguidores de Le Pen, el alcalde, etcétera.
Sin embargo, más allá de lo crudo y portentoso de las imágenes, que, con su tratado blanco y negro muestra sin miramientos ese odio rebasado; se desprende un sentido humanitario, y por tanto, una nostalgia incomprendida: a los tres amigos los une el amor. Eso es lo que los mantendrá unidos y protegidos unos de los otros. Es el arma más fuerte con el que podrán contar ante tanto estallido, ante tantos tiros, ante tanta persecución.

SI QUERÉS CONOCER MÁS SOBRE “EL ODIO” Y SU DIRECTOR, MATTHIEU KASSOVITZ, CLICKEÁ ACÁ , Y TE LLEVARÁ AL ANALISIS EN “UN MUERTO EN EL ROPERO”.

TRAILER DE "EL ODIO"

16. "Yendo de la cama al living". CHARLY GARCIA (1983)


El letargo de las horas muertas y Charly García, tras los parlantes, incitando al levantamiento espiritual de la raza humana (su raza, Argentina), a despertarse del sopor monstruoso de la ignominia fascista, del régimen que cae como una taza al suelo. ¿El contenido? La furia de un pueblo, en hervor, a punto de desparramarse en el suelo, en el cielo, en las calles, en el mundo. Tras haber estado tras el barrote bastardo y maula (gracias Larralde) de la negación; del vacío interior.
Carlos García Moreno (alias Charly García) es por historia, por tradición y encanto, el rocker más influyente en la música (¿y por qué no?), del pensamiento contemporáneo argentino. “Yendo de la cama al living” es su obra analítica, para desentrañar el enigma cascarudo de la sociedad de su país. Esa misma que se escuda tras los relicarios católicos aunque le den la espalda y los conviertan en victimario; esa misma que sufre y se desgrana parcialmente, ambivalente, de cualquier sacrificio monumental por seguir viviendo en un país libre, pero que permanece sosegada ante el poder catastrófico de la bota y la chapa militar.
Esta obra de Charly refleja el comportamiento, la adaptación (casi darwiniana) de la forma evolutiva de una Nación sin complejos ni pensamiento corrosivo. La que permaneció en silencio, en el sueño gris mientras las pesadillas las vivían otros. Y, el retrato, cual pintor, a cargo de García es ni más ni menos acertado: 1983, año en que las máscaras caían.

CHARLY GARCIA, "YENDO DE LA CAMA AL LIVING"

17. "Manal". MANAL (1970)


Con la tierra aún fértil, con las soledades de los principiantes e innovadores, un cierto grupo de personas le dieron vida a la especie rock en Argentina. Muchos han construido esa historia a lo largo de años de lucha y desempeño musical inclaudicable. Otros han permanecido tapados por su vulnerabilidad o por el olvido. Si existe un prócer tapado del rock argentino, ese es Javier Martínez. Conductor de aquella innovadora propuesta de fin de los sesenta y principios de los setenta con su alma solitaria, liderando el primer trío de rock nacional. La receta era simple, más allá de la construcción de sus canciones, plasmar la austeridad y la depresión de los barrios a sus letras que conmovían con el trasfondo auténtico de la música afroamericana: Blues, Jazz, Soul, Rythm & Blues.
Desde las sombras, Javier Martínez ayudó a construir esa maquinaria (ahora prostibularia y reiterativa), con ese sentimiento melancólico afincado en su barrio, en el arrabal errante: imágenes devastadas por las soledades, el adoquín y los perros sarnosos. Desde allí, poeta. Desde otro punto, músico. Único con el sello inconfundible de ser baterista cantante, ejerciendo esa doble responsabilidad con la jerarquía de los grandes. Y respaldado por dos músicos excepcionales, Claudio Gabis y Alejandro Medina, brindando para la posteridad este disco del año 1970, de homónimo título, que conjuga con total melancolía y emoción las narraciones del poeta y las proezas musicales del trío. Quedarán grabados en la memoria “Jugo de tomate”, “Avenida Rivadavia”, “Casa con dos pinos” y “Avellaneda Blues”, como eco constante de aquel sentimiento siempre presente.

MANAL, "AVENIDA RIVADAVIA"

18. "Tercer Arco". LOS PIOJOS (1996)


Habían amarrado el barco a un deseo febril de trascendencia. Será por la forma constitutiva de sus canciones, por ese histrionismo macanudo de Andrés Ciro, por esa ensalada agradable de arrabal rioplatense, ritmo y rock, o por esa pose desenfadada – aunque a veces desmedida – de roqueros accesibles, que convirtió a Los Piojos en una de las bandas más importantes, y por tanto, de más convocatoria en la escena local.
Esa escala ascendente y paulatina que se aprecia disco a disco logra su pico máximo con “Tercer Arco”. Este disco, el tercero, ahora criticado por los mismos fans de la banda, pero que le dio, en su momento, valiosos dividendos a Ciro y su troupé. Dividendos capitalizados en fanatismo y en cuantiosas sumas de dinero, que, por más que una rima rece: “Guevara, Guevara, Guevara en mi remera de Dior” el mensaje se vuelve ambivalente en el siempre reprochable manejo comercial de las bandas argentinas.
Más allá de porcentajes, ecuaciones y sumas, este disco amalgama toda la potencia de Los Piojos y la prosapia de su líder como referente de las masas. Y en donde logran imprimir el estilo piojoso que se venía palpitando con sus antecesoras creaciones. La mixtura del ritmo característico: mezcla de blues stone con el 2x4 y la murga uruguaya, con una idea desde su concepción apuntada hacia lo popular. Esa característica se ve ejemplificada en los homenajes al “Che” Guevara y al “Diegote” Maradona como estandartes de su cultura y su raza, de su idiosincrasia nacional. ¿El resto? Hay espacio para la canción hitera (“Verano del ´92”), el sarcasmo (“Shup Shup” o “Don´t Say Tomorrow”) y las baladitas calentonas (“Todo Pasa”).
Con “Tercer Arco”, a Los Piojos se les abre la puerta hacia el pedestal popular, sin dejar de lado la inteligencia para elaborar el disco.

LOS PIOJOS, "ESQUINA LIBERTAD"

19. "El número imperfecto". CATUPECU MACHU (2004)


PARA CONOCER LA RESEÑA DE CATUPECU MACHU Y SU DISCO "EL NÚMERO IMPERFECTO", CLIKEÁ ACÁ Y TE LLEVARÁ A LA RESEÑA HECHA EN LOS 100 MEJORES DISCOS DE LA DÉCADA (2000/09)

CATUPECU MACHU, "A VECES VUELVO"

20. "Color Humano". COLOR HUMANO (1973)


Como esas viejas epopeyas sonoras: recuadros viboreantes de luces fluorescentes, climas austeros y espacios de contención, el disco inicial (y fundamental) de Color Humano es una batalla constante contra la mediocridad. Cada ribete en el que dibujan sobre la pared musical es exclusivo e irrepetible, tanto, que adquieren un formato tridimensional, una ilusión cerebral que aniquila cualquier poder de raciocinio contra la obra. Edelmiro Molinari, libre de huestes y panfletos, en pleno ejercicio de su inconsciencia y de su ductilidad más sabrosa le dan vida a un disco que se expande por el contenido puro, libertario, creativo. Aquí el fruto de una acción espontánea, echar volar al viento los pensamientos más estructurales sobre la música y, en cambio, hacer pesar la pretensión, el florecimiento; una llave que abre la puerta contigua al placer.
En este disco, se proyectan imágenes de su tiempo, de su era, que se encriptan en la retina, como marquesinas con graffiti, los sucesos de una época plaguicida, belicosa y craneal. En los solos eternos de Molinari se oyen los latidos y respiraciones de la guerra civil, el humo negro de las bombas antidisturbios y el olor a goma de la bota militar. Confluyen y se desatan, explotando en vértigo: cansino, real, casi tenebroso o desesperanzador. Las canciones de Color Humano son el presagio o la víspera, la insurrección o el totalitarismo, congeniados con sutileza y romanticismo.

COLOR HUMANO, "Larga vida al sol"

"THEM CROOKED VULTURES" - Them Crooked Vultures

HOMME (Queens of the Stone Age) + GROHL (Foo Fighters y Nirvana) + JONES (Led Zeppelin) = THEM CROOKED VULTURES


Ni un suspiro, ni una lágrima detenida en el tiempo, en la gravedad. Todo es acción, violenta, contraída, friccionada. Ni una pluma meciéndose en caída libre hacia un destino inevitable, ni una caricia reconfortante. Todo es penumbra, fuego, espinas, navaja y redoblante. Aún así, creo que me enamoré.
En estos tiempos donde el riesgo musical se equipara con levantarse y empezar a sacarse el polvo de entre las arrugas. Donde el refugio creativo se anula con las estrategias, los outsourcings y los burócratas musicales: papel amarillo de vieja imprenta, himnos repetitivos para bailar en la playa o en el bar, y pequeñas gemas expulsadas a una no distribución. Es posible, tratar de armar una orquesta con ingredientes que, potenciados, pueden resultar el aperitivo perfecto - aunque oscuro y explosivo – para combatir el desasosiego pesadillezco de la actualidad sonora. Puede reinar (así como descreer) el infinito espíritu lucrativo, y debido a los últimos e imprecisos ejemplos: Audioslave o Velvet Revolver; esto se trate más en las sombras y en los silencios, en el boca en boca y en la exposición paulatina de una obra que, por entre las cenizas de un fuego extinto, renace un nuevo espíritu. Un aparato comparable a los sonidos de la nueva era para combatir el presente y ceremoniar al pasado, para reivindicar los frutos de un rock muerto por las vibrantes tecnologías cáusticas, por los aparatos sonoros y marketineros de la MTV y los goodfellas.
Them Crooked Vultures es un experimento, aún más, es la conjunción de tres elementos tan anacrónicos como poderosos, tan irreversibles como su prosapia y su importancia dentro de la bandera que les tocó (a algunos) escoltar.
Por un lado, Josh Homme, ídolo retraído del rock marihuanero stoner, aporta el sonido del desierto tejano, ríspido y bálsamo. La importancia de su ideología musical ha llevado, por ejemplo, a que los Arctic Monkeys le dieran un revés a su carrera musical. Productor de centenares de discos, líder de los Queens of the Stone Age.
Por otro lado, Dave Grohl. Aquel niño caprichoso y masca chicle que cortinaba las apariciones del gran Cobain. Aquel que le daba un sonido estrepitoso con sus golpes terroríficos a las canciones melancólicas de Nirvana. Hoy crecido, y capaz de mantener una (gran) banda a través de los años, reinando siempre el trono del rock con canciones certeras y peliagudas. Dándole vida a la realidad Foo Fighters como el único motor existente, como cerebro solitario y carismático. Luego de años, separación y adiós mediante a su entrañable amigo, David vuelve a la batería por insistencia del propio Josh.
Finalmente, un reinventado John Paul Jones que parecía volcar en la ruta de la nada, tras volantazos de histeria. Retoma sus raíces folclóricas, para montarse el bajo en su espalda y rememorar, como un diseccionador, las entrañas de aquel Led Zeppelin donde, con el espíritu infalible de su música universal alimentó a la bestia y la hizo crecer más allá de cualquier consideración.
Tres condimentos de una ensalada lisérgica, imperdible y sofisticada. Todo el álbum es una amalgama de esas tres potencias que reinsertan sus viejos conocimientos al alcance de un disco inabarcable.

ADELANTO EXPLOSIVO: ELEPHANTS


TRACK A TRACK
Como si una línea coherente musical y abstracta recorriera todo el disco, No One Loves Me and Neither Do I, es la presentación más sintética de este ejemplo. Guitarra poderosa y descolgada, batería al palo y oscilaciones constantes. Montados en una ola de estrepitosa caída.
Continúa con la fuerza metálica y espontánea en Mind Eraser, No Chaser. El sonido desparejo y la asonancia de los tres instrumentos le dan una potencia punkroquer de puro carácter estertóreo, con la continuidad de esa sensación de asfixia que prosigue en el tercer tema del disco New Fang. Un sonido más aproximado a la obra psicotrópica de los Queens of the Stone Age, donde cada segundo musical se presenta imprevisto y desigual a su antecesor.
Dead End Friends, es el tema más Nirvana de todos. Quizás la última canción en homenaje al amigo muerto, la página que Grohl necesita cerrar para lograr (como si ya no lo hubiera hecho) independencia del fantasma que lo acosa hace quince años.
La apocalíptica Elephants abre paso a la desorientación. Una canción que arranca uniforme y parece seguir una linea casual de consonancia. Pero luego, como partículas, se desprende hacia los lugares más inhóspitos, hacia un género imposible de dilucidar. Quizás, los casi siete minutos de ritmo inagotable dan esa sensación de extremaunción musical. Lo mismo pasa con Scumbag Blues. Un desafinado blues, caótico y depresivo, que se desentiende de la métrica clásica de los sonidos de la ribera estadounidense.
En Bandoliers, pretenden bajar la carga sonora, pero, ya sin poder doblegar su retórica y coherencia, vuelven a destronar al silencio sobre el final con un explosivo cóctel de sonidos guitarreros. De esa misma manera lograr convertir a Reptiles, un tema aproximado al folk tejano, a un funk metálico, asimétrico y fluctuante. Los sonidos adquieren una desentonación predefinida ya típica en cada una de sus canciones.
Finalmente las aguas se aquietan, luego del imposible Reptiles, se acercan de manera paulatina y forzosa con Interludes with Ludes. Un canto pausado, marcado por el humo del cigarrillo de marihuana, hacia un sonido alucinado donde el ritmo parece anularse. Luego del intervalo, los Them Crooked Vultures vuelven al inicio, parecen resetearse con Warsaw or the First Breath you Take After you Give Up. Una canción semejante al primer track del disco. Nuevamente aparece el sonido desparejo y la incongruencia de las tres potencies en cada nota. Luego, la canción adquiere nuevos movimientos, coros gospel e implosión, convirtiéndola en una desvalida canción vodevil de fin de siglo, ocho minutos sin descanso y sin pausas, marcadas por el ritmo del wah-wah de Homme.
En esa vuelta a empezar, nuevamente aparecen las menciones a canciones anteriores. Si Warsaw… era la reversión de No One Loves…; Caligulove, siguiente canción del disco, reivindica los ritmos propuestos en New Fang. Ahora adornados por el órgano hammond lisérgico de Jones y la reverberación en la voz de Homme, que le da un espíritu sesentista a una sexy canción de rock.
El plato ya está servido, los Them Crooked Vultures dieron su sentencia y se aproximan al final mostrando en su repertorio, inclusive, en una sola canción, todo lo que son capaces de hacer. De vuelta aquella condición de reiteración se vuelve presente en Gunman. Una canción, que como su título propone, los intérpretes disparan con sus respectivos instrumentos hacia la nada. Más cercana a los ritmos de Elephants y una forma de cantar a lo Bowie, que la pone cerca de aquellas viejas odas glam de los setentas.
Finalmente, la maquinaria cesa su ajetreo. Un piano relata el epílogo en Spinning in Daffodils y nos acerca hacia el Apocalipsis. Luego, Homme proyecta en su guitarra los sonidos estertóreos ya conocidos y la canción comienza a deshacerse, tanto el disco, de manera caótica y paulatina.
El recorrido ya está propuesto, los Them Crooked Vultures proponen afinar el oído e insertarse a una maquinaria que parece desvaída y provocadora. Donde todos los elementos de su música parecen formar parte de pequeñas partículas melódicas, que, en un todo, se perciben asonantes.

MIND ERASER (NO CHASER)"


"CALIGULOVE" para el final


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