ESCENA DE LA SEMANA. "Scarface" - Brian de Palma

Sitiado, Tony Montana demuestra que hay que tener agallas para ser un mafioso. La escena final de "Scarface", pura acción y lección.

TEMA DE LA SEMANA. "El Olvidao" - Néstor Garnica

En IMFREAKALOT estamos demasiado rockeros y para contrarrestar este peso metálico, les entregamos en "El tema de la semana", un poco de movimiento telúrico. Déjense llevar por el violín del Duende Garnica atravesando ranchos, pastizales y magullando la desesperación de los otros, la fuerza inherete de los olvidados.

OBJECT OF BLIND ADORATION: JAMES DEAN & RIVER PHOENIX


Como paso previo para el especial que vendrá inminentemente, CINE ADOLESCENTE.
Imfreakalot les presenta a dos referentes de la juventud, a dos iconos de la cultura adolescente en el cine. Caídos en el momento de mayor estrellato, víctima de sus propias decisiones, se han convertido en mito. Aquí están.

JAMES DEAN EN "REBELDE SIN CAUSA" (TRAILER).


RIVER PHOENIX EN "UNA NOCHE EN LA VIDA DE JIMMY REARDON" (TRAILER)


“Live fast, die young” rezaba un cartel setentista que oteaba las muertes recientes de un séquito de roqueros imprescindibles para la historia de la música contemporánea. Jim Morrison, Jimi Hendrix y Janis Joplin, se borraban – presos de sus propios actos – como las últimas llamas de un fuego que parecía eterno y que avecinaba la inmortalidad. Los tres representaban ese espíritu rebelde, incapaz de entrar en la maquinaria del sistema burgués, forzosamente ilustrado en cada una de sus rimas y compases; representaban, además, la prosapia de los genios iluminados que guiaban a través de un camino oscuro por entre las sombras post viaje LSD, post Guerra de Vietnam, post indulto a la paz y el amor. Con y tras ellos, caían las utopías de un mundo en plena libertad inconsciente (avivadas por los vuelos psicotrópicos), donde el amor reinaba como instrumento paliativo a la tragedia y a los hombres grises de corbata, donde los últimos héroes de la revolución daban muerte a la fantasía de un todo común.
Las barbas se afeitaban, los trajes de colores se impregnaban del negro o gris o azul de la inclemencia, las flores marchitaban por los insecticidas y la paranoia generada por los medios de comunicación. James Douglas Morrison, James Marshall Hendrix y Janis Joplin eran los estandartes de un movimiento utópico pero verdadero y carnal.
Década atrás, las rugosas vetas del cine yanqui dejaban nulo lugar para la juventud. El pequeño espacio era habitado por codiciosos emprendedores que especulaban con su inteligencia, que ponían de manifiesto una suerte de infidelidad ideológica para bajar al extremo de sus pretensiones y otorgarle comida berreta a ese público que impacientaba por ver un cine representativo.
El leit motiv era mostrar a jóvenes aplicaditos, bailando al compás de música culta y obedeciendo a los cánones del American Way of Life. En 1951, el director promisorio Elia Kazan filma la adaptación de la obra de Tenessee Williams, “Un tranvía llamado deseo”, protagonizado por Vivian Leigh y Marlon Brando. Aquello significaba un quiebre para la industria cinematográfica. Por primera vez, aquél público apartado de las grandes salas, excluidos por el mote de las narraciones, tenían un referente, una historia que atraviese su propia historia. Años más tarde, Elia Kazan le ofrece a un ignoto joven, quien todavía aparecía último en los créditos de las películas clase B el papel que cambiaría la historia del cine adolescente.
“East of Eden” (“Al este del Edén”) es el título del film que daría a conocer al icono juvenil de los años cincuenta: James Byron Dean. Un niño duro y rebelde, crecido en la crudeza de los suburbios pobres de Estados Unidos, carente de afecto; catalizó su vida en el arte dramático y lo llevó su cara (de un estilo único) a la inmortalidad.
Rápidamente se convirtió en el hombre insigne del nuevo cine estadounidense, y en “Rebel Without a Cause” (“Rebelde sin causa”) su nombre y figura, mezcla de rebeldía y niño tierno, pese a sus escasos dotes actorales, trascendió más allá de lo imposible: referente de una cultura, símbolo de una rebeldía oprimida. Aquello que pareció indeterminado y perenne, pasó fugazmente cuando él mismo estrellaba su destino contra un Ford, a los 24 años. Por primera vez se inscribía el “vive rápido, muere joven” en una lápida.
Mediando los ochenta, un niño de gesto gentil y mirada perversa empezaba a subir en las marquesinas de las películas hollywoodenses. Nacido como River (por el río de la revelación de Siddartha, novela de Herman Hesse), Jude (por la canción de los Beatles) y Phoenix (por el apellido de su padre, claro). Su primer papel, en “Explorers”, junto a un juvenil Ethan Hawke, sería el puntapié inicial para una carrera maratónica hacia la fama. Que llegaría junto a su segunda película, “Stand by Me” (o “Cuenta conmigo”), la genial adaptación de Rob Reiner sobre la novela del inefable Stephen King, “The Body”. Gracias a esa oda a la amistad, al compañerismo y la confraternidad (destacable tan bien la entrañable actuación de Corey Feldman), el niño Phoenix (hermano de Joaquin, o Commodus en “Gladiador”), apareció en cuanto film de niños existiese. De pronto comenzó a crecer. Con ello, los primeros besos, las poluciones nocturnas, los cambios de voz, los bigotínes de pelusa y su cara inalterable, fresca y atrayente fueron retratadas por una cámara de cine, convirtiéndose en el referente de una generación, por ese entonces denominada con la letra X, Generación X.
Envuelto en esa maroma de glorias y banalidades, River perdió su rumbo, víctima de la sugestión, las presiones y el estrellato, colisionó contra sus propias adicciones: la heroína y la cocaína acabaron con su vida, prematuramente, a los 23 años.

JAMES DEAN, "GIGANTE". CON ELIZABETH TAYLOR Y ROCK HUDSON


RIVER PHOENIX EN "MY OWN PRIVATE IDAHO", DE GUS VAN SANT, CON KEANU REEVES.

21. "Oktubre". PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA (1986)


Algo se desprende al hablar de la magnitud de los Redondos. Empujado por la ambigüedad que despierta esta banda, la más importante en la Argentina. El suceso alcanzado por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es sólo comparable a fenómenos sociales como el fútbol y el peronismo, y que a su vez, sea una banda, pese a la globalización y al mercantilismo, que se mantuvo hasta último momento como una banda independiente y lejos del mainstream comercial. Esto alimenta más al mito.
Sólo se comprende desde un punto de vista, los Redondos son y serán la voz de los jóvenes perdidos, los poetas de la resistencia, los que mantienen viva la llama de la utopía: el músico autosuficiente, creativo y multidisciplinario.
Luego del fenómeno “Gulp”, que colmó las radios a principios de los ochenta, cuando se respiraba en el país el retorno a la democracia y en cada rincón, los artistas renacían entre libertinajes y talento. Los Redondos, encabezados por la pluma mágica y contestataria de Carlos Indio Solari, llegarían a su primer disco suceso: “Oktubre”. El disco necesario para comprender la realidad, para saber hacia donde debemos conducirnos. Un trabajo de exhaustiva sociología y de pura sangre racional.
“Oktubre” se ha convertido en el disco pancarta de las nuevas generaciones, el disco-cuento y moraleja que ha revivido la llama aniquilada por la ignominia militar del compromiso social. Que con el tiempo, el menemato y el neoliberalismo se encargaron de volver a aniquilar.
Aún así, la masividad del disco, aunque se haya hecho a pulmón con los peñiques necesarios, ha logrado mitificar al Indio, Skay y La Negra Polly como los estandartes de una necesaria revisión.
El premio es la inmortalidad de algunas de las canciones, “Ji ji ji”, “Fuego de octubre”, “Música para pastillas”, “Preso en mi ciudad” y “Divina TV Führer”.

PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA - CANCIÓN PARA NÁUFRAGOS

22. "Máscaras de Sal". LAS PELOTAS (1994)


Las Pelotas siempre se mantuvieron al margen de cualquier cosificación existente. Refugiados en las sierras cordobesas, direccionaron desde allí su carrera, austeramente, con un perfil antiestablishment que los llevó, posteriormente, a ganarse poco a poco una considerable masificación.
Recalar nuevamente a la consideración popular no fue fácil. Su primer disco, “Corderos en la noche” no tuvo el éxito esperado y, soportando además, la constante comparación con sus hermanos Divididos, la banda sufrió demasiados altercados para finalmente consolidarse.
Pero el punto inflexivo en su carrera será “Máscaras de sal”. Un disco referencial, heterogéneo y consistente, en el que ambos ex Sumo, Daffunchio y Sokol, se ponen a prueba siguiendo el camino de su banda predecesora. El disco conjuga la versatilidad y la exploración de una banda que busca su mejor camino, su lugar en el mundo. Y aún más, cuando en esta intención se vislumbra un verdadero riesgo, una suerte echada que puede comprometer de muerte a la banda. Las Pelotas salen airosos del trance, buscando no repetir fórmulas ya probadas, apelando a la sensitividad de los ritmos y buscando el momento justo de dar el golpe definitivo.
“Máscaras de sal”, disco de 1994, probablemente es el disco más importante de Las Pelotas. Por la importancia que tiene en la concepción definitiva de la banda, por el despegue que supone y, sobretodo, por la heterogeneidad y el buen gusto con que está realizado.

LAS PELOTAS - SI SUPIERAS

23. "Honestidad Brutal". ANDRÉS CALAMARO (1999)


Andrés Calamaro es, quizás, el músico más megalomaníaco de todos. Todas sus obras, a partir de la separación de Los Rodríguez, a finales de los noventa, comenzaron a basarse en la escritura imparable y en la composición inmediata. Gracias a esto ha tenido grandes aciertos y contrariamente, demasiadas canciones sinsentido y facilistas. En los últimos años, este egocentrismo desmedido lo llevó a grabar los épicos “El Salmón”, un disco quíntuple, y ulteriormente, “Obras incompletas”, una recopilación de seis discos en los que se mezclan rarezas (extremas), grabaciones inéditas, covers y un desfiladero de artistas invitados que van desde su hermano Javier hasta el Diegote Maradona. Así es Calamaro. Que, en su intento de inspiración, puede acertar el tiro al blanco perfecto e inmediatamente pifiarle en demasía.
Esa superación (llamémosla de ese modo) comenzó mucho antes, cuando, subido al caballo del éxito que lo proclamaba con el cantor nacional, luego de “Alta Suciedad”; sacó a la venta el disco doble “Honestidad Brutal”. Su mejor disco hasta el momento e, a juzgar por los resultados cercano, inigualable. Durante todo el disco se mantiene al borde: de la locura, del ridículo y de la excelencia. Dotes que mantienen y reservan su figura musical. Recopilando canciones que muy difícilmente vuelvan a su catálogo compositivo o a su avidez mental debido a que se encuentran en ese límite en el que las coloca.
A ver. Un tipo que basa sus letras y por tanto, confía en ellas, dice: “Soy vagabundo de tu lado más profundo, por un segundo de tu cuerpo doy el mundo”; o es un genio o iguala a Arjona en nivel de cursilería. Pero Calamaro es así, le encanta jugar con el fuego sagrado, con lo inalterable de la composición, doblando siempre la apuesta. Es por esto que, el querido Andrés, ha sabido sobresalir siempre y cada vez más, entre la mediocridad general.

ANDRÉS CALAMARO - ECLIPSADO

24. "Los Orfebres". PEZ (2007)


Pez es la última gran banda de rock en Argentina.
La sequía musical ulterior, el nacimiento agotador de bandas cuadriplégicas, secantes y austeras, la amnesia musical que padece Mollo y Arnedo, el destino sinfónico de los Catupecu, los intereses económicos sobre lo creativo y el aparato creado por las multinacionales que ponen límites a la creatividad, que subyugan el poder de decisión de las bandas, haciéndolas parte de una máquina de chorizos, repetitiva y humillante, ha convertido al rock argentino en una bolsa de gatos y falto de referentes.
Pero como en todos los órdenes de la vida, existe un equilibrio. Pez es anarquía independentista, es creatividad al cuadrado, es música en movimiento en confluencia con todos los estados biológicos: mente, corazón, virtud.
“Los Orfebres” es una nostalgia por el pasado, por aquellos años de rock prematuro y en estado de libertad completa. Reminiscencias de Led Zeppelin, “In da-gadda-da-vida” y los afluentes lisérgicos de la experimentación. Con un canto poético, compenetrado por el fluido invisible y vulnerable de la existencia. El ritmo viboreante de Pez, ecléctico y profundo, se vuelve una amalgama de sonidos perfectos que acomodan a “Los Orfebres” como el disco más rockero de los últimos tiempos.
El escape de Javier Minimal, ex guitarrista de los Cadillacs, al siempre bienvenido rincón de la imaginación.

PEZ - EXISTENCIALISMO

25. "Volumen 2". PAPPO´S BLUES (1972)


El espíritu caótico y descontrolado de las fuerzas del mal, los demonios y herejías de toda clase, se fusionaron el cuerpo – no, en el alma – de Norberto Napolitano. Las brujas del rock, el poder latoso de las guitarras Fender y el grito insipiente de Ozzy Osbourne y Lemmy Kilmister, perfidia mediante, hicieron que el embajador argentino del poder metálico, hiciera ruido a comienzos de los setenta, cuando las aguas del rock todavía permanecían azuzadas por la creatividad, por el libre espíritu y por las ideologías.
Pappo rigió su carrera al borde de todo eso. La matemática era simple, música sustentada en las guitarras, sus solos imposibles y eternos, rescatando lo más primitivo del rock (según él); ruido, atmósfera fervorosa y rebeldía.
Pappo´s Blues, en este “Volumen 2”, justamente basa sus fuerzas sobre esta premisa: fusionando el blues negro de la ribera norteamericana con el poder estertóreo de las guitarras, inspirado quizás por el heavy que se formaba entre el barro gracias a Black Sabbath; y por un destino casi inevitable de ver hasta que punto se puede llegar, cuanto volumen soportan los parlantes.
La colección de clásicos eternos del Carpo se acomodan en este disco a modo introductorio: “¡Aquí está el profeta de la guitarra!”. “Tren de las 16”, “Indisoluble”, “Llegará la paz” y el siempre repetitivo blues lastimero “Desconfío”, adornan el repertorio de “Volumen 2”, el disco que cimentó las bases del rock pesado, crudo, carnal en estas tierras, y quién sabe sino, en nuestra lengua.

PAPPO´S BLUES - LLEGARÁ LA PAZ

CLASE V. JORGE DREXLER


Asomado sobre la celosía de una ventana asoma su cabeza, espía el buen voyeurista. Toma su guitarra y compone, espía como si nada de lo que sucede en el mundo tuviera sentido. Todo permanece, sin notarlo, en la forma exacta en la que él la dejó, gravitando en el tiempo. Pero confundido, desparrama sobre el diapasón un par de coplas rioplatenses, formando en el barro la obra, que luego se hará letra y luego canción.
Tímidamente esboza retazos de un mundo inalterable y azaroso. Carraspea y le entra al canto, tiritando con el soplo del viento atlántico, su voz se forma entre el lamento repentino de un tercermundo y el vuelo poético del canto cetrino. Allí va, guitarra al hombro, legado de Zitarrosa, marcando el compás de una nueva alianza: fusión entre rimas murgueras y tecnologías de avanzada, justa y necesaria. Jorge Drexler, el montevideano, prepara el repertorio a través de su música inspiradora, como un trovador del alma.
No necesita parafernalias instrumentistas ni de la vanguardia anodina. Se refugia en los susurros, en su pluma cautivadora y en el golpe certero a las esperanzas aniquiladas.
Su música es simple y no admite lugar para las suntuosidades sonoras. Sólo él, pluma exquisita, templanza en la voz y el eco reverberante, juicioso, sobre un mundo que avanza desmesurado y atroz. Dos pinceladas de sentimentalismo y un grito catártico sobre las asperezas del dolor.

UN INSTANTE ANTES


Ya no necesitaba su título de médico otorrinolaringólogo para curar oídos en desgracia. Su música se ha encargado de eso. El susurro fue más que una credencial.
Cantor de mate amargo, de corazón contraído. Sus esporádicas apariciones lo han depositado, en una exhalación, como el artista más importante del Uruguay. Un concurso, una grabación y de pronto, se encontraba frente a miles, debatiéndose entre su carrera y su corazón, que siempre tira hacia el lado más sensible, el arte.
Su carrera comenzó desde la nada, con un puñado de canciones y el clamor popular al telonear a Caetano Veloso y Sabina, respectivamente. Los mastodontes discográficos con sus contratos jugosos y de pronto, un vuelo a Madrid.
Música-cuento, libro abierto, música-poema, soneto, romances. Drexler habla del amor y sus afluentes. Habla del tiempo y sus ineluctables. Habla de las inclemencias tercermundistas, de los trágicos sucesos y de una flor. Prueba ritmos, siempre con la gracia viva del canto negro, herencia candombera y arrabal. Tiene arraigado la brisa arenosa del medanal, el salitre percudido del viento uruguayo, el carnaval, las murgas y el poder invisible de una nostalgia; que lleva presos a los uruguayos con felicidad, el tiempo en suspenso, donde las calles que chocan contra el río cuentan sus versos y se refugian en el alma. El canto de Drexler sabe a eso. Al humo del asado, al pedregullo, los championes y el aroma cautivo de los jacarandá, con sus celestes violáceos.
Es un fuelle de bandoneón cerrándose, en el que hablan tanto Benedetti como Kafka, una París lejana y los Beatles. Neruda, Zitarrosa, la pampa argentina, Piazzola y Walt Withman.
Drexler, indiscutiblemente, es nuestro trovador XXI. El resultado del tiempo limado, de una nostalgia por lo perdido y un anhelo por lo recuperado. Híbrido entre lo de acá y lo de allá. En rara mezcla, su poesía invade al corazón sin tamiz, sin organigramas, con la simplicidad de los actos. Así perdurará su música en él, y en otros que la reproducen.

DESEO


TODO SE TRANSFORMA


RESEÑA IMFREAKALOT DE "12 SEGUNDOS DE OSCURIDAD", AQUÍ.

ESCENA DE LA SEMANA. "El Gran Pez" - Tim Burton

La ley primera del cine, y por tanto, de los espectadores del cine, trata sobre el pacto de silencio luego del visionado de una película acerca del final.
Se puede contar algún hecho relevante, algún pasaje armónico, el argumento, una sinopsis, etcétera. Infinitas posibilidades. Pero tajantemente se prohibe la transmisión verbal o sensorial sobre el desenlace de la historia.
Sin embargo, para esta película, IMFREAKALOT se pasa este tratado implícito por un lugar oscuro y recóndito de su cuerpo para mostrarles el desenlace, onírico, bello y profundo, de una de las mejores películas de los últimos tiempos.

Del maestro fantástico, Tim Burton, una lección sobre el amor paternal en "El gran pez"

TEMA DE LA SEMANA. "Limelight" - Rush

Uno de los mejores temas de Rush. Banda canadiense de rock sinfónico, creada a fines de los sesenta. Integrada por el agudo vocalista y bajista virtuoso, Geddy Lee; el guitarrista Alex Lifeson (o Vidahijo) y uno de los mejores tres bateristas de la historia (a mi juicio), Neil Peart.

Para ustedes, "Limelight".Del disco de 1981, "Moving Pictures". Y a disfrutad de la semana

GASTÓN RECUENTO

Llegamos a la mitad del camino. Mientras esperamos la lista de los 25 mejores discos del rock argentino, IMFREAKALOT les ofrece un breve repaso de la lista: del 50 al 26.

50. “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” SUI GENERIS
49. “Árbol” ARBOL
48. “Alta Suciedad” ANDRÉS CALAMARO
47. “La Cofradía de la Flor Solar” LA COFRADÍA DE LA FLOR SOLAR
46. “Peligrosos Gorriones” PELIGROSOS GORRIONES
45. “Locura” VIRUS
44. “Eco” WILLY CROOK & FUNKY TORINOS
43. “Bocanada” GUSTAVO CERATI
42. “Ns/Nc” CIENFUEGOS
41. “Don Leopardo” BERSUIT VERGARABAT
40. “Espiritango” LOS VISITANTES
39. “Chaco” ILLYA KURYAKI & THE VALDERRAMAS
38. “El nuevo camino del hombre” A.N.I.M.A.L.
37. “After Chabón” SUMO
36. “Crucis” CRUCIS
35. “Trance Zomba” BABASÓNICOS
34. “Fotos de Tokyo” PEDRO AZNAR
33. “La Máquina de Hacer Pájaros” LA MÁQUINA DE HACER PÁJAROS
32. “El Hombre Montaña” LOS NATAS
31. “Despedazado por mil partes” LA RENGA
30. “La Biblia” VOX DEI
29. “Spinetta y Los Socios del Desierto” LUIS ALBERTO SPINETTA
28. “El León” LOS FABULOSOS CADILLACS
27. “Sueño Stereo” SODA STEREO
26. “Aquelarre” AQUELARRE

26. "Aquelarre". AQUELARRE (1972)


El fin de Almendra encontró a sus músicos dispersos en plena búsqueda original de sus propias ideas. Por un lado, libró a Spinetta hacia el pico de su genialidad, en la mezcla exacta de blues, hard rock y sinfonía para darle brillo a Pescado Rabioso. Por otro lado, depositó a Edelmiro Molinari, el genio tapado, a una búsqueda más experimental y lisérgica, un viaje a través de la imaginación en Color Humano. Y finalmente, a Rodolfo García y Emilio del Guercio, baterista y bajista respectivamente, a la superación. Encontrando un lugar inhóspito del que nadie se quería hacer cargo. Superando con creces esta oportunidad, devolvieron, gracias a su Aquelarre: sumando el virtuosismo en la guitarra de Héctor Starc y la armonía en el órgano blusero de Hugo González Neira, una banda totalmente prismática, atrapante y conmovedora.
La calidad esperada, el espacio para la vanguardia y los sonidos fluctuantes, abriendo el camino de las bandas argentinas al mercado europeo.
En su primer disco, homónimo, se encuentra la primera piedra del monumento construido. La disposición de las notas, el camino extravagante, los reiterativos cambios de ritmo y la exploración más allá del género rock, llegando hasta lugares poco comunes dentro de la escena roquera tanto como el free-jazz o el funk. Las letras surrealistas y el espacio para la imaginación aportaban lo suyo, empujando a las canciones de “Aquelarre”, a un disco lleno de matices y de momentos totalmente superlativos.

CANTO (DESDE EL FONDO DE LAS RUINAS). AQUELARRE

27. "Sueño Stereo". SODA STEREO (1995)


El último disco de Soda Stereo, el último grito primal:
Ya no hay fábulas, sus narcóticos sueños se abren paso como un hueco en la habitación. Después de un baño cerebral, tres almas se incrustan en un modelo para armar.
Comprendiendo entre si que en una cuestión de voltaje, en un golpe preciso, nuevas formas crecen y son tan atractivas. Sus partes inseguras se desvanecen al ver acertijos bajo el agua y en un sorbo de distracción, toman las riendas hacia la locura.
Cuando el mundo enmudece y las promesas engañan, entre el alud podrán asomar su nariz. Encaminándose hacia un retorno de fuegos de artificio, magia y éxtasis. Un conjunto dietético, girando una onda dietética, con canciones de amor con sacarina y con menos de una caloría, nacen sobre cenizas de rosas. Entre tanto fraude a su alrededor, meses navegando, al borde de la cornisa. Y el estallido se produce, se toman el tiempo para desmenuzarse, una condena agradable, perdiendo la línea.
En esa onda subrepticia se incendian las conciencias con los demonios. Las tres almas se animan a descifrarlo. El riesgo es el camino, es tan intenso. Por más que tengan los volúmenes andando, el eclipse no fue parcial y en ese tiempo anfibio temieron perderse. Hipnotismos de un flagelo, la clave íntima de esas almas que se evaporan hacia la nada, temiendo perderse.
Y después del temblor hay solo máscaras chinas, oyendo las voces de las sirenas en el mar, el abismo y la luna en el séptimo día.
Buscando calor en una imagen de video se vieron, lejos, entre la voluntad desprogramada, son un área devastada, un cráter desierto. Que aquel amor era como un océano de fuego, los hombres alados extrañan la tierra. Luz, cámara y acción: la tribu está sedienta.
La imaginación todo lo puede y esas almas volvieron a elevarse sobre la ciudad de la furia, la verdad es que nadie vive sin amor. Esperando una eternidad este instante en que las ánimas vuelven a resurgir en un día común en la superficie. Soñando mil veces las mismas cosas y contemplándolas sabiamente, metiéndose en el ritual y descifrando el enigma.
Y en un delirio de condenados, la imaginación todo lo puede.

PASEANDO POR ROMA. SODA STEREO

28. "El León". LOS FABULOSOS CADILLACS (1992)


¿Quién iba a pensar que aquellos gorditos felices estaban planeando algo? Reuniéndose en viejos bodegones, en cantinas, en bares y fondas, concibiendo un destino radical a su carrera musical. Lo cierto, es que los Cadillacs siempre pudieron manejar con total irracionalidad el barco de su música. Siempre supieron elegir el mejor camino para arraigar su legado sobre el pueblo. Aquello estaba perdido en el fondo del mar, un género poco advertido – ska -, un sonido que nada tenía que hacer dentro de la cultura under argentina, donde había anclado años atrás justamente gracias a The Specials o Madness y muerto en el instante consecutivo a su reproducción.
Elucubrando, viajando por el continente, Los Fabulosos Cadillacs supieron que hacer: mezclar esa potencia desvariada, esa suerte de carnaval oscurantista con el ritmo centroamericano, con el ADN salsero y protocolar. De esa manera, obtuvieron la fórmula del éxito: un Tito Puente londinense abriéndose paso dentro del mercado consumista neoliberal, rimas pegadizas, mucho dancefloor y el destino inmediato a las radios populacheras.
Aún así, el disco es un pulido tratado de la materia, un espacio para la reflexión, sentando cabezas por más baile que haya, distensión de por medio, y el pasado oscuro. Pequeños retazos de un todo contestatario que no olvida su lugar en el mundo, y que a su vez, prefiere denunciar al estanco animándolo a bailar.
La música de Los Cadillacs comienza a destacarse por sí sola, y justamente, “El León” de 1992, es el disco que sella este encuentro entre realidad, culpa y baile, entre innovación, éxito y despegue musical. Todas y cada una de las piezas que se reproducen en el disco tienen un propósito, una meta inicial, cumplida o no: “Gitana”, “Carnaval toda la vida”, “Manuel Santillán, el león”, “Gallo rojo”, “Desapariciones”, componen la paleta ambivalente de contestación rebelde y éxito radial.

GALLO ROJO. LOS FABULOSOS CADILLACS

29. "Spinetta y Los Socios del Desierto". LUIS ALBERTO SPINETTA (1997)


Incansable por los laberintos musicales, sediento de todo, cansado de banalizar sus recurrencias. El héroe se muestra nuevamente pacífico y renovado, restaurador de su propio sonido: enclava su poder sobre sus propias obras, arrastrándolas a través de nuevos horizontes. Espinas, serpientes, cuentos degollados, Artaud en pañales, cambio de página y timón. El pelo batido, la aceleración de su respiración transmitida al diapasón y el retozo de rimas, de pausas, de nomenclaturas metafóricas.
Luis Alberto Spinetta vuelve con lo mejor que sabe hacer. La convergencia de un power trío, Torres y Wirzt, en una simetría perfecta, los tres marcan el rumbo.
Luis Alberto Spinetta y Los Socios del Desierto es el decorado para que el gran flaco argentino desarrolle su potencial y exonere al resto por tantas lágrimas perdidas en el camino.
Disco doble, guitarras al palo, bajo y batería en consonancia directa. La lírica siempre bella y onírica de Spinetta, y la nostalgia, el devenir completo sobre el lienzo musical: colores, armonías, fugas y extravíos, conducidos con total audacia, con rudeza musical, con extraordinario empuje. Se trata, quizás, del último gran disco de Spinetta, y a su vez, el reencuentro con el fuego sagrado, con la nostálgica versión de su propio talento, con el arrebatador e incierto destino musical.

LAS OLAS. SPINETTA Y LOS SOCIOS DEL DESIERTO

30. "La Biblia". VOX DEI (1971)


Probablemente se trate de una locura, de una suerte de inconsciencia generacional llevada a cabo por pibes de 20 años, que, desde esa libertad creativa por la que se gozaba a comienzos de los setenta – cabe decir, época propicia para la experimentación dadas las características novedosas del género – y que embarcados en una empresa, diría, utópica, cimentaron las bases deícticas, señalando el camino. Se trata del primer disco conceptual realizado por roqueros argentinos, por entonces llamado Ópera Rock.
La idea, surgida por la creatividad de Ricardo Soulé, guitarrista de la banda, era representar en canciones las escrituras sagradas para los católicos. Una suerte de gen inicial del rock cristiano-evangelista, que, para un ateo como yo, resulta carente de sentido y humildad. Pero, que si se mide con la regla de la objetividad (imposible a estas alturas) resulta una colección de momentos inigualables donde letra y ritmo, casi siempre pausados y climáticamente calmos, se transmutan en post de una idealización sonora.
El abordaje es presuntuoso, el disco tiene forma de libro abierto donde cada canción oficializa de nuevo capítulo y en que la trama se va resolviendo conforme avanza la narración. De esta manera, asistimos desde el primer capítulo, la creación del mundo hasta el final inminente y apoteótico con la certeza de pertenecer a la historia, de sentirse parte de la humanidad, con sus rasgos inherentes, contradicciones y desatinos.
El punto más alto del disco se basa en la construcción sonora. De acuerdo con el tema planteado, Vox Dei, aborda cada capítulo desde una formación narrativa, jugando con las imágenes que se desprenden indeliberadamente del tema a tratar. El disco arranca sembrando una semilla, el “Génesis” de la humanidad; un comienzo calmo y paulatino, hasta que se desata la vida, la furia en las guitarras y en la voz armónica de Soulé. Para llegar, finalmente al clímax estrepitoso y fulminante, en la instrumental “Apocalipsis”. Y a través del disco, el ritmo oscilante según la trama: Jesús, el amor, el odio, la humanidad, temas de relevancia para la construcción del buen pastor.

LIBROS SAPIENCIALES. VOX DEI

"AMADEUS" (1984). MILOS FORMAN



TITULO ORIGINAL: Amadeus
DIRECCIÓN: Milos Forman
GUIÓN: Peter Shaffer (Obra de teatro: Peter Shaffer)
REPARTO: Tom Hulce, F. Murray Abraham, Elizabeth Berridge, Simon Callow
GÉNERO: Drama
AÑO: 1984
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 158 minutos.




LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD: LA ENVIDIA
La envidia es el pesar o la tristeza del bien ajeno, o también, la emulación, el deseo de tener algo que no se posee. Pero, ¿es acaso este tipo de envidia la que corroe las entrañas del maestre Antonio Salieri a lo largo de “Amadeus”? La envidia aquí, presentada con excelencia y belleza visual por el gran Milos Forman, es una parte del todo. Salieri, elabora un silencio inhumano, llevándolo al deterioro total de sus acciones que esforzadamente trata de disimular. El problema que plantea Forman ya no es una envidia que opone en veredas opuestas a Mozart de Salieri. Tal es así, que Salieri admira la belleza y el poder de autenticidad e inmortalidad de la obra de Mozart. Esta clase de envidia, expresada por Antonio Salieri, se pone de manifiesto al darse cuenta, previo pacto con dios, que la genialidad no es un don divino, sino, una cualidad manifiesta e irrepetible del ser humano. Salieri, quien hizo un pacto de castidad, libre de pecados, para poder llegar a un cenit creativo con el mismísimo ser supremo, elabora su odio a través de Mozart, expresión terrenal de eso que él mismo le dio significación divina. Es por esto que su ira se ve canalizada en acciones terrenales, pueriles, banales.
La competencia entonces, se pone en relieve a través y no por Mozart, en la incomprensión de Salieri, todavía acrecentada por la personalidad de Wolfgang, un hombrecillo infantiloide, chabacano y superfluo, con una risa chillona que expresa lo cerca que se encuentra la genialidad de la anomalía. Y en ese silencio, que procesa Salieri a lo largo de más de 120 minutos de film, es la consciencia de la envidia al estar cerca de lo deseado pero inasible. La condena de Salieri, finalmente, es aceptar la mediocridad y volverse ordinario, algo que trató de mantener al margen debido a su pacto divino, pero ensimismado por la ira reprimida, sus actos comienzan a perpetrar la figura intachable de Mozart.
Por otro lado, aparece la figura de Wolfgang Amadeus Mozart. Genio creativo, innovador y controversial, quien supo independizarse de la figura patriarcal del mecenazgo para ejercer una libertad autoral independentista. En “Amadeus”, es representado como una figura caricaturesca, vacua y promiscua como forma contrastante y, a su vez, equilibrante de su genialidad. Milos Forman, elabora a través de la cinta, el despellejamiento de la personalidad de Mozart. Un trabajo sutil y orfebre que va sitiando conforme avanza la película. En principio, parece envuelto en una carcasa inviolable, gozando el estrellato y los aplausos tanto de las figuras de poder, monarcas y aristócratas, como de la plebe rendida a sus pies. Pero la aparición de la figura paterna, Leopold, que ejerce una suerte de continua presión sobre las decisiones de su hijo, van resquebrajando la personalidad banal de Amadeus. Y la muerte de su padre, ya avanzada la cinta, provoca el quiebre determinado, volviéndolo vulnerable y preso del ostracismo, que determinará, también influido por las constantes conspiraciones en su contra, el derrumbamiento del genio incomprendido.
“Amadeus”, en parte, trata sobre la historia de la humanidad. Reflejada en ese sentimiento tan odioso como constante que provoca en el ser humano la ira. El deseo por el bien ajeno es lo que provoca el odio y la intolerancia, las guerras y la confrontación constante. Llevando al ser humano hacia un comportamiento de enajenación y por tanto, la mediocridad. Como parte fundamental, aparece la figura divinizada de la genialidad; algo que no se puede explicar con la razón, por el sólo hecho de ser un don único e intransferible, se convierte en la excusa para profanar lo inexplicable y por tanto, actuar conforme a eso.

Dos secuencias insoslayables dentro del film. La primera, muestra la incomprensión de Mozart por su obra. Luego, el detalle de su personalidad banal, probándose pelucas y desatando su risa insoportable.
Luego, la segunda secuencia, cruel instante en el que Mozart se presenta y reproduce una marcha que Salieri compuso para él, y reproduce con solo escucharla una vez.





MILOS FORMAN, DIRECTOR DE ORQUESTA
Milos Forman elabora pieza por pieza esta historia de la humanidad, representada por dos figuras contrastantes. El hombre que entrega su vida por el trabajo (Antonio Salieri), haciendo pactos silenciosos e imposibles con dios, lo intangible, lo superpoderoso, para llegar a ese cenit creativo, ese inalcanzable objeto de deseo. En contrapartida, aparece Mozart. Quien reúne todas esas cualidades y que, Salieri, al darse cuenta de la personalidad de este y tomar consciencia de que se trata de un don natural, por tanto humano, construye sobre él un odio profuso.
A través de la belleza visual, en parte, por la sobresaliente dirección de arte que recrea minuciosamente el movimiento barroco de la época y sobretodo, por la inclusión de la banda sonora como parte activa de la narración. Dejando de lado su función de mero fondo descriptivo y acompañante, para hacerla protagonista de ese proceso de creación que nos va mostrando. De esta manera, la película no sólo se compone de excelentes fragmentos visuales, sino también, la narración se construye a partir de la obra de Mozart, que nos va relatando los continuos cambios de clima, los puntos de giro y el destino de la obra.
Asimismo, Forman obtiene un film sobrecargado de imágenes, entendiendo que parte de ese proceso comunicacional es adaptarse al mensaje que va contando. De esta manera, reubica su dirección dentro del mismo movimiento barroco, en una suerte de metamensaje. En gran parte de la película, puede verse escenas superpobladas de información, tanto figuras humanas como materiales (mamposterías, cuadros decorativos, elementos de otra índole) para crear ese clima y ubicarnos cronológicamente en ese contexto de manera natural.
“Amadeus” es una cinta excepcional, que no sólo reúne las condiciones de autenticidad del relato, sino también, por despegarse de una mera confrontación caprichosa. Es, entonces, una película que se halla a la misma altura de la genialidad y la envidia que relata.

Una de las últimas escenas de la película, en la que Mozart, enfermo y solitario, redacta a Salieri la composición del Réquiem, que inconscientemente compondrá para su propia muerte, instigado por el mismo Salieri.

ESCENA DE LA SEMANA: "Gracias por fumar" - Jason Reitman

Acompañando a la canción de la semana, IMFREAKALOT inaugura su sección: Escena de la semana. En la que presentará una escena que merece ser vista por varios motivos: carga poética, espíritu crítico, fuerte arraigo controversial, ironía, dramatismo, etc. Todas esas cosas que reunidas y aunque atomizadas son las que hacen que amemos al cine, porque es el arma más explícita de nuestros pensamientos y juicios, porque favorece a nuestra conexión neuronal, porque nos hace libre de pensamiento y porque agudiza nuestro sentido crítico.

Hoy, de la película de 2007 de Jason Reitman, "Thank you for Smoking". La escena inicial, donde Nick Naylor hace su introducción cigarrística.

TEMA DE LA SEMANA. "If Only" - Queens of the Stone Age

Cada lunes, una canción, una vibración que encuadrará el destino inmediato de la semana. A partir de hoy y hasta el hartazgo, presentamos: EL TEMA DE LA SEMANA.

Hoy, del disco homónimo de Queens of the Stone Age, banda exponente del stoner rock, desde Austin, TEXAS; haciendo "If Only"

I TOLD YOU I WAS FREAKY, Flight of the Conchords


La propuesta de los Flight of the Conchords es conmovedora. No porque apelen justamente a ese sentimiento, a ese golpe inguinal que termina irremediablemente en el gimoteo. Sino por la innovadora calidad, el rescatar las esencias privilegiadas de un cierto sentido ya perdido en el tiempo. Aquello propuesto por Chaplin, recuperado por el Groucho y declamado en las postrimerías por Tati. Aquella propuesta reflexiva del humor. Con lo simple e inmediato. Con el gag impredecible y la astucia obsecuente del ajedrecista.
Compuesto por Bret McKenzie y Jemaine Clement, este dúo neozelandés saltó desde el anonimato gracias al programa de televisión de la HBO, llamado justamente Flight of the Conchords. Basado en las experiencias siempre derrotistas de ambos personajes, la cotidianeidad rebozada por la tenaz y crítica mirilla sarcástica, y la sobrecarga de inverosímiles, hicieron de esta serie una de las más aclamadas por la prensa y el público. Gracias a la popularidad de Flight of the Conchords, la banda homónima empezó a despegarse y en este, su segundo disco, se nota una aceitada y regular visión de las cosas. Todas las canciones incluidas son parte de la puesta en escena de la serie, temas recurrentes, ordinarios y peligrosos, visiones apocalípticas, irreales y procaces, le dan un sentido estético y autorreferencial único. Complementado por la promesa oscilante a través y por los climas, ritmos y sonoridades que derrocha este disco. Imprescindible y recomendable, como la serie de televisión.

I TOLD YOU I WAS FREAKY


TRACK A TRACK
El disco abre con una versión triste y pesimista del amor. Hurt Feelings se repite incansablemente para dejar en claro cuanto duele, en plan burlesco de los cantantes pop que lucran con sus angustias erráticas. El tema homenajea a Beck puesto en una licuadora junto con Britney y Christina.
Para demostrar la versatilidad del dúo, la variación de ritmos e influencias; en Sugar Lumps caricaturizan a la suntuosidad rapera, nacida del brazo huérfano de la réplica y la protesta para convertirse en otro producto más de la cultura idiotizante yanqui. El ritmo de Olodum inyectado en una máquina de videos pacmanianos.
Los geeks neozelandeses vuelve al ritmo hiphopero en We´re Both in Love with a Sexy Girl, aplicando el concepto conflictivo que separa a la amistad. La presencia de un tercero femenino que resulta ser, imposiblemente, objeto de deseo de ambos.
Todo lo que somos, lo que llevamos inscriptos de por vida y que tratamos de ocultar al resto, con máscaras, objetos y acciones: todos somos freaks. Y el concepto aplicado, en I Told you I was Freaky, cuarto tema el disco, ejemplifica el concepto. La amplitud gráfica de la serie de HBO ayuda para entenderlo aún más.
El rock comienza a hacer efecto en las venas del dúo con Demon Woman. Planteando un matrimonio agónico entre la psicodelia y el humor como resultado latente de la insatisfacción. La camaleónica tribulación de ambos es el recurso mejor guardado, tratando de escaparse de sí mismos, buscan y reinventan los ritmos. Automáticamente, pasan de un género a otro sin poder detenerse, llegando al quinto tema sin notar un atisbo de quietud. Rambling Through the Avenues of Times, homenajea o no – ya a esta altura no sé – al repertorio clásico del trovador concienzudo. Dylan, Lennon, Harrison, que parecen levantar la mano. Sin embargo, el pequeño sesgo sarcástico utilizado desnuda esta posibilidad. Y repentinamente el disco sigue, sin hacer una pausa a nuestra posibilidad de atención, toda la paleta de colores se transforma en una pared escrita con graffiti, reflexiva, autoreferencial. Cómo no podía ser de otra forma, en Fashion is Danger (La moda es peligrosa), este dúo de músicos nerds advierten, asumiendo su posición y estado, sobre los peligros latentes de la superficialidad, en grito electrónico, para seguir con el tono fluctuante del disco.
El circo de fenómenos sigue rodando por la carretera, instantes reflexivos comunicados con el duro puño del sarcasmo. En Petrov, Yelyena and Me, se escucha el ritmo gastado, una fotografía vieja sepultada tras el muro caído. Las esquirlas de guerra, las burlas a un comunismo fallido y el amor frío de narices coloradas por el sopor del vodka.
Llegando al clímax del disco, llevado casi abruptamente por estados tan contrastantes como increíbles, llega uno de los mejores temas del disco. Too Many Dicks on the Dancefloor (Demasiados pitos en la pista de baile), es el himno machista de fin de siglo, agregada a la frase populista: “mucho olor a bolas”, que resuena en cada una de las fiestas fallidas, cuando la hora insensata de la despedida nos acomete sin el calor necesario de una mujer a nuestro lado.
Si cualquier posibilidad de cordura parece desprenderse por las rendijas del disco, con el reggea You Don´t Have to be a Prostitute (No tienes que ser una prostituta), esa aseveración parece morir en su intento. Precisión inmediata, ejecución y lírica pedagógica.
Para ir cerrando el disco, los Flight of the Conchords se refugian, en duelo vocal, en el antihomenaje amistoso. Friends, es la crítica siempre despiadada, lo que se dice por las espaldas de los amigos. Lo que se tiñe de sinceridad frente a frente y luego se aborda con total crudeza y despotismo. Y el disco continúa, la consonancia de los climas propuesta se vierten en degradé hacia otro de los puntos álgidos de “I Told you I Was Freaky”, en este caso, el anteúltimo tema es: Carol Brown. La canción revisionista, el homenaje a los amores perdidos en el tiempo. Aquellas chicas de antaño que fueron fumigándose en las horas, en las lágrimas, en el cansancio y en las arrugas. A modo de acompañamiento, sigue el coro de ex novias para decorar una armónica canción a lo Bobby McFerrin.
Y el cauce de éxtasis, reflexión y, sobretodo, humor e ironía llega a su final. Disimuladamente se van yendo, con Angels, guitarra, coros asexuados y fade out.

TOO MANY DICKS ON THE DANCEFLOOR


CAROL BROWN (CHOIR OF EX GIRLFRIENDS)


FLIGHT OF THE CONCHORDS EN MY SPACE

FLIGHT OF THE CONCHORDS
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EL DESENCHUFADO DE IMFREAKALOT

Una generación se vio signada por los mandatos vacuos, semitransparentes y adoctrinadores de una cultura abrasiva y segmentaria, que los apartó de la esencia constitutiva de su propia sangre, sus genes, de su propio telurio. Esta generación sitiada por la propaganda imperialista, por las lucecitas de colores y los ídolos de cartón es la alimentada por la cultura MTV. Aquella que reúne y amolda, empaca y rótula a los seres, según normas y comportamientos, según ejemplos de vida (siempre rayanos con la superficialidad), según héroes apócrifos del Pop.
No hay dudas de que MTV es uno de los causales más gravitantes del destino de la música contemporánea, una parte del rock ha muerto gracias a esta cultura siniestra e inquisidora. Muchos músicos han perecido por lo que supone un camino accesible a la fama, convirtiéndolos en parte de ese sistema hacia un destino ya irrevocable.
Esta cultura ha construido a través de los años una imagen para que los jóvenes sientan pertenencia, identificación y comodidad. Pero el mensaje oculto tras esas intenciones son poco alentadores: se los invita solapadamente al desfile innecesario de consumismo, destinándolos a una decisión musical y cultural acotada.
Sin embargo, por más que IMFREAKALOT se desentienda de este monstruo y desmienta cualquier rumor de acercamiento a esta cultura, irremediablemente, como parte de esa generación que ha crecido con esta cultura de ídolos falsos y propaganda pro Tío Sam. Ha existido un tiempo en el que miraba parte de la programación, que alguna vez – ya no – supo entregar algunas dosis de creatividad y exhibicionismo poético a su empobrecida grilla semanal. Lo que quiero rescatar en este post especial, es el tiempo en que, todas las semanas, desfilaban verdaderos próceres – y no tanto – de la música, participando de las sesiones desenchufadas: MTV Unplugged.
A continuación, un derrotero de las quince mejores participaciones en este programa, que por varios motivos ha sentado un precedente en la música contemporánea: ha sobrevaluado a artistas, ha enaltecido a otros, ha empobrecido y, sobre todo, ha entregado verdaderos momentos de cenit musicales.


15. STONE TEMPLE PILOTS (1994)
Los STP hasta ese momento infravalorados por el mercado en auge del grunge, ocultos tras la sombra de Soundgarden, Pearl Jam y Alice in Chains, propusieron en este desenchufado una versión desenfadada, reconfortante e intimista de sus temas, que siempre apuestan al volumen alto y al histrionismo de Scott Weiland, su cantante.
En 1994, brindaron un show que los quitó de la marginalidad y los convirtió en referentes del movimiento. El punto álgido fue la participación vocal de Weiland, que, cómodamente sentado en un sillón, brindo un show impecable, demostrando sus grandes dotes como cantante. Aquí, haciendo “Creed”, del disco debut “Core”.



14. KORN (2007)
Los siempre mal vistos muchachitos del nü metal, aquellos del grito insoportable y los arreglos tonales semicuadrados, supieron deshacerse de ese encasillamiento caprichoso que su propia música obliga a ejercer. Con varios arreglos orquestales, una gran performance de su cantante, Jonathan Davis, y la participación de algunos invitados (Robert Smith, de The Cure y Amy Lee, de Evanescence), le dieron un giro inesperado a su carrera; quizás el último toque maestro a su ya sitiado destino de banda de moda.
Un excelente unplugged en tiempos donde escasean las innovaciones y la creatividad.
Aquí junto a Robert Smith haciendo “Make me bad”, fusionándolo con “Between Days” del propio Smith.



13. LAURYN HILL (2000)
Esta mujer proveniente de la cultura hip-hop emergente, se ha valido con sus propias armas – excelente voz y postura escénica – para independizarse del género, de su anterior banda, Fugees, y de los continuos ataques y presiones de la crítica. En este desenchufado muestra su estado más primitivo y auténtico, en tono intimista, logra conmover con canciones de tinte soul, valiéndose de una sola guitarra y el dulce color de su voz. Un ejemplo de lo que representó este show es esta versión de “I´ve Gotta Find Peace of Mind”, donde entona luchando contra sus lágrimas en emotiva versión. Como himno insigne de su propia vida. El rezo: tengo que encontrar un poco de paz a mi atormentada y controversial obra.



12. ALICE IN CHAINS (1996)
Otro de las bandas promotoras del grunge de Seattle ofreció en 1996 un show que, para la crítica, fue el mejor unplugged de la historia, pese al notorio estado de deterioro de Layne Staley, su vocalista, por su adicción a la heroína.
Un desenchufado que se destaca por esa participación casi silenciosa de un hombre que lucha contra su enfermedad, un grito de clemencia, de respiro entre tantas pesadillas. Lento y cálido, este show ofrece un clima monótono pero esencial, en donde el silencio (como parte fundamental del sonido, su arma más poderosa) marca el deterioro del tiempo y la posteridad de las canciones.
Esta versión de “Would?”, un tema al palo y sin tiempo para pensar en su versión original, marca el cambio radical, la utilización de los espacios sonoros y el clima por el que atraviesa todo el show.



11. SODA STÉREO (1996)
No sólo por la importancia de Soda Stéreo, también promovidos por MTV como el referente del rock L-A-T-I-N-O. Sino por el clima de la obra. Este show, como excusa para grabar el último disco importante de la banda “Confort y música para volar”, y para hacer ciertas las sospechas de que ya, la unión como banda, el espíritu creativo y el poder abrasivo se estaban extinguiendo.
La transformación de las glam songs de los ochenta a una atmósfera intimista, complementada por los arreglos de cuerda y la limpia voz de Cerati son los puntos altos de este disco-show. Y el ejemplo significante de que atravesando los problemas, Soda Stéreo aún era sólido y eficaz, marca registrada de un sonido que prevalece ante todo.
Esta es la versión de “Té para tres”, una transformación al propio volumen original.



10. ALANIS MORRISETTE (1999)
La chica canadiense que había irrumpido a principios de los noventa con su disco “Jagged Little Pill”, en plan restaurador hacia los sonidos de una nueva era, presenta en este show, su faceta más carismática y, sobre todo, ese costado algo relegado por el griterío asonante de algunos de sus temas, la claridad de su canto despejaron las dudas.
A tono con el clima intimista, alfombras hindúes, almohadones, guitarras electroacústicas y escobillas para la batería, este show presenta de manera axiomática a Alanis cantante, Alanis compositora, Alanis humana. De hecho, algunas de las versiones contenidas en el posterior disco superan las expectativas de las canciones originales y le dan una clave para lo que sería su posterior obra.
La versión de su tema “Head Over Feet” de su primer disco es sobrada muestra del tenor del show.



9. CHARLY GARCÍA (1997)
Como si los tiempos no hubieran pasado. Como si se mantuviera intacta la llama frenética del vocero nacional. Charly García ofrece a través de su clásico repertorio, un show amenizado por el sonido parsimonioso pero tocado con la misma frecuencia, coherencia y potencia de un show en un gran estadio. Impactante y furioso, muestra el desenfado característico, el virtuosismo de sus manos balanceándose a través de las teclas de su piano y el hálito de voz flemática y reflexiva nos dan la pauta de que el mito aún sigue latiendo en cada una de sus canciones, en cada rima, en cada punto. Los arreglos de cuerdas y el estupendo show brindado por María Gabriela Epumer complementan una actuación inolvidable. Es Charly en estado puro, cuando se lo suelta de un corral y se lo pone a hacer lo que sabe, en total libertad, sin complejos ni esquemas.
Entre tantos puntos altos, aquí hace “Pasajera en trance”.



8. PAUL MCCARTNEY (1991)
El niño bueno parece no querer abandonar, caprichosamente, aquél momento único en donde su vida se sostenía por el caos, por el entusiasmo popular y por el ir y venir de las giras. Aquel momento glorioso en donde pertenecía, como en un sueño, a la banda que marcó el destino inevitable de la música en el siglo XX. Esas cadenas que aún lo atan, preso de la melancolía, son las mismas que lo llevaron en andas a ofrecer este unplugged comprendido por una atmósfera de súbito revisionismo, de emotividad latente. El gran Paul construyó un show a través de las canciones que alguna vez lo depositaron junto a un dios, el dios del rock, cuando los Beatles lo eran todo, cuando su creatividad e inteligencia coordinaban junto a la de John Lennon el destino musical del universo.
Sin decir nada más, “We Can Work It Out”.



7. THE CURE (1991)
Si pudiera aplicarse algún título a este recordado espectáculo brindado por los vampiros británicos, ese sería el de la película dirigida por Jim Sharman, “The Rocky Picture Horror Show”.
En plan siniestro y perturbador, los liderados por el pre-Emo Robert Smith, brindaron un show original a la medida y necesidad de sus canciones. Clima oscurantista, columnas Transylvánicas, humos de toda índole, “cojines” y velas por doquier, acompañaron al catálogo melancólico de The Cure. Versiones simples y contundentes destinadas al golpe directo a la pasividad, al corazón rocoso, promoviendo ese clima propicio para: a) romper en llantos, b) caer en la introspección, c) aquietarse por lo tétrico de sus interpretaciones.
A continuación, “Just Like Heaven”. Himno fatalista de la gran banda de Sussex.



6. R.E.M. (1991)
Existen dos partes fundamentales en la concepción y posterior desarrollo de una banda. Una de ellas es lo logrado a través de una coherencia tanto interpretativa como autoral, marcada por el sello característico impuesto desde el momento de su concepción. La otra faceta, un poco más desprolija y heterodoxa, llega al momento en que lo citado anteriormente se pone de manifiesto en escena. Esta parte esencial y constitutiva de una banda esta signada por lo más primitivo: el momento en que, unos – los músicos – y otros – los espectadores – se enfrentan cara a cara.
En este unplugged, la banda liderada por el carismático Michael Stipe, se encuentran con ese primitivismo, auspiciado por la espontaneidad de sus canciones y por el marco introspectivo del show. Es el momento en que se desvisten las mentiras y lo más auténtico sale a la luz. Con gran cintura, los R.E.M., envueltos en el mareo excesivo de su acentuada exposición gracias al superconocido hit “Losing my Religion”, sacan de sus entrañas ese perfil remoto: músicos en pleno goce de sus canciones.
El ejemplo más claro es la versión de “It´s the End of the World As We Know It (And Feel Fine)”. Un tema no previsto antes del show, en donde tuvieron la necesidad de improvisar sin haberlo ensayado. Aún así, logran una canción visceral con el espíritu rebelde del punk.



5. LUIS ALBERTO SPINETTA (1997)
El hombre se trasviste con tantos elementos que ya es imposible saber que ropaje le corresponde. El héroe roquero argentino, Luis Alberto Spinetta, ha probado su suerte con miles de artilugios y, como siempre, ha salido airoso en cada oportunidad. Mil vidas tiene y ninguna a perdido, pasando por diferentes estadios emocionales, musicales, culturales. Su música tanto como su pluma ha prevalecido a través de las eras, a través de los estilos, a través de las generaciones. En este desenchufado vuelve a tentar a su suerte, volviendo a su repertorio ecléctico y heterogéneo un aire renovador. Los matices de una escala musical superior, arreglos, interpretaciones, y sobre todo, el sentido interpretativo intacto, le devuelve a este show un clima reconfortante y la señal de que Luis Alberto Spinetta pese a todo, prevalece.
Versión sinfónica de “Laura va”, canción de Almendra.



4. PEARL JAM (1992)
En pleno auge grunge, cuando las invitaciones a las bandas de este estilo eran incesantes, los Pearl Jam han podido y sabido despegarse de la carcaza rudimentaria que los mantenía herméticos y unidos al aparato que los había vuelto populares. Como pasa hoy, donde han sabido, a fuerza de inquietud, virtuosismo y creatividad, saber prevalecer más allá de un tiempo determinado; en aquel entonces, se volvieron capaces de reinventar sus canciones, aplacarlas y volverlas amigables a todo público.
El show es una muestra desgarradora de la interpretación de Eddie Vedder, que conjuga la sofisticación de la técnica vocal con algo más humano, visceral, el canto proveniente de los sentimientos y la emotividad. Complementado por las sutilezas de una banda sólida y en pleno estado de innovación sonora.
En este video ofrecen su más destacada interpretación, la fuerza vocal y el clima ameno de “Black” se destaca del resto.



3. ERIC CLAPTON (1992)
Clapton es, uno de los músicos más influyentes de la historia del rock. El estandarte de la constitución del rock como género, el primero en descoser su guitarra con achaques y solos imposibles. El creador de Cream, la banda que transformó el pensamiento pacato acerca del rock como movimiento. El héroe que influyó a Hendrix, y que posteriormente fue desterrado por su discípulo. Luego de aquellos años dorados, Clapton ya devoto del blues, ídolo blanco del género negro por excelencia, fue opacandose por la moda, por la infelicidad de los tiempos y por sus propios demonios.
En este unplugged, uno de los más paradigmáticos de la historia del programa, Clapton se monta en el Ave Fénix, volviendose fuerte a base de sus canciones más conmovedoras y de sus solos únicos.
“Running on Faith” es el mejor tema del show, que permaneció solapado por otras interpretaciones más populistas como “Tears in Heaven” o “Layla”.



2. JIMMY PAGE & ROBERT PLANT (1994)
Después de que los tiempos hayan sesgado las aguas del rock manifiesto; cuando parecía perdida aquella vieja insignia y se acometían unos a otros, desesperados, las nuevas bandas que poco ofrecían. Jimmy Page y Robert Plant, tuvieron la necesidad de encontrarse, como alarma, como método de rescate hacia el destino irrevocable que el rock estaba tomando por asalto. Ya nada queda por decir de estos dos genios de la música contemporánea, estandartes de Led Zeppelin, figuras intachables de la escena roquera, devolvieron un show a la medida de las expectativas, llenando el vaso con puro éxtasis, recuperando la posta y corrigiendo el camino.
Versiones gigantes de sus ya gigantes temas, acompañados por la Filarmónica de Londres y por un séquito de músicos que nunca desentonaron con el clima propuesto por Page y Plant.
“No Quarter” para goce visual y auditivo, para la posteridad.



1. NIRVANA (1993)
La importancia de este show como hecho histórico es imprescindible. Primer punto, porque marca el fin de una era. Es el último show televisado ofrecido por Kurt Cobain: el último gran héroe del rock universal. Segundo punto, porque todo el show esta viciado de una atmósfera rara. Quizás, la presunción de un final latente le brinda a la interpretación de Cobain un matiz taciturno, desesperado, desesperanzador. Y a su vez, conjugado con una fuerte precisión vocal, desgarradora.
El tercer punto muestra como una banda en absoluto apogeo logra evadirse de sus responsabilidades. Reinventándose a sí mismos, cambian el sonidos estertóreo por un clima inusitado, de absoluta convivencia con los silencios y los climas tristes.
Por esto, el MTV Unplugged de Nirvana es y será el show más importante de la historia.
El final del capítulo, "All Apologies"

31. "Despedazado por mil partes". LA RENGA (1996)


De toda la gamma musical que ofrece el rock argentino – cada vez menos – podríamos decir que La Renga es la única banda que rescata lo más primitivo del hard rock. Salvando las distancias, su proximidad absoluta con AC/DC, Black Sabbath o Deep Purple, le abrieron camino en el mudillo musical como un power trío con arrabal porteño, con la furia sosegada de los relegados y gracias a su evocación constante al Indio Solari.
Sacaron tres discos al mercado donde, con más detalle se nota esa violencia contenida, la bravuconería y los deseos de superación. Pero no fue hasta 1996, cuando salió “Despedazado por mil partes” (error sintáctico. Sería: en mil partes) donde brotarían desde los suburbios y los teatros reducidos para transformarse definitivamente en una de las bandas más importantes de la escena local. Quizás, gracias al lanzamiento de canciones más emparentadas con lo pop (no como género, no se asusten) como “La balada del diablo y la muerte”, “Psilocybe mexicana” y “Veneno”, o quizás, por la calidad sonora y más estructurada de este disco, haciendolo más agradable sonoramente, más elaborado y donde el Chizzo Nápoli logra una mayor contundencia poética que en sus antecesoras canciones.
Sin embargo, detrás de toda la materia cruda de La Renga y su “Despedazado por mil partes” se encuentra el verdadero espíritu rockero sin escrúpulos, dispuesto a rodar la maquinaria en donde las guitarras distorsionadas y superamplificadas llevan la delantera.

LO FRÁGIL DE LA LOCURA, LA RENGA

32. "El hombre montaña". LOS NATAS (2006)




PARA CONOCER LA RESEÑA DE LOS NATAS Y SU DISCO "EL HOMBRE MONTAÑA", CLICKEÁ AQUÍ Y TE LLEVARÁ A LA RESEÑA HECHA EN LOS 100 MEJORES DISCOS DE LA DÉCADA (2000/09)

NATAS, HUMO NEGRO DEL VATICANO

33. "La máquina de hacer pájaros". LA MÁQUINA DE HACER PÁJAROS (1976)


El padre del rock argento, Carlos Alberto García Moreno, se ha vuelto una figura indiscutible por varios motivos. Los que saben, dicen que es por su visión premonitoria de los ritmos que están por venir. Otros, destacan la calidad de composición tanto musical como poética. Algunos, rescatan su postura rocker frente a la vida y a los diferentes momentos que tuvo que atravesar. Yo prefiero guiarme por los del primer grupo. Charly García es, un visionario ante todo. Un músico que supo adelantarse a su tiempo creando obras para la posteridad, que marcarán, sin dudas, el destino musical de sus contemporáneos.
Supo introducir el folk dylaniano en canciones introspectivas y naif con Sui Generis. Supo, también, participar de una superbanda donde todos los componentes se complementaban de manera absoluta entregando dosis de verdaderos cenit musicales, Serú Girán. Supo ser el portavoz adolescente de la crítica social, económica y política durante los años del ocaso nacional, convirtiéndose en un trovador de los lamentos. Y tanto hizo, solo y acompañado, que dio el puntapié para que luego (ya lo decía Gieco) varios Sallieris se suban a su tren.
Luego de la separación premeditada de Sui Generis, García, obnubilado por los ritmos experimentales del rock sinfónico de Genesis y Yes, decidió crear una banda de grandes músicos (Cutaia, ex Pescado Rabioso, Bazterrica, futuro Abuelos de la Nada, Moro, ex Los Gatos y futuro Serú Girán, y José Luis Fernández, ex Crucis) para crear estructuras sofisticadas que le den el vuelo autoral que estaba necesitando. La Máquina de Hacer Pájaros es el escondite inspirador de Charly, de música intelectual y de vuelo poético. En el disco debut de la banda, homónimo, se dan cita grandes canciones de tinte experimental, donde, como no podía ser de otra forma, Charly sobresale por su solo espíritu cautivador.

LA MAQUINA DE HACER PAJAROS: BOLETOS, PASES Y ABONOS

34. "Fotos de Tokyo". PEDRO AZNAR (1986)


Pedro Aznar es, sin dudas, uno de los tres mejores bajistas del rock local. Su prematura carrera dentro de los escenarios del mainstrean rockero le otorgó, como fruto, una extenso aprendizaje al lado de los grandes: Charly, Lebón, Spinetta, Pappo. Ese aprendizaje le dio armas para defenderse por si solo cuando fuera necesario, cuando el camino grupal se vea allanado y la soledad lo sorprenda sin pan en las manos. Y tanto aprendió, que a la hora de salir a rodar en solitario, tuvo poderosas armas de defensa: sonidos complejos en tanto arquitectura de sus partituras, una voz sensible y una lírica bella, melancólica y reflexiva.
“Fotos de Tokyo” refleja todo el trabajo de un hombre tras una obra musical. Es el extenso trabajo de la materia de Pedro, en donde pone en práctica, de manera pragmática y sensitiva todo lo aprendido en el viaje. Sobre unas bases electrónicas, típica puesta ochentosa, predominio del sampler y las repeticiones cíclicas de las notas, imprime las notas de una guitarra que marcan el contorno del disco, de las canciones de espíritu sincero y en donde se atreve a experimentar sonidos con su bajo característico made in Serú Girán. También, y como si fuera poco, se anima a las pequeñas baladas románticas que sirven de oasis entre tanta parafernalia tecnológica, entre tanto sonido de moda.
Así termina el disco, una amalgama de sonidos uniformes que Aznar convierte en canciones placenteras, sin dejar de obviar la galáctica versión de “Across the Universe” de los Beatles.

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