36. "Crucis". CRUCIS (1975)


Al borde de la debacle social, de la catástrofe ignominiosa militar, todavía en Argentina se respiraba un aire libre, de pura magia creativa. Crucis, primera banda masiva de rock sinfónico, dejaba boquiabierto al público, derrochando un sinfreno poético, un espíritu creativo sin precedentes, sustentado en el virtuosismo de sus componentes, en clara referencia a un rock maduro, a un rock de ensayo, de puro planeamiento y ejecución sin igual.
Una alternativa significante que daba un nuevo rumbo a la música progresiva de por entonces, un recorrido por todos los estadios de la mente, representados a través de la música con consciencia, de la música experimental.
“Crucis”, sienta sus bases en un sonido poderoso, hermético y crudo. Pariente criollo de Genesis y Yes, este disco derrocha climas, paisajes, lecturas y alegorías, que, desde una comprensión inmediata y superflua, sobreentiende el significado de su construcción: la libertad creativa, la experimentación y la innovación.
Tal fue la repercusión de Crucis, allá por 1974, que Charly García, al oírlos en un recital ofrecido en el Teatro Astral, se ofreció para producirles un disco, este disco homónimo.
Los malos tiempos vinieron, luego de una extensa gira por Estados Unidos, y luego de grabar un segundo disco, “Los delirios del Mariscal”. Crucis se separa antes del advenimiento de la historia negra nacional.

"LA TRISTE VISIÓN DEL ENTIERRO PROPIO", CRUCIS

37. "After Chabón". SUMO (1987)


Todos sabemos sobre la vida de Sumo, al menos, la vertiginosa carrera contra la muerte de Luca Prodan. En resumen, un italiano que llega tratando de escaparle a la heroína desde Londres. Por una postal que le gustó, recala en Traslasierra, Córdoba. Allí conoce a Daffunchio y Sokol, empezando a darle vida a Sumo. Se suman Arnedo, Mollo, “Superman” Troglio, y más tarde, Roberto Pettinato en saxo, luego de un frustrado paso de Willy Crook.
La figura hipnótica de Luca sobre el escenario, ya instalados en Buenos Aires, precisamente en el Abasto, inquietan al público del ya conocido paracultural porteño, en pleno éxtasis postdictadura. A tono, Sumo, gracias a las reminiscencias musicales que Prodan extrajo desde Europa, comienzan a contagiar con un canto contestatario, a veces repudiado por su lírica anglosajona, sobre bases punks, reggea, ska, new wave, adquiere un matiz inhóspito para la música argentina.
Aquí subyace la verdadera importancia de Sumo para la historia del rock argentino, gracias a Luca y su trotamundismo, se conocieron por estos lares, sonidos que permanecían censurados, ocultos tras las canciones complacientes que trataban de reflejar una Argentina derecha y humana.
“After Chabón” el último disco editado de Luca en vida, muestra a Sumo mucho más profesionalizado, más autodidacta y asentados en los ritmos que ellos mismos impusieron en la escena local. El disco es un derrotero de canciones impresionantes, de hitos en la historia de Sumo y del rock contemporáneo. Desde el comienzo, raíces escocesas de Prodan, con “Crua chan”, pasando por el himno-reggea “No tan distintos (esperando 1989)”, hasta la obra maestra arrabalera “Mañanas en el Abasto”, y los ya conocidos “Lo quiero ya”, “Hello Frank” y “El cieguito volador”.
“After Chabón” es un disco imprescindible para entender la realidad actual de la música argentina, todas las influencias europeas y yanquis puestas al servicio de un disco sin fisuras.

PRESENTACIÓN DE LLEGANDO LOS MONOS, "CRUA CHAN", DE AFTER CHABÓN

38. "El nuevo camino del hombre". A.N.I.M.A.L. (1996)


Acosados nuestros indios murieron al luchar, nació como una banda del underground porteño, mezclando un crudo y poderoso hardcore con el thrash metal (reminiscencias de Metallica o Megadeth) y el punk.
“El nuevo camino del hombre” es el disco fundamental de la banda, en sus mejores tiempos, con su mejor formación: Martín Carrizo, Marcelo “Corbata” Corbalán y Andrés Giménez. En tiempos furtivos para la innovación musical, los A.N.I.M.A.L. se animaron al cambio como contrapropuesta de la manoseada escena heavy, que tenía como estandartes al inefable fascista Ricardo Iorio y sus súbditos de clones: Malón, Tren Loco, etc. Ni que hablar de los ya viejos y gastados, calzados en ridículos cueros, Riff.
Primitivamente, la banda nace proponiendo una mirada intelectual y contestataria sobre la realidad argentina, haciendo hincapié en rescatar las raíces de nuestra sangre: la matanza aborigen y la usurpación de tierras por parte de los popes económicos. A esta pose contestataria se le suman los elementos ya nombrados, el poder hermético de una banda que experimenta con lo más crudo del género, y donde resalta el virtuosismo de Carrizo en batería, la voz pútrida de Giménez y los coros sanguinolentos de Corbalán.
Como a todo tiempo de buenas cosechas le llegan las malas, a A.N.I.M.A.L., quizás sucumbidos por su propio peso, cayeron, y nunca más pudieron igualar el éxito y la creatividad de “El nuevo camino del hombre”.

"AMIGOS", A.N.I.M.A.L.

39. "Chaco". ILLYA KURYAKI AND THE VALDERRAMAS (1995)


Este disco presenta una faceta diferente de los Kuryaki, que, hasta ese momento, era un dúo de raperitos auspiciados por el flaco Spinetta con la única virtud que uno de sus miembros es descendiente directo del gran poeta argentino. A partir de “Chaco”, se despegan de ese karma para brindarnos un disco que mezcla una ecléctica gama de sonidos, sustentados por un funk primitivo, crudo, y que combina canciones donde ambos cantantes (Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur) demuestran su sensibilidad artística y poética, donde la simplicidad recobra nuevos valores de emotividad sonora. El recorrido a través del disco nos brinda diferentes momentos en los que nos predisponen a una serie de sentimientos, de circunstancias introspectivas; nos obligan, casi de manera aleatoria, a prestarnos a un compromiso auditivo y concienzudo con la obra. Nos llevan por momentos de naturalidad musical en los que el arreglo vocal y la poesía surrealista (legado directo de Spinetta padre) evocan imágenes nostálgicas; hasta atraernos a un magnetismo brutal por los funks rapeados, característicos de la banda, en los que no dejan de lado el compromiso social y el poder automático de un intento de hardcore. Esa búsqueda musical hacia un sonido pulido, característico, lo llevarán más tarde a ser identificado con un movimiento arraigado y particular, estética mediante: las películas de Bruce Lee, las pandillas de los barrios marginales, los colores vivos y el erotismo.

NO SE DEJEN ENGAÑAR POR LA TAPA DEL DISCO QUE APARECE EN EL VIDEO, "HERMOSA FROM HEAVEN", de "CHACO".

40. "Espiritango". LOS VISITANTES (1994)


Depositados como la banda revelación de 1992, Palo Pandolfo, el trovador oscuro de los ochenta, al mando de Don Cornelio y La Zona, rearma un grupo con reminiscencias de ese oscuro pasado, ya no tan glam ni tan The Cure, para transformarlo en un experimento que fusiona ritmos centroamericanos, tangos y demases acuarelas.
“Espiritango” es el disco impostergable de esta banda, que con ribetes oscurantistas, presos de aquella vieja gloria, se animan a jugar con los ritmos, aportando, además, la sórdida poesía de Pandolfo que mezcla barrio, arrabal, con un apocalíptica mirada del mundo. La pose contestataria, los preceptos marxistas y una refrescante versión algo lisérgica de su música, se transfiguran en un disco que desborda puro rock: oíd mortales el grito sagrado.
Los Visitantes, en “Espiritango” de 1994, ofrecen un recorrido audiovisual (si, audiovisual) por los diferentes estados de ánimo, por diferentes estratagemas de comprensión, abordando casi todos los estilos, fusionados, mezclados, para determinar un resultado inusitado, un resultado poco convencional.
Se revelan las canciones desvariadas y asimétricas, sostenidas en una guitarra que se pasea entre riffs y locuras, como “Villa Domínico” o “Sopa yanqui”; donde la voz casi afónica y asonante de Pandolfo produce un calamitoso final. Así como también, los rítmicos “Mamita dulce” y “La ondulación”. Todo parece echado adrede dentro de una bolsa, para rescatar aleatoriamente fragmentos que darán como consecuencia un disco lleno de matices y bonitos momentos, en el que resalta, sin dudas, el magnífico “Gris atardecer”.

"GRIS ATARDECER", LOS VISITANTES

CLASE V. IAN CURTIS & ELLIOT SMITH


LOS ABUELOS DE LA NADA
Fragmentos de oscuridad, la vida apática que devuelve el estrellato y posterior ocaso. Los mimos se transforman en ausencias, en el momento oportuno, en el silencio más inusitado. Todo parece perfecto hasta que, sin remedio, la realidad se condensa y los vuelve presos instintivamente de una maquinaria, ya vueltos engranaje, que es imposible destruir.
Desde los suburbios y recónditos lugares de la mente, desde el adoquín y el techo con goteras, algunos trovadores se arman de fuerzas para poder gritar, desde el hospicio, sus lamentos, para demostrar al mundo – al resto – de que nada de lo que se muestra, la brillantina y luces de colores del estrellato, es realmente verdad. Todo es un escenario, una matrix, un lugar en que se aloja a los artistas para devorarlos, para transformarlos en presas perfectas de la antropofagia comercial.
La melancolía, la soledad, como escudo protector ante el advenimiento de una catástrofe, como freno preventivo de los flashes hipnotizadores. Y en ese ostracismo, Ian Curtis y Elliot Smith, en su respectivo tiempo, en su respectivo movimiento, en su respectivo lugar de desarrollo; tuvieron el final esperado: la escapatoria simplista a todo un aparato construido a su alrededor que terminó fagocitándolos.

JOY DIVISION, "SHE´S LOST CONTROL"


ELLIOT SMITH, "ANGELES".


TROVADORES DE LO OSCURO
Ian Curtis, así, sombrío, autista, epiléptico, cambio el rumbo de la música contemporánea. Piloteando la nave de los excesos ochentistas en Manchester, comandando con su voz de ultratumba el destino de Joy Division.
Destacado poeta prematuro, influenciado por la pluma de Burroughs, llevaba en sus entrañas el espíritu rebelde de quien habita los suburbios británicos, con toda esa furia contenida del movimiento obrero, de la contrapropuesta al ya marquetinero punk que se respiraba en cada esquina londinense.
Elliot Smith, desde otro punto del planeta, también imperialista, también capitalista, años más tarde, escribía sobre los restos de papel los acordes de su guitarra y le ponía voz, de esas que tocan el alma, a canciones simples, para nada intrincadas, que resumían todo el sufrimiento, la melancolía de quien habita tierras donde lo importante es lo instantáneo, lo superfluo, la apariencia. Actor contracultural del grunge, imprimía en sus canciones, poética esbelta de por medio, el sentimiento visceral de la soledad que produce el aislamiento, la alienación y, como se ven las cosas desde la vereda de enfrente.
Joy Division permaneció sólo un par de años, sin embargo, le sirvió, gracias a la mano interventora de Tony Wilson (sino, vean “24 Hours Party People”), para ubicarse como la banda más paradigmática de la música contemporánea. Gracias al melancólico y depresivo Curtis, la banda supo empaquetarlo dentro de un sonido áspero, oscuro, y mixturarlo con las nuevas tendencias tecnológicas. Así, Joy Division, primer estandarte de la new wave británica, es el Adán o Eva de la música electrónica. Simplemente, el fluir de su música nos lleva inconscientemente a un asonante y reiterativo ritmo, a una simplicidad matemática de música en movimiento.
Mientras Kurt Cobain, Pearl Jam, Soundgarden, Stone Temple Pilots, entre otros, disfrutaban el apogeo inminente de su música grunge; Elliot Smith, refugiado en los sótanos de su música, dibujaba paisajes, relataba verdades e incontinencias de ese subrepticio momento en el que, la mayoría, estadounidenses se veían involucrados. En plena alegría post-muro, en triunfo capitalista de dinero fácil, se acometían a lo esperado: la estupidez, el consumismo, la alienación.
Y un día, sin darse cuenta, Elliot se metió dentro de esa máquina infantil y ordinaria. En un sacudón lo depositó en una sala de grabación, sacando disco tras disco: su suerte, tanto como su poesía contestataria, se volvió parte de ese sistema. Ian Curtis, sumido a sus continuos ataques de epilepsia y a su introspección (algo que se volvió una significativa actuación sobre el escenario), dándose vuelta, se enfrentó sin querer al mismo problema. Aquello que veía apático y vacuo, aquél movimiento insignificante que las masas habían tomado prestado para volverlo una tradición, se le venía encima como algo inatajable.
Elliot sucumbió ante su depresivo comportamiento, y se entregó a las duras rutinas de heroína y crack. Ian, sucumbió ante sus constantes ataques de pánico y ante lo inevitable del mundo, que ya sentía, no podía controlar.
Elliot murió a los 34 años de dos puñaladas en el pecho que el mismo se infligió. Ian, murió a los 23 años, ahorcado, mientras escuchaba el disco de Iggy Pop, “The Idiot”.

ELLIOT SMITH, "BETWEEN THE BARS"


JOY DIVISION, "TRANSMISSION"

"BACKSPACER" - Pearl Jam


Lo estaba esperando – nótese la inscripción en mi remera del banner – con ansias, con entusiasmo y con elevada expectativa; finalmente llegó el nuevo disco de Pearl Jam, “Backspacer”. Al margen de cualquier intento subjetivo, notarán, sin dudas, un dejo de admiración y poca cordura al escribir estas breves líneas. Sin embargo, me comprometo con ustedes, mis lectores, a tratar de depositarme firmemente dentro del imposible* lugar llamado objetividad.
Ese techo, elevado, en el que delimité mis expectativas sin embargo, me devolvió un sentido agridulce a mis papilas gustativas. Por un lado, supe con certeza que siempre uno espera demasiado de algo a quien observa con atención, a quien le dedica y lo deposita en un lugar (remitiéndome a mi mismo) de objeto de ciega adoración. Pero el sentido más radical que me devolvió, cual cachetazo a la mañana, es, sin dudas, que esas expectativas depositadas resultaron un tanto desconsideradas, sin haberme dado cuenta que Pearl Jam siempre me sorprende.
Alojados nuevamente dentro de la maquinaria grunge demoledora, ultrasonora y esencial, Pearl Jam, en plan revisionista parece borrar (backspace) de su memoria los vestigios de cualquier posicionamiento dentro de las alturas en que se los ubica, para volver a sus fuentes, la sofisticación de un sonido prematuro, crudo y totalmente único.
“Backspacer”, en alusión al backspace del teclado, herramienta que sirve para borrar los errores; es el título perfecto para demostrar con sobradamente una suerte de amnesia temporal que los deposita nuevamente en proyecto de redescubrimiento.
Pearl Jam vuelve a sentar las bases en la potencia, en un sofisticado sonido ya probado por la banda hace una década, sobre el final del siglo pasado. Donde la búsqueda, sustentado en la rítmica de las guitarras y en la poética romántica de Eddie Vedder, que, intentando olvidarse los logros obtenidos (y asumidos), vuelve para dejar esa sombría marca del pasado.
Todavía, aunque más cansados, se notan los vestigios del romanticismo por una época que cayó hecha añicos, pero igual de salvajes y perfeccionistas. Eddie Vedder termina de sellar el disco con una experiencia mucho más enriquecedora, donde los destellos de su canto, armónico, simple y visceral, detallan cada frase que ronquea.
La libertad como en los sueños más perfectos se descomprimen, se abren nuevos libros, nuevas historias para contar, y el pacto silencioso, leal, con su público parece convertirse en un nuevo modelo a seguir. Pearl Jam, como nunca, parece entender el juego tirado al azar, con su público y logran un disco a la medida. Es el estado en donde dejaron las cosas después del idilio, en el cual los convirtió popularmente en una banda de culto que supo redefinirse, que supo escaparse a la sombra del gran dios postmoderno Kurt Cobain. Más maduros, todavía se nota entrelineas, ese deseo fulminante de descontrol automatizado, dejando como siempre su sello nostálgico y de protesta.
Investigándose a si mismos, Pearl Jam logra un disco en el que, quizás, sin darse cuenta, logran sacar el jugo de lo que mejor atesoran: la potencia, la nostalgia y el esplendor.

*Imposible desde cualquier punto de vista.

Corto sobre la gira de BACKSPACER, que, O-J-A-L-Á, los traiga a Argentina el año que viene.


TRACK A TRACK
Gonna See my Friends abre el disco con lo mejor que tienen. Desde las entrañas de la canción se nota el retroceso en sus huellas, un pasado punkroquer de la mano de Joey Ramone, se entremezcla con una guitarra a lo Angus Young. El poder vocal de Eddie Vedder delimita el camino y lo absorbe como el mejor cuentacuentos.
El segundo tema, Got Some, muestra facetas imprescindibles del rock contemporáneo desde Estados Unidos. Una canción donde se fusionan y se pueden sentir, nuevamente, el ritmo alocado de los Ramones, con el stoner de Queens of the Stone Age y, solapadamente, las nuevas influencias de la mano de The Strokes y The White Stripes. Parece que, “Got Some”, es la perfecta revisión a ellos mismos en el rol que ocupan dentro de la actualidad roquera estadounidense.
La canción más emblemática y que le da vida y concepto a “Backspacer” es The Fixer, tercer track del disco, donde a través de su métrica, las guitarras pirotécnicas y el canto visceral de Vedder, nos deja una moraleja perfecta: el borrar lo hecho y arreglarlo. Esta es el leit motiv de Pearl Jam. Analizar su pasado, reinventarlo, arreglarlo para volverse aún más fuertes.
Le sigue Johnny Guitar, un potente rock de tres minutos que representa el espíritu siempre acelerado y ansioso de la banda. En sintonía con “The Fixer” (musicalmente hablando) donde predominan los cambios de ritmo, las apariciones fulgurantes de la guitarra de Ament y los sucesivos climas que nos transmite.
En Just Breathe, parecen bajar los decibeles. El canto crudo y afónico de Eddie tras la guitarra a ritmo de folk, nos lleva a esos paisajes áridos y nostálgicos siempre conocidos en el álbum de colecciones de Pearl Jam. Tranquilizador, melancólico y perdurable.
“Just Breathe” marca un antes y un después en el disco. A modo de separador, divide a “Backspacer” en dos. La segunda parte del disco parece aquietarse, tras la sofisticación del sonido, donde las armonías marcadas por la siempre acertada guitarra de Ament, le dan paso a canciones más introspectivas, revitalizantes. Y oportunamente aparece Amongst the Waves, que nos remite al Pearl Jam más cercano; el de “Riot Act” o “Yield”. Y en ese camino prosiguen. El siguiente tema es Unthought Known. Melódico, sincrético, melancólico. En sintonía con algunos de sus temas más insignes como “Love Boat Captain” (de “Riot Act”) o “Betterman” (de “Vitalogy”). Eddie Vedder, si algo tiene de innegable, es su sinceridad interpretativa, y en lo que respecta al disco a partir de aquí, es justamente la capacidad por transmitir sus emociones a flor de piel y reflejarlas a través de las notas.
La vuelta recrudecida se produce con Supersonic, un rock violento que parece reavivar la llama perdida en los noventa, de la mano de Stone Temple Pilots y Soundgarden. Fuertemente, vuelve a marcar el quiebre, como un respiro, para terminar de escuchar un disco totalmente policlimático. Speed of Sound, retoma la esencia de “Amongst the Waves” y “Unthought Known”, cansino y armonioso, nos prepara el campo para el final.
Justamente el final se trata de The End. Un grito final, casi sordo, casi inactivo de instrumentos. Eddie Vedder se pone al frente de la canción, en tono intimista y reflexivo, susurra al oido las bases de este cambio, de este vuelta atrás por parte de la banda. Pero antes, Pearl Jam se empieza a despedir con Force of Nature, otro tema a tono con el concepto del disco. Reminiscencias de un tiempo pasado, ¿mejor?.

PRIMER CORTE, "THE FIXER"


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TEN CLUB, PEARL JAM EN MYSPACE

41. "Don Leopardo". BERSUIT VERGARABAT (1995)


En alguna época, contemporánea a la salida de “Don Leopardo” específicamente, Bersuit Vergarabat todavía contenía en sus entrañas una suerte de dialogo directo con su público – por aquel entonces, unas mil personas -, siendo conscientes de que cualquier locura cometida dentro y fuera de su vida musical iba a ser aceptada, o cuanto menos, pasada por una franca dialéctica entre ambos (público y banda). Ellos, también parte de ese movimiento subterráneo, parte de ese seudo anonimato comercial, en donde radica una suerte de no presión a las necesidades, eran conscientes de que ese sortilegio por el que atravesaban les brindaba un colchón más o menos aceptable para sus delirios musicales, poéticos, extremos.
Todo eso pasó hace mucho, década y media atrás. Mucho antes de que la bola populachera los deglutiera como aperitivo por sus torpezas, por sus cursilerías, por sus contradicciones. Mucho antes de que Cordera, el supuesto líder de opinión concienzuda, el renegado, el crítico de la irreverente sociedad argentina, se fuera a tomar porongos al Uruguay en su palacete a orillas del mar. Mucho antes de que la argentinidad se apropiara de sus experiencias de vida. Mucho antes de que los pijamas tengan un verdadero significado. Mucho antes de todo eso, lograron sacar un buen disco conceptual, concentrando toda su capacidad en variados ritmos, en consecuencia con una poética contracultural, enarbolando la bandera de las minorías, de los que se alojan en el más bajo escalafón social y cultural.
“Don Leopardo” es el disco más significante de aquél Bersuit Vergarabat. Poco después vendrá el “Libertinaje” musical, donde todo se les escapará de las manos.
Varias canciones, desde “Espíritu en esta selva”, “Ruego” y “Madrugón”, combinan una eclecticidad de sonidos que se fusionan para entregar lo mejor realizado por la banda.

"ojo por ojojo", un delirio encarnado en los tiempos de amaestramiento

42. "Ns/Nc". CIENFUEGOS (1998)


La vida musical de Cienfuegos siempre estuvo relacionada con las interrupciones y el hastío. La vida de la banda se remonta a los inicios punks en nuestro país. A principios de los ochentas, compartían escenario con Los Violadores, Los Laxantes (gérmen de Todos Tus Muertos) y Attaque 77. Pero la inclusión de Sergio Rotman y Marcelos Ricciardi, para tocar el saxofón y la batería respectivamente, en Los Fabulosos Cadillacs, apagó la insipiente vida de Cienfuegos.
En 1994, y en la cresta de la ola Cadillacs, Rotman se aleja para volver a reunirse con sus antiguos compañeros de banda en lo que será lo más suculento de Cienfuegos, musicalmente hablando.
Después de “Cienfuegos” de 1997, un disco que destaca las raíces punks y el estallido postmoderno de rebelión; un año más tarde graban “Ns/Nc”, el mejor disco de la banda. Caracterizado por un espíritu más experimental, con canciones más melódicas, incluyendo varios instrumentos no tradicionales dentro de la estética punk. Sin embargo, por las pequeñas rendijas se deja escapar, todavía, ese primitivismo punk rock de puro anarquismo musical, de pura bronca contenida, de pura lírica cruda e incoherente. Esa experimentación incluye los armónicos arreglos de cuerdas en “La importancia del hombre”, una oda existencialista naif, el acordeón en el cover de Talking Heads, “Once in a Lifetime”, y los ritmos centroamericanos en “¿Querés saber lo que es estar muerto?”.
Luego de la grabación de un tercer disco, “Hacia el cosmos”, nuevamente la vida musical de Cienfuegos se verá interrumpida, esta vez por el hastío, cuando Sergio Rotman encabece el proyecto para dar a conocer al mainstream porteño a Mimí Maura, su mujer.

"Ns/Nc", para surcar el espacio

43. "Bocanada". GUSTAVO CERATI (1999)


Luego de la multitudinaria disolución de Soda Stéreo, Gustavo Cerati, lanza un disco definitivo en la historia del rock argentino. ¿Por qué definitivo? Porque marca el quiebre, la separación de los ritmos, y la inclusión de una pirotécnica y electrónica versión del rock. Sin remiendos, Gustavo echa mano a las nuevas prácticas tecnológicas y a las sofisticadas arquitecturas musicales para desterrar el mito en la consciencia popular de que el rock se trata de echar riffs a lo lago y ancho de una canción.
A partir de “Bocanada”, Cerati experimenta con los ritmos, con las esencias clásicas y le aporta su pluma cosmonauta, nómada, entregando un disco sensible, excelso, reconfortante.
Esta experimentación devuelve una atmósfera calma, donde los temas se van esparciendo a lo largo del disco como pequeños fragmentos de la sensibilidad creadora de Cerati. Un torrente de sensaciones devastadas por la placentera y cósmica ejecución de las piezas musicales. Ruedan de manera espontánea, la orquesta de cuerdas en “Río Babel” y “Bocanada” llevándonos al cenit de esa confortable expresión. Giran, entrechocándose, las inclusiones de pistas electrónicas con la acusticidad de las guitarras en “Puente” y “Paseo inmoral”, tanto, para convertirse en verdaderos himnos de la solemnidad.
Está claro que “Bocanada” no es un disco de rock. También está claro, que la controversial figura de Cerati nos obliga, dentro de la escena local, a ser cautos con los elogios; porque justamente, no pertenece a esa congénita esfera chabón (Pomelo) que varios (Pappo, Juanse, el Pity, etc.) se encargaron a lo largo de nuestra historia en catalogar al rock argento. Pero este disco es trascendental para la vida del rock, por el aire renovador que le otorga, por la inclusión de nuevas aventuras musicales, por su espíritu antagónico con el resto.

"Bocanada". Una breve muestra del talento que vive en este disco.

44. "Eco". WILLY CROOK & FUNKY TORINOS (1998)


Existe alguien a quien respeto mucho dentro del rock argentino. Ese alguien es Willy Crook. Quien nunca se amoldó a nada, siempre empujó desde el fondo, nunca ganó los aplausos populares, nunca manejó una banda ni lo quiso hacer, siempre gobernó su destino musical a antojo. De allí logró forjar con total magnetismo su carrera como frontman de la escasa actividad funk de nuestro país.
Luego de participar en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en sus dos discos claves, “Gulp!” y “Oktubre”, naufragó por los mares del anonimato aportando a través de su saxofón columnas de humo a varias canciones nacionales; luego, se volvió a perder entre el ruido de los demás.
Hasta que en 1995 graba su primer disco en solitario, llamando la atención de la crítica, moviéndose por los subterráneos lugares culturales de Buenos Aires, llevando la palabra funky como una pequeña hormiguita que discurre entre la multitud. Dos discos más tarde, Willy ya se ha convertido en el referente número uno de los ritmos no tradicionales dentro de nuestro rock. “Eco” de 1998, es el retrato fiel de su espíritu aventurero, del estado más puro de creatividad y libertad a las ataduras que infringen las grandes compañías discográficas. Grabado con más de veinticuatro músicos colaboradores, el disco conjuga funk, soul, bossa-nova, rock y reggea, con estupenda aceleración, combinando climas espesos con aquietados ambientes. En donde deja canciones cantadas con su aguardentada y sugestiva voz en verdaderas odas sensuales.
Este disco tuvo la particularidad de editarse doble, donde venía acompañado un disco del notable guitarrista Juan Valentino con su banda, Valentino Jazz Bazar.

"Eternity" con unas fotitos. Me hubiera gustado poner "Back to life", "Inside me" o "Never" pero no existen en la internet.

45. "Locura". VIRUS (1985)


El rock argentino, allá por los comienzos de la década del ochenta, comenzaba a hacer equilibrio dentro del alicaído panorama que se avecinaba. La censura, figura clave de la estancada evolución, le cedió terreno a las expresiones que trataban de desentenderse del canto protesta, de la estampa roquer revolucionaria. Desde otra cara del prisma, si existía una revolución, ya no desde el discurso, ya no desde la pose o el intelecto; sino como instrumentación musical: ejecución, contemporaneidad.
Los platenses Virus, son quienes mejor retrataron una época sesgada por el desencanto generalizado, por la oscuridad y los nuevos artificios de composición. De la mano de su líder, Federico Moura, trasformaron la estética, la volvieron más glamorosa, más insípida, más sensual. Sustentada en los ritmos anglosajones, donde el pop acaparaba la escena de manera fulminante, los sintetizadores otorgaban la experimentación con los sonidos, y le daban una excelente base a Moura para sus composiciones, totalmente apoyadas en un liberalismo poético, donde la prioridad es transmitir el desencanto romanticista, el secular antojo por la realidad en carne viva.
“Locura” de 1985, es quizás, el mejor disco de la banda. Donde logran transmitir con total libertad creativa esa sensación reinante a lo largo de toda su trayectoria, donde las alusiones sexuales, el deseo estanco y los intrincados mecanismos del amor, se atienen a los ritmos pegadizos y bailanteros que proponen con su nueva tecnología. Abundan los hits de la banda: “Luna de miel en la mano”, la oda a la masturbación; “Tomo lo que encuentro”, sobre las borracheras post relación; y el archiconocido “Pronta entrega”. Se entremezclan de manera sutil, llevando a este disco a la retina popular, a la insuperable repercusión y éxito comercial.
Virus, como nadie, supo conducir la máquina vanguardista de los ochentas, críticos de la realidad derrotista y el éxtasis por la nueva democracia, a través de los sentidos, de los deseos reprimidos, de la fiebre.

"UNA LUNA DE MIEL EN LA MANO", en Badía y Compañía.

"EL BEBÉ DE ROSEMARY" (o "LA SEMILLA DEL DIABLO"). Roman Polanski (1968)



TITULO ORIGINAL: Rosemary´s Baby
DIRECCIÓN: Roman Polanski
GUIÓN: Roman Polanski (adaptación de la novela homónima de Ira Levin)
REPARTO: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Ralph Bellamy.
GÉNERO: Terror o Suspenso (como a ustedes les guste)
AÑO: 1968
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 136 minutos.


MUCHO MÁS QUE LA SEMILLA DEL DIABLO
Se puede rastrear a lo largo, ancho, en toda su espesura, en todos sus matices, algún atisbo, guiño, parpadeo de Roman Polanski que conduzca hacia la locura extrema, pero el camino cada vez más se vuelve insondable. Nada es palpable ni certero, todo se entreteje con solaz encriptación hasta convertirse lentamente en una turbia nebulosa que transforma el ambiente en un lugar siniestro e inhabitable.
Todo parece ir bien en la vida de Rosemary Woodhouse. Adquiere un amplio departamento en La Gran Manzana, junto a su marido, Guy, un ascendente actor teatral dispuesto a relucir entre las marquesinas del mainstream. Las habitaciones amplias, lucen a nuevo, como salidas del póster central de la revista auspiciada por el American Dream. Polanski, en la primera maniobra deja al descubierto sus intenciones. Nada será dicho, nada será mostrado. A partir de las primeras muecas faciales de Rosemary (en el mejor papel de Mia Farrow), sabemos que todos seremos ella, que a todos se nos obligará a sufrir y permanecer ajeno al entrelazado que se cuece puertas afuera.
El mayor anhelo de Rosemary, una vez instalada, es poder engendrar un hijo y finalmente rubricar su sueño. Sin embargo, antes de poder concretarlo, conoce a una pareja de rimbombantes ancianos que representan esa insatisfacción que habita en los corazones imperialistas cuando se es parte de una maquinaria, sin quejas, sin escrúpulos. El choque es insípido, sólo, minutos más tarde, sabremos el veredicto de Polanski. Hasta ese momento, todo permanecerá dentro de la calma habitual. Los personajes mecidos dentro de ese mundo que, desde afuera parece amplio, luminoso, ideal, pero que se contrasta con la opaca vida de Rosemary, presa del ostracismo, de un ermitaño devenir que la reducirá a la nada, ingenua y vulnerable.
Las constantes atenciones de sus vecinos, los Castevet, comienzan a irrumpir dentro de la normalidad conyugal haciéndose parte de esa rutina, de esa construcción mutua que Rosemary intenta resguardar como escenario para su cría. Pero ya es imposible.
La noche comienza, en un giro repentino de lealtades, Guy y Rosemary se disponen a tener un hijo. Pero otra irrupción de los Castevet, hasta ese momento imperceptible, le dará el giro necesario (ya a esta altura) y las bases sólidas para que Polanski comience a componer el rompecabezas, sobre las espaldas de Rosemary.
Nada se sabe, espectadores encarnamos en la piel de la etérea mujer, tratando de descubrir lo que pasa puertas afuera. Ya no como método de entendimiento subsiguiente del film, sino, para poder respirar ante la opresión; sin embargo, Polanski no da el brazo a torcer. Nos presenta una puerta tras otra, y a cada paso, un nuevo enigma. Muertes indecorosas, accidentes inextricables, con forma de airbag hacia la inminente caída con la verdad, el final.
Se abre la puerta hacia el oscurantismo y la devoción por la muerte, por lo prohibido, por lo amoral; como método anticonceptivo de esa realidad, que parece salida de una fotografía del Reader´s Digest pero que se esconde una frugal opresión, un sinsentido cotidiano que indecorosamente e inconsciente, ve sumergida a Rosemary en el intento por salvar su vientre, su futuro.
La revelación se presenta de manera clara y certera. A ese único camino en el que Rosemary (tanto espectadores) fue expuesta. Sin más que acceder a ese destino enajenado.

TITULOS INICIALES. CONTRASTE DIRECTO.


ROMAN POLANSKI, ¿LO DIGO O NO LO DIGO?
Polanski teje una trama sin bacilar ni un momento hacia donde nos conducirá como espectadores. Desde el minuto cero, ubicamos a nuestra heroína, a nuestro punto débil. Todo lo demás se presenta de manera enigmática, analítica e investigativa. El punto de vista es exclusivo de Rosemary, tanto que las acciones de los demás personajes, oscuras acciones, se van componiendo casi imperceptibles, dando vida a una ilógica realidad; aprestándonos a dudar sobre la lucidez mental de nuestra heroína. Polanski nos infiere algo, sin embargo, en un acto contrastante, nos quita parte de la información, tratando de mantenernos en la fina línea interpretativa: todo lo que se presenta, la magia negra, el posible complot por parte del circulo que rodea a Rosemary tiene lógica dentro del marco en que se coacciona. Despojándonos de una ácida realidad, por parte de un recrudecimiento visual.
¿Terror? Si. La película está sucumbida ante los inminentes suspensos que se suscitan. Pero Polanski, hábil con la historia, no trata de impresionar con escenas sanguinolentas ni falsas apariciones de espectros, ni cristales rotos. Las reacciones de los personajes, sus respuestas, las subidas de tono, las entradas y salidas de plano son imprevisibles. Cuando se huye de los clichés, el espectador no tiene referentes tonales a los que aferrarse, entonces, parece perdido dentro de la historia.
El resto lo hacen las sombrías interpretaciones (contrastantes) de los vecinos, con sus espontáneos y exagerados actos de amabilidad, los secretos de Guy y las presiones farmacológicas de su ginecólogo. Sustentada en los esporádicos, pero oportunos cambios asimétricos de la banda sonora, los planos perdidos dentro de la habitación y la alucinación de Rosemary la noche de engendramiento, le dan ese matiz tétrico al film.

UN TRAILER DE "ROSEMARY´S BABY"


ROSEMARY CONOCE LA VERDAD SOBRE SU HIJO

OBJECT OF BLIND ADORATION: ELLEN PAGE


CHICA NATURAL
La ves con sus huesitos débiles, correteando entre bastidores, callada, en intento suicida por devorarse la pantalla cuando sea el momento. Sin pedir nada a cambio, sin saber que las sombras del gran escenario renacen apoteóticas tras de sí. La pequeña canadiense Ellen Page, con veintidós años, sabe que camino tomar, sabe como corregir su marcha en pleno vuelo, sabe, como lucir y deslucir en cuantiosas dosis.
La industria hollywoodense no falla. Sabe resumir todo el talento de una artista cuando es consciente – el productor – que lo que tiene frente a sus ojos es un diamante en bruto. Y allí la colocan, entre figurillas de renombre y astutos sabuesos marketineros. Allí está Ellen, luciendo temible, adorable, suficiente para repartir sus líneas frente al estrado, sin demasiados titubeos, firme, estéril de cualquier artilugio malicioso.
Cadencia natural, nada de sofisticadas tramas ni elaborados personajes que se encubren en la personificación introspectiva. No. La vida te ofrece un amplio muestrario para ser copiado. La sociedad es un álbum de fotogramas que denuncian los verdaderos comportamientos. De allí se toman con una probeta los diferentes disfraces, y Ellen corrige esa mirada para devolverla costumbre. Lo hace habitual, común, lindero con nuestras vivencias. En esa habilidad radica lo más jugoso de su trabajo como actriz.
No juega al actor recibido en las altas escuelas de dramaturgia; calculo que alguna vez leyó Shakespeare, pero lo aparta, o lo corrige. Lo viste con zapatillas y vaqueros. Y finalmente, lo que devuelve al verla actuar es, una niña que se abre paso entre la multitud, una más. Eso sí, con buenos dotes actorales.

"JUNO". DIR: JASON REITMAN, GUIÓN: DIABLO CODY


Su corta pero fulminante carrera comenzó con la ambigua interpretación en “Hard Candy”. Una niña que, de aparente carnada, termina siendo victimaria de un insospechado pederasta. ¿Venganza o adoctrinamiento? La verdad la esconden los ojos imperturbables de Ellen mientras lacera a su víctima. La sensación de que todo permanece anormal, y la audiencia queda inmiscuida sin saber demasiado quién es quién en ese juego propuesto. Una interpretación sobria, sin lujos, pero matizada por la ausencia de su espíritu, invariable.
A partir de esa película, los sabuesos comenzaron a resurgir desde las entrañas de la tierra; con su respiración jadeante, su boca babeante y los ojos chorreando fluido verde dólar. La niña, sin querer, le escapó al ritmo impuesto y volvió a su país para no chocar de frente contra ella misma.
Allí rueda “Mouth to Mouth” en una de sus mejores interpretaciones, Ellen Page sale a romper con los cánones impuestos por un sistema corrosivo y enloquecedor, creando, junto a un grupo de pares, un nuevo modelo de vida. Su papel es la definición de ese grito en plena rebeldía, de lamentos y derrotismos propios de una generación dubitativa, asfixiada, sin compromiso. En “Mouth to Mouth”, comienza a cautivar con su esquema de interpretación, sin vericuetos, puro, ameno. Esta película es la piedra fundamental para comenzar a sembrar su cara en el celuloide underground de uno y otro lado de Norteamérica. A “Mouth to Mouth” le siguen una breve y conciso papel en la tercera parte de X-Men, y una estupenda composición (más que nada suplementaria de Catherine Keener, quien realmente descolla) en “An American Story”.
En un nuevo periplo a su tierra natal rueda la paradigmática “The Tracey Fragments”, una película basada en la composición de planos y sustentada por el montaje, donde su papel, casi unipersonal, recobra vida por la fuerza de las imágenes, fragmentadas a lo largo y ancho de toda la historia. Diálogos simples, frenético ritmo y la mirada justiciera de siempre (la de Ellen).
Pero el ascenso llega inmediatamente, con “Juno”. Allí podemos contemplar la magnitud de sus interpretaciones. Lo dicho, simpleza, exactitud en cada línea y un movimiento natural en el esquema de acción. Esta interpretación le valió la nominación a los Golden Globes y Oscars. En “Juno” nos demuestra que no hace falta perder el tiempo con intrincados mecanismos de composición ni escuderos dramáticos. Todo se basa en un naturismo sincrético.
En ese trance se encuentra, componiendo y desarrollando su corta carrera cinematográfica. Aún no tentada por los sabuesos que acechan a los desprevenidos. Allí permanece, en ida y vuelta, coqueteando con la industria, yendo al subsuelo filmográfico.
Sus siguientes trabajos bordean esa fina línea. Siempre con sus sobrias interpretaciones, pero, con la agudeza de que tal vez, un guión mediocre termine por opacarla. “Smart People”, con Sarah Jessica Parker, y el anunciado debut como cineasta de Drew Barrymore, “Whip it”, pueden llegar a ser mucho para la niña que todavía trata de huirle a su destino.

LA FRENÉTICA "THE TRACEY FRAGMENTS"


EN "WHIP IT", DEBUT COMO DIRECTORA DE DREW BARRYMORE

46. "Peligrosos Gorriones". PELIGROSOS GORRIONES (1993)


Los noventa nos encontraban en plena oscuridad grunge, con los vaqueros rotosos y la foto de Kurt Cobain colgada en los cuartos anunciándose como el nuevo profeta.
En ese contexto escéptico y rudimentario, el rock argentino se hallaba en lucha constante contra la globalización, contra el mercado foráneo que, como nunca, y gracias a la convertibilidad menemista, las bandas extranjeras venían en cataratas para hacer un show a la altura de nuestras expectativas. Asimismo, el fenómeno musical del One Hit Wonder ya producido en los países del primer mundo, recalaba en nuestro país como un hecho indeliberadamente anunciado. De esa manera, desfilaban por nuestros oídos Vilma Palma e Vampiros, Los Calzones Rotos, The Sacados y “Con una rubia en el avión” de manera cansadora.
Tras ese manto oscuro, en ese contexto mediocre, marginalmente, algunas bandas, gracias a Cemento, empezaban a sonar en los suburbios mundos del rock. De la mano de un (anti) líder, Francisco Bochatón, Los Peligrosos Gorriones conjugaban desfachatez escénica, poesía spinetteana y alegorías musicales hacia Nirvana y Soundgarden. Peleando el trono de la nueva banda under junto a Babasónicos y Los Brujos.
Su disco homónimo de 1993, es, quizás, el mejor ejemplo de ese movimiento que por un momento pareció salir a flote, de manera natural, como producto de un contexto en estafa musical, como una voz necesaria en grito sublevado.
Pero todo terminó allí. Quizás por la muerte del grunge (Kurt Cobain, claro). Quizás porque el mercado empezaba a abrirse y ni Bochatón ni sus secuaces supieron amoldarse a ese nuevo sistema de comercio. El legado es este disco, que en la distancia que otorgan los años se siente como el perfecto retrato de una época totalmente siniestra y alocada.

PELIGROSOS GORRIONES - ESCAFANDRA

47. "La Cofradía de la Flor Solar". LA COFRADÍA DE LA FLOR SOLAR (1971)


Este disco presenta un largo viaje a través de una época, ya vencida por el comercio, ya vencida por el sabor amargo del dinero, ya vencida por la mera transformación de una utopía a esa realidad contrapuesta.
La Cofradía de la Flor Solar nació como una comunidad hippie enclavada en La Plata. El esfuerzo por hacer posible que aquí, en nuestro ajado país, se hiciera realidad el quimérico sueño de la sociedad en libre albedrío, en amor y paz como clave única de existencia y respeto por el otro, parecía ilusorio. Parecía, sin embargo, salvataje de la nada que corroía las entrañas de la sociedad.
Promovida por el periodista Miguel Grinberg, y liderada por Kubero Díaz y Skay Beilinson, La Cofradía es un lisérgico experimento, fruto de ese deseo utópico, fruto de los enésimos viajes a través del subconsciente, fruto del libre arbitrio.
Esta semilla huérfana del rock argentino, casi única en su especie, destella con un disco donde abunda la psicodelia, los eternos despliegues sonoros, y por supuesto, las líricas introspectivas, románticas, con el necesario vuelo y sensibilidad poético que requiere el propósito.
Y así se corrompió, tan utópico que la realidad hizo que cayera con su poderosa instrumentación. La Cofradía graba este único disco sin esperar demasiado a cambio, sosteniéndose en el tiempo como hecho fundamental, batallando con flor en mano, con los riffs de Skay y la métrica en colores de una época sinigual.

NO EXISTEN VIDEOS QUE DATEN DE LA ÉPOCA (´71)
AQUI, UN TEMA DEL 98, EN UNO DE LOS REENCUENTROS SIN SKAY

48. "Alta Suciedad". ANDRÉS CALAMARO (1997)



Montado en la bicicleta del éxito, sumido en andas de la crítica y el periodismo, y enfundando la espada demonizante del antagonista garciano; Calamaro sigue la línea expresada en su obra máxima: “Honestidad Brutal”. Rimas pegadizas y concienzudas, bases melódicas, espasmos autocráticos.
“Alta suciedad” es el disco definitorio en la carrera de Calamaro. En la cresta de la ola, en el lugar de privilegio otorgado por terceros, en su cenit artístico, en su mayor momento de excesos.
Se entrechocan de manera simultánea los ultramegahits con doble sentido: “Flaca” y “Loco”, con canciones que ponen al descubierto lo que Andrés trata de sabotearse siempre: el espíritu creador, la autorepresión de su pluma, o, quizás, la excesiva búsqueda por superarse y en ese trance, llegar a momentos realmente contraproducentes.
Los puntos altos son, casualmente, los más austeros: “Donde manda marinero”, “Media Verónica” y “Crímenes perfectos”, también ultramegahits pero con un tratado especial. Es ese el Calamaro auténtico, simple, responsable, franco.

ANDRÉS CALAMARO - DONDE MANDA MARINERO

49. "Árbol". ÁRBOL (1999)


El ritmo se concentra en la sangre, y cuando esta brota de manera natural, como un cauce ascético, desborda inesperadamente por los recónditos y marginales espacios del rock. Escuchamos de manera cansadora una frase derrotista y poco alentadora: “en el rock ya está todo hecho”. Probablemente, sujetados a la realidad del rock argentino descubrimos que fluye el insipiente y nada agradable mundillo chabón, que de manera repetitiva se esparce a través y sobre toda la capa comercial. Pero también, existen excepciones que le dan doble valor a la regla.
Finalizando el siglo XX, empezaron a asomar ciertas bandas de contrapropuesta a la realidad inerme del rock birra y faso. Algunos con dilemas difíciles de dilucidar, propuestas algo insólitas en una realidad ocasional. Otros, aprovecharon esa postura paracultural para atreverse a entremezclar la matriz del rock argentino – que engloba desde Charly hasta La Renga, desde Billy Bond hasta Virus – y la fusionaron con nuevos y enriquecedores ritmos.
El caso Árbol, con su primer disco – homónimo – es el ejemplo. Aprovechando la maquinaria del rock, crean ambientes ambiguos, fusionando el más crudo hardcore con el Folk yanqui, el candombe uruguayo y, solapadamente, el veneno bailable de Centroamérica. Este disco representa una nueva ola, que, por algún momento se pensó que iba a sembrar y a abrirle pista a una nueva generación de música vanguardista. Claro, estamos en Argentina. Claro, los manejos marketineros son más poderosos. Tentados por el vil metal, estas insipientes bandas dieron el volantazo hacia lo conocido, hacia lo mismo de siempre.
De ese momento inaugural y positivamente lúcido quedan algunos discos, “Árbol” es uno de ellos.

ÁRBOL - ROSITA

50. "Pequeñas anécdotas sobre las instituciones". SUI GENERIS (1974)


Definición de Enciclopedia: Sui Géneris: (Loc. lat.; literalmente, 'de su género', 'de su especie') Dicho de una cosa: De un género o especie muy singular y excepcional. Se utiliza para designar o describir algo o alguien que es único en su género o especie.
En ciertos lugares (por lo menos por aquí, en Argentina), se utiliza para referirse despectivamente a algo ya caduco, a un revival inconsistente que llega a producir sentimientos de compasión, ternura (siempre despectivos, más si provienen de un ser humano). Este Sui Generis, banda inicial de Charly García y Nito Mestre era, en su momento, un “Sui Generis”. Una simpática y adolescente mirada del mundo, cartel de proyección para que los púberes con insipiente vello corporal se sintieran reflejados y participes de un mundo ajeno. Era una banda en chiste para los roqueros de época: Manal, Almendra, Billy Bond, Pappo. El tiempo pasó, Charly se convirtió en monstruo (roquer Mozart) y Mestre en acompañante simpático y, a veces, errante músico. Y Sui Generis permaneció silencioso, en el mundo de las sombras, en los discos de pasta de papá idealista, de mamá nostálgica. El mito creció, aún más después de la reunión en La Bombonera en 2001.
Hoy el dúo es motivo de revisión para comprender que esconde el subconsciente garciano. ¡Y vaya con lo que nos encontramos! El niño prodigio quería decirnos algo. En retórica directa que algo estaba mal y que solo nosotros (ustedes) debemos hacer algo para terminar con esto.

LOS 50 MEJORES DISCOS DEL ROCK ARGENTINO

Desmayado en la meseta creativa, tratando de avivar mis neuronas por pequeñas que sean. Me conformé con la posibilidad de remitirme a la nada, a la claustrofobia literaria. Sin embargo, estuve palpando sensaciones ajenas, respirando aires de otro, para sentir que el mundo lo habitan demasiadas microcelulas que se condensan y que todas tienen voz, todas percepciones disimiles de todo lo que lo rodea.
Inmerso en esa quietud creativa, hice un intento desgarrador por revisionarme y descubrí, para mi asombro, el exceso de información anglosajona. Es decir, IMFREAKALOT está demasiado anglosajonizado.
He decidido revitalizar mi nacionalidad argenta, mi espíritu patriótico - que palabra más facha!- y mis meros conocimientos en la materia a tratar. Es por esto que animado a la investigación, aprovechando el campo, me decidi a hacer una revisión de la obra discográfica del rock en nuestro país - por favor, nada de rock nacional. Que rótulo más patético - y empezar a intercambiar conocimientos con ustedes, mis queridos lectores.

El tratamiento es el siguiente. Cada semana vamos a ir desandando el camino, con cinco discos, partiendo desde el cincuenta, en cuenta regresiva.
A partir de ahora, están invitados a comentar, aconsejar, recomendar y abrir el debate.

El abrazo de siempre
IMFREAKALOT

Domingo Negro

Puedo gastar mil palabras en describirlo. Puedo encontrar miles de definiciones en el diccionario que se amolde a su figura, a su historia, a su legado. Pero sería obligado, sería incongruente, intangible. Quedo el recuerdo imborrable de su voz, el sentimiento arraigado de nuestras tierras, la música universal, el canto clandestino. Cada palabra puede sonar hasta fría. Lo mejor es dejar que la música hable por si sola.
No tengo palabras conmovedoras para escribir. Pero al morir La Negra siento que ya nadie va a ocupar ese lugar que dejó. Ya nadie va hacerme llorar o ponerme la piel de gallina. Nadie como ella. Escuchar su canto, ya últimamente vencido por los arbitrios de la vida; sin embargo, aún así juntaba fuerzas desde la nada, el todo, para atraer magnéticamente las sensibilidades extremas florecidas en la piel.
Se reflejaba la insurrección del Kolla bajando del cerro, se respiraba la fumata de las ofrendas a la Pachamama, se oía el tiritar de los fardos sobre las rocas coloradas, el grito de las comunidades reunidas todas en su imponente voz.
Mercedes Sosa la voz más importante de nuestro país, el símbolo de la música inquebrantable.
Sin palabras, el recuerdo vivo en su música.



"BREAK-UP" - Pete Yorn & Scarlett Johansson


Tres condiciones, nada más. Tres maneras de ser escuchado, sin efectos, sin tamices. Con la plena consciencia de un arte en estado puro. Los dos intérpretes están allí: simplemente rasgando melodías monótonas, cantando a coro, en la pureza natural que emerge de sus gargantas; superponiéndose, en una meseta infinita, así, hasta el final.
De vez en cuando se ve obstruido por el incesante sonido metalúrgico o el solfeo binario de tendencia vanguardista.
Tres condiciones:
Canciones de té. La superficie musical, el clima estanco puede reproducirse sin demasiada impaciencia, allá atrás, en un megáfono, sin perturbar una amena charla sobre la mesa de té.
Mañanas soleadas. La vida transcurre casi sin interrupciones, brillante. Es un camino luminoso, leal, sin demasiadas circunstancias que ameriten un doblesfuerzo, una incomodidad repentina, un fugaz atore con la realidad. Caminar con el sol en la cabeza y las canciones reproducidas a modo banda sonora.
Calma insondable. No existe un grito, un murmullo demás. El sombrío susurro se repite de manera voraz, como una paleta de orgasmos multilaterales en busca de un camino sinfín. El sonido permanece imperturbable, una colección de retratos perfectos en el bramar de las olas, en el tiritar de los árboles, en el cantar de los pájaros.
Efectos especiales, ritmos vivaces y hermética concepción, en este disco collage, de baladitas pop con un sello particular, una calma austera y el vibrar de la música que transmite confort, armonía y levitación.
Scarlett Johansson graba su segundo disco como cantante – antes homenajeando a Tom Waits - , en una aventura osada, un arma de doblefilo. Esta vez, superponiendo, coreando a la vez de Pete Yorn, el solista de canciones romanticonas.
Está claro que si no fuera la musa de Woody Allen, el marketinero empuje de este álbum hubiera perecido en el fondo de las bateas. Sin embargo, este inteligente intercambio de favores deja algo más que eso, también un sentido de ornamentación que prevalece ante todo el ruido de la fama y las estructuras físicas.
No esperen mucho de Break-Up. Sobretodo si es, en palabras de la mismísima Scarlett: “nos reunimos una noche, cantamos canciones de amor y rompimos”.

GANCHO MARKETINERO


TRACK A TRACK
El disco arranca con Relator, un pegadizo tema que mezcla el folk americano con un sonido insolente, que se cuela por entre las cuerdas de la guitarra de Yorn, por los vientos que marcan, sin dudas, la melodía que se preña a la cabeza para ser repetida miles de veces en silbidos, en caminatas.
Un blue-grass explota en Wear and Tear a modo introductoria para abrir paso a la calma. La voz de Peter se estrecha a través de la canción, en melodiosa armonía, en canto apaciguado. Scarlett mete coros en un estribillo reiterativo, bailable.
En I Don´t Know What to do y Search your Heart, se nota una marcada influencia de los hawaianos beats de Jack Johnson. La música se deja llevar por el ondulante ritmo de las olas, la mezcla de instrumentos y, la imposición de la voz en clave pop, hace el resto. Dos baladitas para acostarse, para meditar, o – si es melancólico – desatarse en llantos.
Blackie´s Dead es la mejor versión del disco. La clara marca del baile perdido en el final de las horas, la pista vacía, el confetti derramado sobre el suelo. Estribillo repetitivo, pegadizo, y las campanas de fondo que marcan el fin. La muestra exacta de que el disco desborda pop.
Cómo si terminara todo, el reloj marca el ritmo, los segundos pasan y no hay tiempo para nada más. I Am the Cosmos es una versión de Big Star, que, con frecuencia, salvando las extensas distancias, se nota una acentuada inclinación por acercarse a la psicodélica guitarra de Syd Barrett y lo perdido por Bowie, en sus tiempos de exceso de maquillaje y brillantina.
Shampoo es la continuación de I Am the Cosmos. No parece haber un punto de inflexión en todo el disco. Todo transcurre bajo la misma tónica, bajo el mismo concepto: - esto es pop y nada más. No hay grandes aventuras, ni osadas muestras de talento musical. Todo está explícito, crudo, y, a la vez, puro: colores, métrica y calma.
El disco se termina, sin más. Canciones escuetas, como si se tocaran con el frenético ritmo punkroquer, pero totalmente lleno de ansiolíticos. Clean y Someday cierran el álbum con lentitud, con pasividad, en un intento de canciones desgarradoras a mitad de camino.

"RELATOR" - CORTE DE DIFUSIÓN


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