TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO


Pertenecemos indefectiblemente a una sociedad fálica. La puja incesante por el poder, los intereses y los rangos sociales se ajustan a la medida del macho, al margen de que hoy en día (casualmente) una mujer ocupe la banca presidencial. Estos últimos tiempos, por suerte, el imaginario colectivo cambio paulatinamente, el deseo comunitario: axioma donde se rescata que todos somos exactamente iguales (aunque muchos traten de hacerse los boludos) se percibe en todos lados. Somos materia y espíritu de la misma forma, transmutados en cuerpos diferentes para el bien de la evolución.

La música, en todas sus formas y estilos, es también materia fálica, reflejo de sociedades. El consumo y las necesidades (más que el genio diría) hicieron que los hombres ocuparan un lugar casi único en escena. Sin embargo, con el correr de los tiempos esta percepción fue cambiando, como las sociedades, vuelvo a repetir. El lugar del hombre es compartido de la misma forma que el de la mujer, tras años y años de postergación.

IMFREAKALOT necesita homenajearlas ofreciéndoles a todos ustedes un racconto a través de la historia de la música con tono femenino. Los aromas y colores cambian. Aquí están las veintiséis mejores voces femeninas de la canción contemporánea. Cabe aclarar, como principio hipocrático musical, que se trata de cantantes de rock, funk, pop, soul, etc. Por eso verán que faltan muchas de ellas (caso Barbra Streisand o Edith Piaf, por citar algunas).

Para ir amenizando la lectura, les dejo justo aquí abajo, una canción de cada una de ellas para el deleite de sus oídos.


Ahora si, los dejo en presencia de las mujeres.


Un fuertecirijillo saludín
IMFREAKALOT

1. ARETHA FRANKLIN


Las raíces negras, de piedras, barro y adoquín; de lucha cotidiana y revolución, forjaron la voz: LA VOZ FEMENINA por excelencia. Con cuantiosas dosis de negro spiritual, transformado en un grito visceral que la condujo por diversas facetas de la música afroamericana, universal. La capacidad de llegar a tonos altos y bajos en apenas segundos, el latido veneno del rock en las entrañas y el ritmo desarmado, aplastante proveniente de su tórax y explotando en huracanes hacia los oídos.
Capaz de recorrer todo un catálogo musical sin derramar una gota de sudor, peleando contra la industria y la globalización de los ritmos, con el único pretexto válido, un escudo frente a las adversidades: su voz. Con veintidós discos encima, que abarcan el soul, jazz, funk, blues, rock and roll y pop, Aretha es y será la voz femenina por mérito y excelencia.


2. ETTA JAMES


Carisma y un poco de insatisfacción, de insatisfacción, le sobran a Etta James para hacerle sombra a Aretha en ese camino caprichoso que vamos desandando. Pero la reproducción masiva, la trascendencia y el legado son más fuertes, en comparación.
La indiscutible melancolía que produce oír la voz de Etta a través de un disco viejo, de los de papá. Y el sentimiento oscilante de los estados de ánimo que nos transporta, hacen, además del inconfundible talento y habilidad vocal de Etta nos dan suficientes argumentos para enaltecerla. Es, canto armónico, sutil, veloz e intrépido. Desparramando penas en los escenarios, conmoviendo al más fuerte, su canto se hace espera, se transforma en banda sonora de los sentimientos más reprimidos: los que salen a la luz en tiempos de desesperación, de introspección nostálgica, de vicio taciturno.
Genialidad y armonía.

3. JANIS JOPLIN


Si algo le faltaba al rock, al verdadero, sin máscaras ni estereotipos, era la presencia de una voz femenina que deje impávido, convierta en humo a la especie y la lleve a una implosión destructiva. Bajo la arritmia psicodélica de los años sesenta, la desgarradora voz, ronca y aguardentada de la gran Janis nos dio motivos suficientes para revalorizar la escena, fuertemente ocupada por el hombre.
El libre e imparable espíritu rebelde, el símbolo estaba vigente. Mujer sin razas, mujer potencia. El alma se doblega al escucharla, al presenciar con locura las andanzas de la gran Janis: el monumento rock. Bajo manifiestos apócrifos se juró la venganza de la mujer en el rock y como la leyenda termina en moraleja, la muerte anunciada no se hizo esperar. Fuera materia, adelante el mito: Janis murió a los veintisiete años por sobredosis de heroína. Pudo haber mucho más, pero lo hecho fue suficiente para convertirse en la reina indiscutible del rock en su especie. Janis vive hoy en los tributos cotidianos de aquellas mujeres que renacen con una canción.

4. NINA SIMONE


El poder abrasivo de su obra se convierte hoy en lienzo pintado maquinalmente, en aleaciones desmedidas, reuniendo colores de diferentes matices, con subrepticia atrocidad. El eclecticismo reunido a través de su obra, ya enmarcada, se ha reunido para hechizar al espectador, para convertirlo en furia.
El trémolo de su voz, cautivante, áspera, desenfadada, devenida en murmullos de jazz, en tristes plegarias de amor, nos lleva inquietos a un reconocimiento espiritual. A una sucia forma de ver el interior de las cosas, sin suponer, o dar por supuesto, que las formas son de una manera aparente, determinada.
El canto de Nina Simone desespera, acumula fatigas, deviene en estados tan opuestos como significantes. A veces, acomete en gritos desgarrados para luego bajar en un tobogán a un susurro impertinente, o a un jadeo profundo.
Quizás, se inmortalizó con “Killing me softly” (al margen, una gran canción); pero tras el hit pegadizo y ganchero hubo muestras más que contundentes, más que esforzadas por encontrar a la artista, a la verdadera.

5. JONI MITCHELL


El uso de armonías tan dispares como crecientes de sus guitarras llevó a Joni Mitchell, una austera cantante de folk a perfeccionarse, a transformar su canto en un grito a tono con las necesidades impuestas. Y lo valedero, lo que realmente sumerge es la sensación de supervivencia, de superación creada en torno. Su voz traspasó los límites y se ha convertido en cantante con guitarra, y no a la inversa.
Sus canciones (lovesongs) son evocaciones desmedidas a un amor perverso, a uno tierno, a uno inolvidable. El sentimiento latente de la navaja en la yugular se contrapone a las nítidas notas, al estado autónomo del oído con el resto de los signos vitales de nuestro cuerpo. Sus lastimeras evocaciones, a veces, sufren de la paranoia de la perdida métrica o de la búsqueda más animosa del ritmo. Transcurren, indefectiblemente, en una meseta ansiolítica, cóctel explosivo (por no decir deprimente) de clonazepam y una película de Griffith.

6. CHRISTINA AGUILERA


Aquella preadolescente, con panza al aire, emulo ascendente de la sociedad de jabón en polvo y gel en el pelo, de industria marketinera, abducidos a la estupidez de MTV y a las relaciones informáticas, desterró el mito de la banda preproducida: (vuelvo a repetir) por MTV, por Disney, por FOX, por cualquier megaindustria, fábrica de chorizos. Christina Aguilera, sobretodo, a fuerza de su canto magnético logró sepultar cualquier crítica negativa: más allá de la música POPulachera y superflua. La habilidad constante por llegar a notas tan altas que acarician el cielo, es el estandarte tangible de la excepción a la regla. Demostrando que no solo de belleza se sobrevive en la música, ni de pasitos mecánicos y dopaminosos, ni de venta de remeras. En contraposición con su colega Britney (o el resto que ni vale la pena mencionar) Christina sobresale: llamada a ser la nueva reina del soul (R&B, diría). Le puso voz a un tema de Lennon que dejo como ejemplo para que puedan apreciar el talento de esta estadounidense-ecuatoriana.

7. BJÖRK GUÖMUNDSDÓTTIR


IMFREAKALOT ya se ha referido a Björk ambivalentemente: efecto contraproducente entre la gélida imagen que representa y la demencia automática que despierta su música. Libre de catálogos, la islandesa es un género por sí misma: el género Björk.
Lo que más se destaca es su rango expresivo, su manera insoportablemente agradable de abarcar las canciones: esa omnipresencia abrasiva que alterna cualquier noción de realidad, transfusión a lo onírico, a la maquinaria, a lo reaccionario.
El reloj sigue su marcha, en gira monótona, y Björk esparce su melancólico lamento, continua con su baile en la oscuridad, entre espejismos de colores. Futuro y presente, amor y vergüenza, viscosidad y sangre, oscilación y latido, magia, redención y clave etérea: resultado Björk Guömundsdóttir, por sobre todas las cosas, cantante, artista.

8. KAREN CARPENTER


Rompiendo con los paradigmas, Karen Carpenter se estableció en la música como una baterista. Primer prejuicio, un poco librado al azar por Janis, años antes: una mujer del rock. Prejuicio sin fundamentos. Segundo prejuicio, una mujer roquera y que toque la batería: en el año 1975 fue elegida como la mejor baterista del mundo. Prejuicio sin fundamentos. Tercer prejuicio: mujer roquera, baterista y ¡encima canta! Si, y lo hace estupendamente. Su canto contiene colores del alma, pasiones entreveradas con un lamento constante. Su banda, The Carpenters, no es una bandarock 100 %: pero la postura e imposición de su cantante-baterista-líder no deja lugar a dudas. Los prejuicios y el rock se separaron mucho antes de que cualquiera de los dos nazca.
Karen murió prematuramente, dejando un par de canciones y el eco imborrable de su canto-llanto, el color puro de su voz impreso en los vinilos de colección.

9. CAT POWER


Chan Marshall es la cantautora de esta época. Sus tonadas, que recrean el amor y el libre espíritu, en dosis de bohemia soledad, están hechas a la medida de las necesidades de los seres impíos que divagan entre las asperezas del mundo frío y soporífero, buscando unirse de alguna manera, entre el karma y la salvación.
Su canto es desgarrador, visceral, armonioso, bello (como ella, ejem). Se muestra desnudo de cualquier ingenieria postmoderna. La música cruda, la música tal cual es, alma traslúcida, cuerpo viboreante, sin pompas ni glamour, excesos o hermetismos. Su voz recorre esa ilusión pasajera, donde las máscaras caen derretidas y se contempla la esencia, el canto único, inerte a cualquier tamiz post-producido.
Charlyn Marshall (AKA Cat Power) es la solista (autora y ejecutante de su obra) que supera con creces el rol y se pone al frente, caballito de batalla, de una nueva ola: el incomprendido y reaccionario mundo contra la esfera superficial de la música de hoy.

10. REGINA SPEKTOR


Regina atrae hipnóticamente, enfría, entibia, calienta, de la misma forma en que se presentan sus canciones. Un irivenir constante de sonidos que se entremezclan, se abrochan, se suicidan para repeler a una unidad, gravitante en su obra. La música de Regina Spektor, y sobretodo su voz, es deforme, acuosa y sofisticada. En pequeñas porciones de segundo es capaz de estirar una nota hacia el infinito, como de aplastarla contra su pie, gravemente. Y así diverge, piano de por medio, el sonido Spektor.
Compositora carnal, de humanas pretensiones, destila en sus notas una cierta reminiscencia a Radiohead del Polo Norte (como si esto ya fuera demasiado) o un John Cage angoleño: metempsicosis que se extravía en un bosque de ampulosa arboleda, entre los copos de nieve que caen en cámara lenta: música spektor, reflejo fiel de su dogmatismo, de su cultivación, de Rusia prematura adaptada a las nuevas tecnologías (occidentales).

11. TINA TURNER



Las piernas del ¿rock? Las amigas del lamento y los suplicios, la del grito afónico, ensordecedor. Tina Turner, a fuerza de aquellos gemidos se convirtió en algo más que un par de canciones pegadizas, canciones rueda, cíclicas, sinfín; devenida en reina, ¿de qué? Bueno amigos, su voz es el principal elemento que suma, o pone la piedra fundamental, de la construcción exacerbada del mito. Agregándole dosis de circo, sexualidad y brillo, mucho brillo a sus canciones se ha creado la leyenda.
Tina Turner es leyenda, más por lo que se escribió que por lo que se escuchó. Más por lo que se percibió en escena (repito, sexo, glamour y griterío) que por lo que se sintió, intrínsecamente. Igualmente, este humilde servidor sigue creyendo en ese mito; en Tina Turner y su voz, bueno… más o menos. Después de todo, algo se merece.

12. MARY J. BLIGE


Se cree, mayormente, que para hacer hip-hop (rama caída del árbol soulero) se debe tener rimas pegadizas y una fuerte postura escénica, relegando de esa manera las formas y los estilos del canto. Si, algo de eso hay. Para rapear no se necesita tener unas cuerdas vocales privilegiadas pues, ¡no se canta, se rapea! Sin embargo, Mary J. Blige, es la excepción a la regla y por esto Puff Daddy, reconocido rapero estadounidense (por sus escándalos más que por su música), le encontró un lugar en el mundillo de la música industrial. Su color de voz, tenue y parejo, recorre las canciones de su repertorio sin demasiadas preocupaciones más que estrujar el alma, hacerla añicos. Expresiva moción de sentimientos que se atan de manera sugestiva a una base simple, a un ritmo lento y pausado que le abre el camino para poder manejar los clímax y los tonos de voz a su antojo. Puff Daddy le encontró el mejor lugar: - sólo dedicate a cantar – Y mal no le fue.

13. SINÉAD O´CONNOR


Desaparecida tras un one hit wonder de los noventas, Sinéad O´Connor, sin embargo, antes que nada es una gran cantante (y también compositora). Irlandesa de origen, presa de su tema “Nothing Compares 2 U” por estos lados no se la vio más. Pero ha hecho cosas además de ese recordado hit noventoso. Varios discos solistas y muchas colaboraciones: Peter Gabriel, Roger Waters, U2, Massive Attack, entre otros, dan muestras de que esta elección no es para nada alocada.
Su forma de cantar, admirable por cierto, es extravagante, sórdida, melancólica. Devuelve instantáneamente al oírla una fuerte sensación en el pecho, desesperación latente: ¿salir corriendo o quedarse hipnotizado? Morir en el intento.
Sinéad sigue siendo cantante diversa, figura musical en Europa, con sus controversias y su ritmo pausado, con el gélido aire a extrañeza y la canción hechicera.

14. BETH GIBBONS


La mujer de mirada extraña, distante, encerrada en su propio juego mecánico está parada frente al micrófono; un sonido en mezzo-tempo suena melancólico, agridulce. La mujer mira el suelo, su pelo lacio, rubio le recorre la cara y la cubre. El público se impacienta. Dos minutos de introducción. El escenario está colmado de luces verdes y azules que giran en torno a la mujer. Saca su mano del bolsillo, lleva un mechón tras su oreja y abre la boca. El público, que ya se estaba retirando del lugar, se da vuelta, mirando al escenario y calla, en señal de respeto, atónitos. Esa mujer es Beth Gibbons, cantante de Portishead (también hizo participaciones en varios discos de Massive Attack), el tono dulce y sensual de su canto no deja lugar a dudas, se contrapone con esa figura solemne, austera que minutos previos el público apreciaba como errática. Luego, a lo largo del show, sin más argumentos que su voz, sin más movimientos que el de su garganta, Beth Gibbons confirma que es una estrella musical, impecable, imposible.

15. ANNIE LENNOX


Los dulces sueños están hechos de eso – repite el coro incesante. La voz de Annie Lennox lo dice hasta el cansancio y comprendemos que al margen de la letra, por demás poética y onírica, la vocera de ese parlamento sabe a lo que se refiere pues el color de su voz, azulceleste, es redundancia en ese viaje alucinado. Parece gravitar en un mundo donde no existe lo tangible, lo sólido. Se mueve levitando por el aire como una estela, como un brillo doliente.
Annie, cantante de Eurythmics luego solista, sabe con precisión como entonar las canciones de su repertorio. Más con sangre, sudor y pasión, que con técnica amplia o soltura. No hace falta resaltar los compases si se estremece sobre el final de cada verso, de cada estribillo. Algunos vicios tiene su canto: falsetes que son propios de la humanidad de su voz, de esa sensación que despierta al escucharla, sentir que se le llega al alma y es palpable.

16. AMY WINEHOUSE


A veces, el runrún de los carteles publicitarios tienden a demonizar a un personaje por sus conductas extravagantes, entonces las primicias corren como humo: que esnifó cocaína en pleno concierto. Que se cagó a trompadas con su marido. Que salió desnuda a correr por los pasillos del hotel, etc. Pero todos, sobretodo los tabloides, la esencia del artista. Aquello por lo que una vez se hizo conocido.
Claro que Amy Winehouse debe atribuir su fama a las noticias sobre escándalos que por su música en sí. Pero, ¿acaso no es una buena cantante? Si lo es. Con su forma de cantar, agresiva, despreocupada, reinventó el género soul, el que poco crédito tiene en el continente europeo justamente por no ser oriundo de ese lugar. Con bases melancólicas y sombrías, Amy se despacha con buenas canciones, apreciaciones de su mundo turbulento, entre deslices amorosos, adicciones y extrañezas; despliega en su canto ese sentimiento visceral, hipocondría discursiva y soltura escénica.


17. NINA PERSSON


Melodías encariñadas con un devenir azul profundo, los de sus ojos. Las palabras se disparan de su boca como látigos de terciopelo, que lastiman encubiertos, que desangran al clavar el filo de su hoja en los oídos: pero Nina Persson, cantante de The Cardigans (aunque también solista con A Camp), esconde tras la postura inocente y la mirada lejana, un suspiro trágico. Los dichos que duelen provocando conmoción, revestidos con el más despiadado de los disfraces, la dulzura, el encanto.
Ni siquiera las estrepitosos riffs de la guitarra que sabotean su performance pueden con ella; los toques sutiles (las dagas) se lanzan al vacío, finamente recubiertas. Y la voz agridulce de Nina retumba en todos los recovecos.



18. TRACEY THORN


Mucho antes de que las discotecas se llenaran de sudor, de lágrimas y de botellas de agua. Una voz partía al medio el sentido de la música electrónica: un híbrido entre la dialéctica fantasma de las canciones románticas y el sopor infatigable de los discos tocados. Esa voz, profunda e hiperactiva era la de Tracey Thorn al ritmo de “and I miss you, like the desert miss the rain…” Donde irrumpía con un sermón nostálgico a un amor perdido. Poco importaba por cierto, el ritmo era más fuerte e incitaba a las masas a dejar la vida en el piso. Luego, no se supo más de ella.
Cuando dos años después, entonó “Protection” en el disco homónimo de los grandes del mezzotempo Massive Attack y realmente nos dimos cuenta de algo: - ah, esto va en serio.
No es una megaestrella, pero su enigmático canto es argumento valedero para destruir fronteras prejuiciosas, para no catalogarla dentro del género romántico-electrónico. La chica Thorn es una gran cantante, y aunque invisible sabemos que cuando aparece con algo nos deleitará.

19. AMY LEE


La niña gótica juega y se pasea por el escenario.
La niña gótica grita. No. No grita. Canta en tono soprano.
La niña gótica viste las vestiduras victorianas de la abuela, los zapatos de cuero hasta la rodilla y se envuelve en tules, harapos, corset.
La niña gótica enmarca sus profundos ojos celestes con pinturitas negras.
La niña gótica sabe cantar. Y ni los saltos, ni las corridas arremeten contra su voz. La mantiene sostenida en un avance perfecto.
La niña gótica está de espaldas, tirada sobre el piano, en posición imposible y aún así, canta.
Modelo perfecta de preadolescentes sin rumbo (aunque miren MTV). La niña gótica canta en Evanescence inflexiones tan altas que por primera vez uno sienta que el poder del heavy metal proviene de su estómago.
La niña gótica sabe lo que hace.


20. WHITNEY HOUSTON


Entre un torbellino de forajidos que intentaban rasgarle las prendas, aparecía entre todos ellos un muchachito, el héroe de la película, para rescatarla y llevarla en andas a través de la multitud; sobre el fondo, las notas altas y bajas se entremezclaban inocuamente, sin complejos, dejándonos atónitos. Así conocimos a Whitney en “The Bodyguard” (“El Guardaespaldas”). Y así comprendimos instantáneamente que se trataba de una cantante en serio, de las típicas afroamericanas que saben utilizar su voz como herramienta más que favorable para hacer arte (si, arte).
Puede gustar su música o no. Puede parecer fútil, austera y oxidable. Pero el tenor musical de su voz es ineludible. Provoca mareos constantes simplemente al escuchar como entrelaza las notas, unas con otras, llegando a lugares altos y acariciando el sótano en cuestión de segundos. Esa es Whitney. Si “The Bodyguard” es una mierda, es otro tema. Si la mayoría de sus canciones son bandas de sonido de taxis y consultorios odontológicos, también.


21. FIONA APPLE


¿Qué esconde la penetrante expresión de La Señorita Manzana? ¿Qué hay tras esa oscura mirada? En principio, un gran disco, su ópera prima “Tidal” del ´96. Luego rumores, rebelión y caos. Su música, pequeños arcaísmos construidos alrededor de una guitarra acústica; rima engañosa, inteligente, paradigmas del nuevo milenio. ¿Simplemente un hermoso rostro? No. Una voz explosivamente humillante, cavernosa, que pide clemencia, que se oculta en los recovecos de las notas, que duerme y se disfraza en otros tonos para no marchitarse. La voz de Fiona es ruido con sentido.
Y luego viene lo demás, el aditivo perfecto. Postura extravagante, pasos irritantes, tintineos de zapatos y un piano acompasado: una extraordinaria maquinaria armada alrededor de su voz, de su compasiva filantropía musical. Ese sonido particular que se desprende de las obras independientes hace el resto.


22. PATTI SMITH


¿Quién es esa persona que corre por el escenario? ¿Mujer u hombre? Es Patti Smith, la dama del punk. Figura andrógina e intelectual que irrumpió a fines de los setenta para dar cuenta que no hace falta ser hombre para ser anárquico, rebelde y recibir las flemas del público… aunque se parezca a uno.
Patti Smith, poetisa estadounidense es, ante todo, mujer del rock; cachetazo de por medio, dio vueltas como un espiral alrededor de los géneros para aclimatarse y devolver a su agudo vientre lo mejor de sí. Patti hace rock y canta conforme a eso.
Catapultada gracias a “Because the night”, que por cierto, no es un tema punkroquer. Conocimos su canto arrugado pidiendo socorro, sus suplicas en forma de canción, arremolinadas versiones de grandes y poetisas clarividencias del mundo de hoy. Patti, acierta certeramente.


23. KATIE PIERSON


El canto monótono, nasal y contundente de Katie Pierson (la colorada de los B-52´s) es sinónimo de una época; de un baile inagotable, reservado para el desliz frenético, para la locura contenida. Por momentos, esa voz impalpable se mantenía al borde de una desafinada intención, procedente de algún lugar motor inherente a su cuerpo, el fino hilo que quedaba era empujado nuevamente hacia el exterior produciendo nuevamente ese agradable y armónico sonido nasal.
No sólo la voz de Katie se inmortalizó en los hits de B-52´s (“ROAM”, “Loveshack” o “Rock Lobster”) sino que hizo apariciones rutilantes en varios sucesos de aquella época ochentosa, de sintetizadores y descontrol: “Shinny Happy People” con R.E.M. o “Candy” con Iggy Pop.
Canto perdurable, encanto a punto de florecer. Katie Pierson se merece su lugar.




24. STEVIE NICKS


Por mucho tiempo, Stevie Nicks le puso armonía y sincretismo a Fleetwood Mac, entonando baladas profundas; canciones de una contundencia insospechada. Luego, en los ochenta, como muchos de sus colegas, se dedicó al éxito comercial, a la canción pegadiza en los altoparlantes hasta el hartazgo. Eso hizo madurar la fruta musical hasta el estado de putrefacción. La reflexión de su voz se hizo moneda corriente. Era común escuchar voces típicas, emulas afinaciones, clones. Haciendo que Stevie se perdiera en los vinilos, en las tristes noches de melancolía.
Pasado el tiempo, cada vez que se vuelve a encender la melodía de Fleetwood, allí está Stevie con su canto enjundioso, transmitiendo una oscura sensación de cosas perdidas, de barahúndas retenciones sentimentales. Solfeando mentiras al mitológico Rhiannon en canciones de amor a Sara.

25. PJ HARVEY


Los gritos de PJ (que no significa Partido Justicialista sino Polly Jane) sobre la básica línea instrumental son símbolos de una época de estruendo simultáneo. Sonaba en las radios el bramido rebelde y adolescente de Kurt Cobain; la voz tenebrosa y timbrada de Billy Corgan, líder de los Smashing Pumpkins; los skaters se daban a conocer de la mano de Sonic Youth y, perdedores bailaban la danza tribal de Beck. Todos tenían un lugar de pertenencia. Los jeans resquebrajados y los achupinados. PJ aparecía con sus desgarradoras notas, su osmosis punkroquer era canción y catarata, explosión, llanto y lamento. Sulfurando placer, algo de sexualidad impresa, y negra oscuridad sobre el micrófono. Allí está PJ, ahora, envuelta en una catártica sospecha de reconocimiento: una limpieza introspectiva, hace canciones sobre el piano, aunque no deja de derramar lamentos. El gruñido es constante.


BONUS TRACK. KAREN O


Se mueve sobre el escenario hiperquinética, lanzando racimos de uva al público, escupiendo cerveza, se roza el clítoris con su mano y aún así, entona. Karen O, cantante díscola de los extravagantes Yeah Yeah Yeahs. Es una amalgama imperfecta de Siouxie and the Banshees, Patti Smith y Edith Piaf.
A veces habla, mientras dispara su lírica indirectamente sobre la cabeza de quien la escucha (paralelamente con el racimo de uvas), otras, sólo se dispone a bailar frenéticamente y, por momentos, reluce su estupenda voz en tonos soprano para dejar en claro que ella canta, y lo hace muy bien.

YO SOY TU AMIGO FIEL


Sin circunscribirme al antojo comercial de “EL HOMBRE” que decidió sentenciar una fecha aleatoria, perdida en el calendario, como “el día de los amigos”. He decidido, de manera más personal, destacar alguna de las obras que reflejan el verdadero sentimiento de la amistad, el de todos los días. No el de las frías máquinas que envuelven los papeles de regalo. Tampoco de aquel que se frota las manos pensando que, con esta fecha, recibirá algún bien.
IMFREAKALOT desea rescatar la esencia de la relación más importante de un hombre con otro (o una mujer con otra), la que nunca morirá, la que queda en la memoria, la de la risa y el llanto, la del: sé que estás ahí. Y para no caer (un poco si) en el capricho de quienquiera que haya puesto una fecha siniestra como esta decidí hacerlo un día después. Porque la rebeldía es mi condición (si, tengo puestas unas All-Stars y estoy viendo un monitor Samsung, mientras tomo mi café Dolca y fumo mis Malboro) les entrego: YO SOY TU AMIGO FIEL

Un besito a todos
Feliz día (es imposible no caer en las redes)
IMFREAKALOT




MÚSICA



WITH A LITTLE HELP FROM MY FRIENDS
THE BEATLES


Retórica y arrepentimiento. ¿Quizás le dediqué demasiado tiempo a mis actividades amatorias? Si, quizás – responden sus amigos. Pero no te olvides que siempre estarán tus amigos – dice Paul, George y John al pobre y desdichado Ringo. Todo pasará con un pequeño “ayudín” de mis amigos, es lo que reza la supercalifrastilisticuespialidosa canción de los MARAVILLOSOS CUATRO DE LIVERPOOL, del disco Sargento Pepper.
Es resúmen acabado de la relación yo-amigos (o a la inversa): especie de red anticaída, que se extiende a lo largo de la relación yo-novia, y que cuando esta parece resquebrajarse (y de hecho, lo hace) la colisión es inminente, la red anticaída de amigos está para sofrenar el dolor. Ya no importa si momentáneamente quedaron marginados para escribir (con otra) poemas en rosa e historias de hadas, no. Ellos vuelven, envueltos en capas de superhéroes, para rescatar al dolido.

LYRIC:

¿Qué harías si cantara fuera de tono?
¿Te levantarías y me dejaras solo?

Presta atención y te cantaré una canción
E intentaré no desafinar
Oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos
Mm, me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos
mm, lo intentaré con un poco de ayuda de mis amigos.

¿Qué hago cuando mi amor se ha ido?
(¿te preocupa estar solo?)
¿Cómo me siento al final del día?
(¿estás triste porque estás solo?)
Oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos
Mm, me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos
mm, lo intentaré con un poco de ayuda de mis amigos.

¿Necesitas a alguien?
Necesito a alguien a quien amar
¿Podría ser cualquiera?
Quiero a alguien a quien amar.

¿Crees en el amor a primera vista?
Si, estoy seguro de que eso ocurre siempre
¿Qué ves cuando apagas la luz?
No puedo decírtelo, es algo que sé por mí mismo.
Oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos
Mm, me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos
mm, lo intentaré con un poco de ayuda de mis amigos.

¿Necesitas a alguien?
Necesito a alguien a quien amar
¿Podría ser cualquiera?
Quiero a alguien a quien amar.

Oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos
Mm, me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos
mm, lo intentaré con un poco de ayuda de mis amigos.
Si, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos
Mm, me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos
mm, lo intentaré con un poco de ayuda de mis amigos.