José Larralde, el Roquer Campero

¿De qué se trata ser roquero? Se trata de una postura asumida frente a la vida. ¿Escupir a la cara de los fachos burgueses? ¿Coordinar a través de la música una revuelta combativa? ¿Denunciar al explosivo latente en las sociedades pese a las consecuencias? Todo eso y mucho más. Por lo visto en la última década, música de lado, el estigma roquer atañe a una postura, a un despliegue físico (sobretodo) de una vida de excesos: apología a las drogas, mujeres exuberantes, cuerpos perfectos. ¿Y el carácter fundacional? Bueno, eso queda al margen por un puñado de dólares y una botella frappé con dudosas intenciones.

Es el nuevo prototipo de roquero prolijo, engranaje social. O, citando al Indio Solari: “roqueros bonitos, educaditos. Con grandes gastos, educaditos.”.

Está claro, el rock aplastante, de denuncia, el anárquico, el agitador de cabezas, el movilizador, el que le muestra el culo al conservadurismo, ha quedado atrás: ha muerto con Syd Barret ¿quizás? ¿Joey Ramone? ¿Kurt Cobain? O mucho antes: ¿Jimi Hendrix? ¿Morrison?, en fin, todas presunciones sin ninguna respuesta exacta. Lo exacto, lo coherente, lo contemporáneo es: bien peinados, bien vestidos y con una limusina. Es un parte médico crítico, solo pequeñas reseñas en el mundillo musical caótico: los Rage Against the Machine, Muse, Radiohead, Pearl Jam, ¿quién más?

Si tomamos con una probeta el ADN roquer es posible que en un laboratorio se confundan los genes con un modelo, actor o cantante de boleros, para el caso, lo mismo.

Pero tras ese manto de dudosa existencia, voluble, invisible, se esconde el combate y si eso fuera el germen de cualquier roquero entonces José Larralde lo es. Si, aunque haga coplas, folclore, ritmos autóctonos. Aunque se esconda tras una barba pampera, el poncho, alpargatas, el mate y la pava. Su pluma, explosiva, derrotista, poética, lo lleva a un estadio próximo al verdadero ROCKSTAR. Así como si Beethoven hubiera nacido en el siglo XX reemplazaría sin dudas a Robert Plant o Roger Waters. Larralde, a su modo, sería el apunte perfecto de una juventud que desprevenida de las obligaciones de la “vida productiva” agitaría las cabezas escuchando sus armónicos compases.

Es, por obligación, conforme a su contexto y a su época, pero si imaginaríamos un mundo donde el rock seguiría siendo lo que fue, José Larralde sería el estandarte perfecto de una música roquera subversiva, detonante, humanizada.

IMFREAKALOT recomienda (al límite de la obligación desmedida) prestar atención a su llamado, a su música de protesta, a su canto visceral, de las entrañas de un pueblo que merece ser rescatado del vaciamiento intelectual que sufre constantemente.


Viene Llegando Kubrick (el Dossier)

Algo Huele Mal en ese Ropero 2: Versión Cine


Les ha sucedido a los grandes genios musicales dar un paso en falso en su carrera, llámese un momento de distracción, una movimiento suicida hacia la nada, un sentimiento inclaudicable por ver engrosar sus arcas patrimoniales, etc.
Y si les pasa a los músicos, ¿cómo no les puede pasar a los grandes directores de cine? Las cartas ya están puestas sobre la mesa, les toca a ustedes decidir si lo que hicieron fue un error, un atropello o es acertado ese paso.
Aquí están, estos son los que tienen un muerto en el ropero.

Las segundas partes, a veces, son buenas.

Un gran abrazo grande
IMFREAKALOT



1. FRANCIS FORD COPPOLA



La capacidad creadora de un director, el vuelo artístico, dramático, motor de su mundo, de su obra, puede verse reducida, sitiada, por la amenazadora imagen de la empresa. La distribución maquiavélica de los contenidos que desvían nuestra atención: nos dicen que ver, que fagocitar, mientras rumiamos una sensación de vacío al retirarnos de la sala de proyecciones o la gran empresa: el cine comercial. Muchos han visto imposibilitado (o reducido) su talento por estas grandes pinzas que cortan el material, lo empacan, le dan un aspecto bonito y lo distribuyen como carne envasada. Y otros, asumen ese riesgo, se vuelven parte de ese mega espectáculo con el único fin de llenar sus arcas, ¿para un emprendimiento personal posterior? Puede ser, pero no importa. Su capacidad creadora ahora es vista con aversión, tamizada por esa pseudo-prostitución al vaciamiento intelectual. Francis Ford Coppola es ejemplo ecuánime. A lo largo de su trayectoria nos ha entregado maravillosos bosquejos de un mundo paranoico, enfermo, corruptible y desleal. Lo inmoral del ser, el trastrocamiento de la ética encuadrado en mundos dispares, alejados de nuestra visión, ocultos tras un manto de misterio. Y es allí donde radica su capacidad creadora, se vuelve en contra cuando, seducido por un proyecto apuntado a la comercialización, abandona su filosofía, la vuelve extraña y, simplemente, envuelto en una suerte de Mal de Alzheimer momentáneo se fuga en planos, encuadres e historias que poco tienen que ver con “The Godfather” o “Apocalypsis Now”. Si no me cree, compruébelo usted mismo:


Apocalypse Now


Captain EO

2. MATHIEU KASSOVITZ



Mathieu Kassovitz es mayormente conocido por su papel en “Amélie” en el que encarnó al idílico amor de la muchacha, Nino Quincampoix. Sin embargo, su productiva carrera como director lo llevó a cruzar el Atlántico y justamente es en ese momento en la que asistimos al peor Kassovitz. Su inicio en el cine lo hizo de la mano de un increíble relato anti-discriminación, subcultural: “La Haine” (“El Odio”), en el que relata las desventuras de tres marginados amigos, que representan diferentes etnias sociales del submundo parisino, que buscan de manera desacertada integrarse a un sistema que los relega, los señala y los hace victimarios. Un relato crudo que pone al descubierto ese sentimiento, siempre presente, de xenofobia en la cultura occidental y primermundista. Con un tratamiento intenso, en que las imágenes en blanco y negro recrean esa atmósfera de total resentimiento entre quienes pertenecen a un mundo aparentemente civilizado, con sus autos y trajes de lujo, y los que permanecen en las sombras por no cumplir con los pactos sociales de conducta, por ser relegados por una sociedad condenatoria. Kassovitz indaga y lo muestra sin tapujos, como una forma de entrever que para él y su obra existe un estado de sitio, una guerra silenciosa pronunciada por los que están de una vereda y otra. Es, una excelente carta de presentación para demostrar y hacer valer sus principios como comunicador, escoltar a los no civilizados.

Esos esfuerzos que lograron, sobre todo en su país, un escenario de debate y de autocrítica, fueron hechos trizas por un picahielos a medida que su fama se acrecentaba. Creó otros dos monstruos subculturales, de valor menos analítico, que dieron como resultado el cruce hacia las grandes ligas, hacia el cine industrial. Es allí donde Kassovitz vio opacada su trayectoria al concluir en dos films que carecen de valor, el primero, estético; el segundo, global. Reuniendo a un equipo de figuras creó el thriller “Gothika” (“En Compañía del Miedo”) un supuesto drama psicológico en el que vale más las desmesuradas actuaciones de Halle Berry haciendo de loca que la trama y el tratamiento en sí, dando la impresión de un pobre film destinado al olvido repentino. Su segunda y más descartable obra es “Babylon A.D.”, una película que sirve como pretexto para utilizar de manera desbordante toda la parafernalia de los nuevos avances tecnológicos en donde el resultado es simplemente una vaga aproximación a una idea, que previamente era buena, pero que sin dudas escapa al buen gusto. Una trama improbable y un misterio que pierde sentido en los primeros veinte minutos de acción: la mujer es una representante de dios en la Tierra, metáfora vulnerable, poco carácter y somnolientas interpretaciones.


La Haine


Babylon A.D.

3. RICHARD LINKLATER





Despertando a la vida, al sentimiento, a la reflexión. Avivando las cabezas de quien, prestos a mirarla, a analizarla, dejaba entrever su condición de cine filosófico, reflexivo.

Con clara identificación en el movimiento indie, Richard Linklater, después de varios intentos suicidas por salir del anonimato, salió de un cascarón inexacto para ofrecernos “Waking Life”, una película que, utilizando una estética animada que imita los movimientos reales de los actores, plantea el significado de la vida, de nuestra condición humana como parte fundamental del proceso eco-sistemático. Un capítulo tras otro en el que viaja por los sentidos (fundamentalmente el que subraya la lectura y el compromiso), avivando la llama fulgurante de un cine que podría ser catalogado como cine-ensayo. Es, una metódica exposición científica que excluye cualquier intensión comercial para transformarla en una expedición filosófica como navaja filosa que azota la conciencia. Anima, reprende y exige cuidadosa atención, concienzuda reflexión y alto vuelo intelectual para comprender entre líneas la verdadera dotación del ser humano que expone la película.

Bonito camino el elegido por Linklater como escudo que protege su obra, volviéndola anatómica, ríspida y rigurosamente intelectual. Pero fue tentado, como todos, con el vil elixir que el verde dinero escurre, grasoso, ácido, para volverlo un soldadito devoto que defiende causas inexactas, ganadas, con el único fin de encerrar gente (ya no espectadores) en el cuarto oscuro de la sala de proyección y mantenerla abstraída con tomas convenientes, guiones sin complejos y tramas naif. Linklater accedió a eso, como método autómata de todo realizador en mala racha. Y Linklater creó “Bad News Bears” (o “Una Pandilla de Pelotas”, si, eso que leen). La remake de una película que data de 1976 en la que un descarrilado personaje, alcohólico, ruin, ofensivo, se hace cargo de un equipo infantil de beisbol como parte de su rehabilitación civil. Esas típicas comedias que luego, la televisión de aire local, compra los derechos de transmisión para pasarlas como entretenimiento vespertino de un sábado lluvioso. Con el perdón de todos los lectores de IMFREAKALOT: Un camión cargado de bosta. Adiós.


Waking Life


Bad News Bears