"THEM CROOKED VULTURES" - Them Crooked Vultures

HOMME (Queens of the Stone Age) + GROHL (Foo Fighters y Nirvana) + JONES (Led Zeppelin) = THEM CROOKED VULTURES


Ni un suspiro, ni una lágrima detenida en el tiempo, en la gravedad. Todo es acción, violenta, contraída, friccionada. Ni una pluma meciéndose en caída libre hacia un destino inevitable, ni una caricia reconfortante. Todo es penumbra, fuego, espinas, navaja y redoblante. Aún así, creo que me enamoré.
En estos tiempos donde el riesgo musical se equipara con levantarse y empezar a sacarse el polvo de entre las arrugas. Donde el refugio creativo se anula con las estrategias, los outsourcings y los burócratas musicales: papel amarillo de vieja imprenta, himnos repetitivos para bailar en la playa o en el bar, y pequeñas gemas expulsadas a una no distribución. Es posible, tratar de armar una orquesta con ingredientes que, potenciados, pueden resultar el aperitivo perfecto - aunque oscuro y explosivo – para combatir el desasosiego pesadillezco de la actualidad sonora. Puede reinar (así como descreer) el infinito espíritu lucrativo, y debido a los últimos e imprecisos ejemplos: Audioslave o Velvet Revolver; esto se trate más en las sombras y en los silencios, en el boca en boca y en la exposición paulatina de una obra que, por entre las cenizas de un fuego extinto, renace un nuevo espíritu. Un aparato comparable a los sonidos de la nueva era para combatir el presente y ceremoniar al pasado, para reivindicar los frutos de un rock muerto por las vibrantes tecnologías cáusticas, por los aparatos sonoros y marketineros de la MTV y los goodfellas.
Them Crooked Vultures es un experimento, aún más, es la conjunción de tres elementos tan anacrónicos como poderosos, tan irreversibles como su prosapia y su importancia dentro de la bandera que les tocó (a algunos) escoltar.
Por un lado, Josh Homme, ídolo retraído del rock marihuanero stoner, aporta el sonido del desierto tejano, ríspido y bálsamo. La importancia de su ideología musical ha llevado, por ejemplo, a que los Arctic Monkeys le dieran un revés a su carrera musical. Productor de centenares de discos, líder de los Queens of the Stone Age.
Por otro lado, Dave Grohl. Aquel niño caprichoso y masca chicle que cortinaba las apariciones del gran Cobain. Aquel que le daba un sonido estrepitoso con sus golpes terroríficos a las canciones melancólicas de Nirvana. Hoy crecido, y capaz de mantener una (gran) banda a través de los años, reinando siempre el trono del rock con canciones certeras y peliagudas. Dándole vida a la realidad Foo Fighters como el único motor existente, como cerebro solitario y carismático. Luego de años, separación y adiós mediante a su entrañable amigo, David vuelve a la batería por insistencia del propio Josh.
Finalmente, un reinventado John Paul Jones que parecía volcar en la ruta de la nada, tras volantazos de histeria. Retoma sus raíces folclóricas, para montarse el bajo en su espalda y rememorar, como un diseccionador, las entrañas de aquel Led Zeppelin donde, con el espíritu infalible de su música universal alimentó a la bestia y la hizo crecer más allá de cualquier consideración.
Tres condimentos de una ensalada lisérgica, imperdible y sofisticada. Todo el álbum es una amalgama de esas tres potencias que reinsertan sus viejos conocimientos al alcance de un disco inabarcable.

ADELANTO EXPLOSIVO: ELEPHANTS


TRACK A TRACK
Como si una línea coherente musical y abstracta recorriera todo el disco, No One Loves Me and Neither Do I, es la presentación más sintética de este ejemplo. Guitarra poderosa y descolgada, batería al palo y oscilaciones constantes. Montados en una ola de estrepitosa caída.
Continúa con la fuerza metálica y espontánea en Mind Eraser, No Chaser. El sonido desparejo y la asonancia de los tres instrumentos le dan una potencia punkroquer de puro carácter estertóreo, con la continuidad de esa sensación de asfixia que prosigue en el tercer tema del disco New Fang. Un sonido más aproximado a la obra psicotrópica de los Queens of the Stone Age, donde cada segundo musical se presenta imprevisto y desigual a su antecesor.
Dead End Friends, es el tema más Nirvana de todos. Quizás la última canción en homenaje al amigo muerto, la página que Grohl necesita cerrar para lograr (como si ya no lo hubiera hecho) independencia del fantasma que lo acosa hace quince años.
La apocalíptica Elephants abre paso a la desorientación. Una canción que arranca uniforme y parece seguir una linea casual de consonancia. Pero luego, como partículas, se desprende hacia los lugares más inhóspitos, hacia un género imposible de dilucidar. Quizás, los casi siete minutos de ritmo inagotable dan esa sensación de extremaunción musical. Lo mismo pasa con Scumbag Blues. Un desafinado blues, caótico y depresivo, que se desentiende de la métrica clásica de los sonidos de la ribera estadounidense.
En Bandoliers, pretenden bajar la carga sonora, pero, ya sin poder doblegar su retórica y coherencia, vuelven a destronar al silencio sobre el final con un explosivo cóctel de sonidos guitarreros. De esa misma manera lograr convertir a Reptiles, un tema aproximado al folk tejano, a un funk metálico, asimétrico y fluctuante. Los sonidos adquieren una desentonación predefinida ya típica en cada una de sus canciones.
Finalmente las aguas se aquietan, luego del imposible Reptiles, se acercan de manera paulatina y forzosa con Interludes with Ludes. Un canto pausado, marcado por el humo del cigarrillo de marihuana, hacia un sonido alucinado donde el ritmo parece anularse. Luego del intervalo, los Them Crooked Vultures vuelven al inicio, parecen resetearse con Warsaw or the First Breath you Take After you Give Up. Una canción semejante al primer track del disco. Nuevamente aparece el sonido desparejo y la incongruencia de las tres potencies en cada nota. Luego, la canción adquiere nuevos movimientos, coros gospel e implosión, convirtiéndola en una desvalida canción vodevil de fin de siglo, ocho minutos sin descanso y sin pausas, marcadas por el ritmo del wah-wah de Homme.
En esa vuelta a empezar, nuevamente aparecen las menciones a canciones anteriores. Si Warsaw… era la reversión de No One Loves…; Caligulove, siguiente canción del disco, reivindica los ritmos propuestos en New Fang. Ahora adornados por el órgano hammond lisérgico de Jones y la reverberación en la voz de Homme, que le da un espíritu sesentista a una sexy canción de rock.
El plato ya está servido, los Them Crooked Vultures dieron su sentencia y se aproximan al final mostrando en su repertorio, inclusive, en una sola canción, todo lo que son capaces de hacer. De vuelta aquella condición de reiteración se vuelve presente en Gunman. Una canción, que como su título propone, los intérpretes disparan con sus respectivos instrumentos hacia la nada. Más cercana a los ritmos de Elephants y una forma de cantar a lo Bowie, que la pone cerca de aquellas viejas odas glam de los setentas.
Finalmente, la maquinaria cesa su ajetreo. Un piano relata el epílogo en Spinning in Daffodils y nos acerca hacia el Apocalipsis. Luego, Homme proyecta en su guitarra los sonidos estertóreos ya conocidos y la canción comienza a deshacerse, tanto el disco, de manera caótica y paulatina.
El recorrido ya está propuesto, los Them Crooked Vultures proponen afinar el oído e insertarse a una maquinaria que parece desvaída y provocadora. Donde todos los elementos de su música parecen formar parte de pequeñas partículas melódicas, que, en un todo, se perciben asonantes.

MIND ERASER (NO CHASER)"


"CALIGULOVE" para el final


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3 crónicas póstumas:

JOSE LUIS MERCADO dijo...

impresionante...!!

Imfreakalot dijo...

Una genialidad discutida. Estuve hablando con varias personas acerca del disco y todos coinciden en que no les gusta.
¿Acaso tengo tapones en los oídos?

En fin.

PipeGb dijo...

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