CLASE V. THE VELVET UNDERGROUND


Ahí estaba, sobrexpuesta en la capa más fina de nuestras conductas. Llevadas hacia un cosmos de olvido, de sinsentidos. Nuestras conductas de consumo, nuestras ansias de llenar un vacío inmaterial se precipitaban ante la caída de las urgencias. Nos conducíamos, como formas inicuas de conservación, hacia el destino anafórico de acción, contemplando sin saber que alguien, desde las entrañas del universo artístico las expondría de manera soez y prostibularia, de manera directa y sarcástica, colocándonos un muro sobre nuestras frentes, sobre nuestras visiones estrechas y finitas. Todo lo que hacemos-somos es parte de una conducta vital para llenar el vacío crónico que moldea nuestra existencia.
La ropa deportiva, las latas de conserva, el placer irreal de tapa de revistas: todo es ruido, todo es mensaje trunco y escaleno. Y allí está expuesto, como forma de preservación de nuestra especie, inalterable, enmarcada y embutida con colores fluorescentes como acta contrastante de nuestro desempeño gris y anacrónico. El arte pop resurge como expresión de nuestras conductas de consumo, de los medios masificados que aniquilan nuestra única libertad: la elección. En principio, de manera banal y espontánea, luego, como forma auspiciosa para abrir los ojos ante la conducta mundana por satisfacer placeres inmediatos.
El ruido, satiriza la expresión sensorial inmediata. La convierte en confusión e irrealidad, nos aleja del mensaje directo trastocando nuestra percepción inicial. Ese ruido es el que marcó la experiencia de Lou Reed y su banda: The Velvet Underground.



Surgida en los tenebrosos cafés bohemios de la New York off the record, el poeta gritaba a través de los bajos acordes de su guitarra las mentiras de ese mundo alienado, conducido a través del consumo impulsado por los medios de comunicación, por la publicidad y las grandes instituciones. No bastaba el caos reinante en su música, ni la experimentación excitada por las drogas sintéticas, ni la forma más independiente de manejo autoral. Todavía permanecían en un sucucho polvoriento – mientras eran The Primitives, luego The Warlocks, para más tarde ser The Falling Spikes – cuando luchaban contra el ruido de los escritores borrachos en busca de su musa, de los artistas pop que recogían latas del suelo, de las princesitas olvidadas de fin del mundo, donde Lou Reed extasiado por la literatura sadomasoquista encontró en The Velvet Underground el sentido físico a esa música claustrofóbica, demencial y profana. Desprendida de una cultura atiborrada de pensamientos oscuros, donde los héroes de sus canciones: perversos, travestis y adictos, se mimetizaban con el fondo ruidoso de los achaques de la guitarra y la cadencia cansina de la voz de Reed.
Aquella amorfa estructura musical los alejaba del mainstream musical. Los escenarios populosos les eran ajenos. Ni siquiera, cuando Andy Warhol los elevó hacia al extremo de sus creatividades, dándole al show un concepto artístico, donde música, video y luces se transmutaban en una idea multimedial única. Ni siquiera, la incorporación de la modelo Christa Paffgen (conocida como Nico), previa reticencia de Reed, les otorgó el debido reconocimiento popular. Tampoco, la grabación de su primer disco: “The Velvet Underground and Nico”. Las constantes conspiraciones políticas de las empresas discográficas por el contenido poético (“inapropiado”) de su obra, los mantenía alejados del pelotón principal.
Tres discos más tarde: la separación, las adicciones, los problemas por sostener algo que seguía acaeciendo en los sótanos lúgubres de la bohemia neoyorquina acabaron con los Velvet Underground, con la idea inicial de Lou Reed, cansado de la lucha continua por sostener una banda que estaba presa de los demonios populares impulsados por Warhol.
Sin embargo, el tiempo los convirtió en leyenda urbana. Quizás, esa sabiduría transitiva que marca el tiempo, dejando lo bueno y deshaciéndose de lo malo, provocó que en las posteriores décadas el legado de Reed y su banda permaneciera como estandarte de nuevas formas musicales, de nuevos ritos paganos que permanecerán (como ellos) por un tiempo en el ostracismo, en la subcultura y que, luego, morirán desencantados por el fulgor popular, víctimas de ese sistema que corrompe la fama y el dinero.
Nada podrá soslayar el pasado, aquel mensaje intacto de Velvet Underground: voces de un mundo subyugado y establecido en las cenizas de una sociedad banal e incongruente.

THE VELVET UNDERGROUND, "VENUS IN FURS". Parte de la experiencia de Andy Warhol, una propuesta de cine expandido, donde música y cine se unen.: Exploding Plastic Inevitable, dirigida por Ronald Nameth.


THE VELVET UNDERGROUND, "WHITE LIGHT/WHITE HEAT". Parte del film dirigido por Warhol, "The Velvet Underground & Nico: A Symphony of Sound"


"THE GIFT"

0 crónicas póstumas: