20. "Color Humano". COLOR HUMANO (1973)


Como esas viejas epopeyas sonoras: recuadros viboreantes de luces fluorescentes, climas austeros y espacios de contención, el disco inicial (y fundamental) de Color Humano es una batalla constante contra la mediocridad. Cada ribete en el que dibujan sobre la pared musical es exclusivo e irrepetible, tanto, que adquieren un formato tridimensional, una ilusión cerebral que aniquila cualquier poder de raciocinio contra la obra. Edelmiro Molinari, libre de huestes y panfletos, en pleno ejercicio de su inconsciencia y de su ductilidad más sabrosa le dan vida a un disco que se expande por el contenido puro, libertario, creativo. Aquí el fruto de una acción espontánea, echar volar al viento los pensamientos más estructurales sobre la música y, en cambio, hacer pesar la pretensión, el florecimiento; una llave que abre la puerta contigua al placer.
En este disco, se proyectan imágenes de su tiempo, de su era, que se encriptan en la retina, como marquesinas con graffiti, los sucesos de una época plaguicida, belicosa y craneal. En los solos eternos de Molinari se oyen los latidos y respiraciones de la guerra civil, el humo negro de las bombas antidisturbios y el olor a goma de la bota militar. Confluyen y se desatan, explotando en vértigo: cansino, real, casi tenebroso o desesperanzador. Las canciones de Color Humano son el presagio o la víspera, la insurrección o el totalitarismo, congeniados con sutileza y romanticismo.

COLOR HUMANO, "Larga vida al sol"

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