I TOLD YOU I WAS FREAKY, Flight of the Conchords


La propuesta de los Flight of the Conchords es conmovedora. No porque apelen justamente a ese sentimiento, a ese golpe inguinal que termina irremediablemente en el gimoteo. Sino por la innovadora calidad, el rescatar las esencias privilegiadas de un cierto sentido ya perdido en el tiempo. Aquello propuesto por Chaplin, recuperado por el Groucho y declamado en las postrimerías por Tati. Aquella propuesta reflexiva del humor. Con lo simple e inmediato. Con el gag impredecible y la astucia obsecuente del ajedrecista.
Compuesto por Bret McKenzie y Jemaine Clement, este dúo neozelandés saltó desde el anonimato gracias al programa de televisión de la HBO, llamado justamente Flight of the Conchords. Basado en las experiencias siempre derrotistas de ambos personajes, la cotidianeidad rebozada por la tenaz y crítica mirilla sarcástica, y la sobrecarga de inverosímiles, hicieron de esta serie una de las más aclamadas por la prensa y el público. Gracias a la popularidad de Flight of the Conchords, la banda homónima empezó a despegarse y en este, su segundo disco, se nota una aceitada y regular visión de las cosas. Todas las canciones incluidas son parte de la puesta en escena de la serie, temas recurrentes, ordinarios y peligrosos, visiones apocalípticas, irreales y procaces, le dan un sentido estético y autorreferencial único. Complementado por la promesa oscilante a través y por los climas, ritmos y sonoridades que derrocha este disco. Imprescindible y recomendable, como la serie de televisión.

I TOLD YOU I WAS FREAKY


TRACK A TRACK
El disco abre con una versión triste y pesimista del amor. Hurt Feelings se repite incansablemente para dejar en claro cuanto duele, en plan burlesco de los cantantes pop que lucran con sus angustias erráticas. El tema homenajea a Beck puesto en una licuadora junto con Britney y Christina.
Para demostrar la versatilidad del dúo, la variación de ritmos e influencias; en Sugar Lumps caricaturizan a la suntuosidad rapera, nacida del brazo huérfano de la réplica y la protesta para convertirse en otro producto más de la cultura idiotizante yanqui. El ritmo de Olodum inyectado en una máquina de videos pacmanianos.
Los geeks neozelandeses vuelve al ritmo hiphopero en We´re Both in Love with a Sexy Girl, aplicando el concepto conflictivo que separa a la amistad. La presencia de un tercero femenino que resulta ser, imposiblemente, objeto de deseo de ambos.
Todo lo que somos, lo que llevamos inscriptos de por vida y que tratamos de ocultar al resto, con máscaras, objetos y acciones: todos somos freaks. Y el concepto aplicado, en I Told you I was Freaky, cuarto tema el disco, ejemplifica el concepto. La amplitud gráfica de la serie de HBO ayuda para entenderlo aún más.
El rock comienza a hacer efecto en las venas del dúo con Demon Woman. Planteando un matrimonio agónico entre la psicodelia y el humor como resultado latente de la insatisfacción. La camaleónica tribulación de ambos es el recurso mejor guardado, tratando de escaparse de sí mismos, buscan y reinventan los ritmos. Automáticamente, pasan de un género a otro sin poder detenerse, llegando al quinto tema sin notar un atisbo de quietud. Rambling Through the Avenues of Times, homenajea o no – ya a esta altura no sé – al repertorio clásico del trovador concienzudo. Dylan, Lennon, Harrison, que parecen levantar la mano. Sin embargo, el pequeño sesgo sarcástico utilizado desnuda esta posibilidad. Y repentinamente el disco sigue, sin hacer una pausa a nuestra posibilidad de atención, toda la paleta de colores se transforma en una pared escrita con graffiti, reflexiva, autoreferencial. Cómo no podía ser de otra forma, en Fashion is Danger (La moda es peligrosa), este dúo de músicos nerds advierten, asumiendo su posición y estado, sobre los peligros latentes de la superficialidad, en grito electrónico, para seguir con el tono fluctuante del disco.
El circo de fenómenos sigue rodando por la carretera, instantes reflexivos comunicados con el duro puño del sarcasmo. En Petrov, Yelyena and Me, se escucha el ritmo gastado, una fotografía vieja sepultada tras el muro caído. Las esquirlas de guerra, las burlas a un comunismo fallido y el amor frío de narices coloradas por el sopor del vodka.
Llegando al clímax del disco, llevado casi abruptamente por estados tan contrastantes como increíbles, llega uno de los mejores temas del disco. Too Many Dicks on the Dancefloor (Demasiados pitos en la pista de baile), es el himno machista de fin de siglo, agregada a la frase populista: “mucho olor a bolas”, que resuena en cada una de las fiestas fallidas, cuando la hora insensata de la despedida nos acomete sin el calor necesario de una mujer a nuestro lado.
Si cualquier posibilidad de cordura parece desprenderse por las rendijas del disco, con el reggea You Don´t Have to be a Prostitute (No tienes que ser una prostituta), esa aseveración parece morir en su intento. Precisión inmediata, ejecución y lírica pedagógica.
Para ir cerrando el disco, los Flight of the Conchords se refugian, en duelo vocal, en el antihomenaje amistoso. Friends, es la crítica siempre despiadada, lo que se dice por las espaldas de los amigos. Lo que se tiñe de sinceridad frente a frente y luego se aborda con total crudeza y despotismo. Y el disco continúa, la consonancia de los climas propuesta se vierten en degradé hacia otro de los puntos álgidos de “I Told you I Was Freaky”, en este caso, el anteúltimo tema es: Carol Brown. La canción revisionista, el homenaje a los amores perdidos en el tiempo. Aquellas chicas de antaño que fueron fumigándose en las horas, en las lágrimas, en el cansancio y en las arrugas. A modo de acompañamiento, sigue el coro de ex novias para decorar una armónica canción a lo Bobby McFerrin.
Y el cauce de éxtasis, reflexión y, sobretodo, humor e ironía llega a su final. Disimuladamente se van yendo, con Angels, guitarra, coros asexuados y fade out.

TOO MANY DICKS ON THE DANCEFLOOR


CAROL BROWN (CHOIR OF EX GIRLFRIENDS)


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