EL DESENCHUFADO DE IMFREAKALOT

Una generación se vio signada por los mandatos vacuos, semitransparentes y adoctrinadores de una cultura abrasiva y segmentaria, que los apartó de la esencia constitutiva de su propia sangre, sus genes, de su propio telurio. Esta generación sitiada por la propaganda imperialista, por las lucecitas de colores y los ídolos de cartón es la alimentada por la cultura MTV. Aquella que reúne y amolda, empaca y rótula a los seres, según normas y comportamientos, según ejemplos de vida (siempre rayanos con la superficialidad), según héroes apócrifos del Pop.
No hay dudas de que MTV es uno de los causales más gravitantes del destino de la música contemporánea, una parte del rock ha muerto gracias a esta cultura siniestra e inquisidora. Muchos músicos han perecido por lo que supone un camino accesible a la fama, convirtiéndolos en parte de ese sistema hacia un destino ya irrevocable.
Esta cultura ha construido a través de los años una imagen para que los jóvenes sientan pertenencia, identificación y comodidad. Pero el mensaje oculto tras esas intenciones son poco alentadores: se los invita solapadamente al desfile innecesario de consumismo, destinándolos a una decisión musical y cultural acotada.
Sin embargo, por más que IMFREAKALOT se desentienda de este monstruo y desmienta cualquier rumor de acercamiento a esta cultura, irremediablemente, como parte de esa generación que ha crecido con esta cultura de ídolos falsos y propaganda pro Tío Sam. Ha existido un tiempo en el que miraba parte de la programación, que alguna vez – ya no – supo entregar algunas dosis de creatividad y exhibicionismo poético a su empobrecida grilla semanal. Lo que quiero rescatar en este post especial, es el tiempo en que, todas las semanas, desfilaban verdaderos próceres – y no tanto – de la música, participando de las sesiones desenchufadas: MTV Unplugged.
A continuación, un derrotero de las quince mejores participaciones en este programa, que por varios motivos ha sentado un precedente en la música contemporánea: ha sobrevaluado a artistas, ha enaltecido a otros, ha empobrecido y, sobre todo, ha entregado verdaderos momentos de cenit musicales.


15. STONE TEMPLE PILOTS (1994)
Los STP hasta ese momento infravalorados por el mercado en auge del grunge, ocultos tras la sombra de Soundgarden, Pearl Jam y Alice in Chains, propusieron en este desenchufado una versión desenfadada, reconfortante e intimista de sus temas, que siempre apuestan al volumen alto y al histrionismo de Scott Weiland, su cantante.
En 1994, brindaron un show que los quitó de la marginalidad y los convirtió en referentes del movimiento. El punto álgido fue la participación vocal de Weiland, que, cómodamente sentado en un sillón, brindo un show impecable, demostrando sus grandes dotes como cantante. Aquí, haciendo “Creed”, del disco debut “Core”.



14. KORN (2007)
Los siempre mal vistos muchachitos del nü metal, aquellos del grito insoportable y los arreglos tonales semicuadrados, supieron deshacerse de ese encasillamiento caprichoso que su propia música obliga a ejercer. Con varios arreglos orquestales, una gran performance de su cantante, Jonathan Davis, y la participación de algunos invitados (Robert Smith, de The Cure y Amy Lee, de Evanescence), le dieron un giro inesperado a su carrera; quizás el último toque maestro a su ya sitiado destino de banda de moda.
Un excelente unplugged en tiempos donde escasean las innovaciones y la creatividad.
Aquí junto a Robert Smith haciendo “Make me bad”, fusionándolo con “Between Days” del propio Smith.



13. LAURYN HILL (2000)
Esta mujer proveniente de la cultura hip-hop emergente, se ha valido con sus propias armas – excelente voz y postura escénica – para independizarse del género, de su anterior banda, Fugees, y de los continuos ataques y presiones de la crítica. En este desenchufado muestra su estado más primitivo y auténtico, en tono intimista, logra conmover con canciones de tinte soul, valiéndose de una sola guitarra y el dulce color de su voz. Un ejemplo de lo que representó este show es esta versión de “I´ve Gotta Find Peace of Mind”, donde entona luchando contra sus lágrimas en emotiva versión. Como himno insigne de su propia vida. El rezo: tengo que encontrar un poco de paz a mi atormentada y controversial obra.



12. ALICE IN CHAINS (1996)
Otro de las bandas promotoras del grunge de Seattle ofreció en 1996 un show que, para la crítica, fue el mejor unplugged de la historia, pese al notorio estado de deterioro de Layne Staley, su vocalista, por su adicción a la heroína.
Un desenchufado que se destaca por esa participación casi silenciosa de un hombre que lucha contra su enfermedad, un grito de clemencia, de respiro entre tantas pesadillas. Lento y cálido, este show ofrece un clima monótono pero esencial, en donde el silencio (como parte fundamental del sonido, su arma más poderosa) marca el deterioro del tiempo y la posteridad de las canciones.
Esta versión de “Would?”, un tema al palo y sin tiempo para pensar en su versión original, marca el cambio radical, la utilización de los espacios sonoros y el clima por el que atraviesa todo el show.



11. SODA STÉREO (1996)
No sólo por la importancia de Soda Stéreo, también promovidos por MTV como el referente del rock L-A-T-I-N-O. Sino por el clima de la obra. Este show, como excusa para grabar el último disco importante de la banda “Confort y música para volar”, y para hacer ciertas las sospechas de que ya, la unión como banda, el espíritu creativo y el poder abrasivo se estaban extinguiendo.
La transformación de las glam songs de los ochenta a una atmósfera intimista, complementada por los arreglos de cuerda y la limpia voz de Cerati son los puntos altos de este disco-show. Y el ejemplo significante de que atravesando los problemas, Soda Stéreo aún era sólido y eficaz, marca registrada de un sonido que prevalece ante todo.
Esta es la versión de “Té para tres”, una transformación al propio volumen original.



10. ALANIS MORRISETTE (1999)
La chica canadiense que había irrumpido a principios de los noventa con su disco “Jagged Little Pill”, en plan restaurador hacia los sonidos de una nueva era, presenta en este show, su faceta más carismática y, sobre todo, ese costado algo relegado por el griterío asonante de algunos de sus temas, la claridad de su canto despejaron las dudas.
A tono con el clima intimista, alfombras hindúes, almohadones, guitarras electroacústicas y escobillas para la batería, este show presenta de manera axiomática a Alanis cantante, Alanis compositora, Alanis humana. De hecho, algunas de las versiones contenidas en el posterior disco superan las expectativas de las canciones originales y le dan una clave para lo que sería su posterior obra.
La versión de su tema “Head Over Feet” de su primer disco es sobrada muestra del tenor del show.



9. CHARLY GARCÍA (1997)
Como si los tiempos no hubieran pasado. Como si se mantuviera intacta la llama frenética del vocero nacional. Charly García ofrece a través de su clásico repertorio, un show amenizado por el sonido parsimonioso pero tocado con la misma frecuencia, coherencia y potencia de un show en un gran estadio. Impactante y furioso, muestra el desenfado característico, el virtuosismo de sus manos balanceándose a través de las teclas de su piano y el hálito de voz flemática y reflexiva nos dan la pauta de que el mito aún sigue latiendo en cada una de sus canciones, en cada rima, en cada punto. Los arreglos de cuerdas y el estupendo show brindado por María Gabriela Epumer complementan una actuación inolvidable. Es Charly en estado puro, cuando se lo suelta de un corral y se lo pone a hacer lo que sabe, en total libertad, sin complejos ni esquemas.
Entre tantos puntos altos, aquí hace “Pasajera en trance”.



8. PAUL MCCARTNEY (1991)
El niño bueno parece no querer abandonar, caprichosamente, aquél momento único en donde su vida se sostenía por el caos, por el entusiasmo popular y por el ir y venir de las giras. Aquel momento glorioso en donde pertenecía, como en un sueño, a la banda que marcó el destino inevitable de la música en el siglo XX. Esas cadenas que aún lo atan, preso de la melancolía, son las mismas que lo llevaron en andas a ofrecer este unplugged comprendido por una atmósfera de súbito revisionismo, de emotividad latente. El gran Paul construyó un show a través de las canciones que alguna vez lo depositaron junto a un dios, el dios del rock, cuando los Beatles lo eran todo, cuando su creatividad e inteligencia coordinaban junto a la de John Lennon el destino musical del universo.
Sin decir nada más, “We Can Work It Out”.



7. THE CURE (1991)
Si pudiera aplicarse algún título a este recordado espectáculo brindado por los vampiros británicos, ese sería el de la película dirigida por Jim Sharman, “The Rocky Picture Horror Show”.
En plan siniestro y perturbador, los liderados por el pre-Emo Robert Smith, brindaron un show original a la medida y necesidad de sus canciones. Clima oscurantista, columnas Transylvánicas, humos de toda índole, “cojines” y velas por doquier, acompañaron al catálogo melancólico de The Cure. Versiones simples y contundentes destinadas al golpe directo a la pasividad, al corazón rocoso, promoviendo ese clima propicio para: a) romper en llantos, b) caer en la introspección, c) aquietarse por lo tétrico de sus interpretaciones.
A continuación, “Just Like Heaven”. Himno fatalista de la gran banda de Sussex.



6. R.E.M. (1991)
Existen dos partes fundamentales en la concepción y posterior desarrollo de una banda. Una de ellas es lo logrado a través de una coherencia tanto interpretativa como autoral, marcada por el sello característico impuesto desde el momento de su concepción. La otra faceta, un poco más desprolija y heterodoxa, llega al momento en que lo citado anteriormente se pone de manifiesto en escena. Esta parte esencial y constitutiva de una banda esta signada por lo más primitivo: el momento en que, unos – los músicos – y otros – los espectadores – se enfrentan cara a cara.
En este unplugged, la banda liderada por el carismático Michael Stipe, se encuentran con ese primitivismo, auspiciado por la espontaneidad de sus canciones y por el marco introspectivo del show. Es el momento en que se desvisten las mentiras y lo más auténtico sale a la luz. Con gran cintura, los R.E.M., envueltos en el mareo excesivo de su acentuada exposición gracias al superconocido hit “Losing my Religion”, sacan de sus entrañas ese perfil remoto: músicos en pleno goce de sus canciones.
El ejemplo más claro es la versión de “It´s the End of the World As We Know It (And Feel Fine)”. Un tema no previsto antes del show, en donde tuvieron la necesidad de improvisar sin haberlo ensayado. Aún así, logran una canción visceral con el espíritu rebelde del punk.



5. LUIS ALBERTO SPINETTA (1997)
El hombre se trasviste con tantos elementos que ya es imposible saber que ropaje le corresponde. El héroe roquero argentino, Luis Alberto Spinetta, ha probado su suerte con miles de artilugios y, como siempre, ha salido airoso en cada oportunidad. Mil vidas tiene y ninguna a perdido, pasando por diferentes estadios emocionales, musicales, culturales. Su música tanto como su pluma ha prevalecido a través de las eras, a través de los estilos, a través de las generaciones. En este desenchufado vuelve a tentar a su suerte, volviendo a su repertorio ecléctico y heterogéneo un aire renovador. Los matices de una escala musical superior, arreglos, interpretaciones, y sobre todo, el sentido interpretativo intacto, le devuelve a este show un clima reconfortante y la señal de que Luis Alberto Spinetta pese a todo, prevalece.
Versión sinfónica de “Laura va”, canción de Almendra.



4. PEARL JAM (1992)
En pleno auge grunge, cuando las invitaciones a las bandas de este estilo eran incesantes, los Pearl Jam han podido y sabido despegarse de la carcaza rudimentaria que los mantenía herméticos y unidos al aparato que los había vuelto populares. Como pasa hoy, donde han sabido, a fuerza de inquietud, virtuosismo y creatividad, saber prevalecer más allá de un tiempo determinado; en aquel entonces, se volvieron capaces de reinventar sus canciones, aplacarlas y volverlas amigables a todo público.
El show es una muestra desgarradora de la interpretación de Eddie Vedder, que conjuga la sofisticación de la técnica vocal con algo más humano, visceral, el canto proveniente de los sentimientos y la emotividad. Complementado por las sutilezas de una banda sólida y en pleno estado de innovación sonora.
En este video ofrecen su más destacada interpretación, la fuerza vocal y el clima ameno de “Black” se destaca del resto.



3. ERIC CLAPTON (1992)
Clapton es, uno de los músicos más influyentes de la historia del rock. El estandarte de la constitución del rock como género, el primero en descoser su guitarra con achaques y solos imposibles. El creador de Cream, la banda que transformó el pensamiento pacato acerca del rock como movimiento. El héroe que influyó a Hendrix, y que posteriormente fue desterrado por su discípulo. Luego de aquellos años dorados, Clapton ya devoto del blues, ídolo blanco del género negro por excelencia, fue opacandose por la moda, por la infelicidad de los tiempos y por sus propios demonios.
En este unplugged, uno de los más paradigmáticos de la historia del programa, Clapton se monta en el Ave Fénix, volviendose fuerte a base de sus canciones más conmovedoras y de sus solos únicos.
“Running on Faith” es el mejor tema del show, que permaneció solapado por otras interpretaciones más populistas como “Tears in Heaven” o “Layla”.



2. JIMMY PAGE & ROBERT PLANT (1994)
Después de que los tiempos hayan sesgado las aguas del rock manifiesto; cuando parecía perdida aquella vieja insignia y se acometían unos a otros, desesperados, las nuevas bandas que poco ofrecían. Jimmy Page y Robert Plant, tuvieron la necesidad de encontrarse, como alarma, como método de rescate hacia el destino irrevocable que el rock estaba tomando por asalto. Ya nada queda por decir de estos dos genios de la música contemporánea, estandartes de Led Zeppelin, figuras intachables de la escena roquera, devolvieron un show a la medida de las expectativas, llenando el vaso con puro éxtasis, recuperando la posta y corrigiendo el camino.
Versiones gigantes de sus ya gigantes temas, acompañados por la Filarmónica de Londres y por un séquito de músicos que nunca desentonaron con el clima propuesto por Page y Plant.
“No Quarter” para goce visual y auditivo, para la posteridad.



1. NIRVANA (1993)
La importancia de este show como hecho histórico es imprescindible. Primer punto, porque marca el fin de una era. Es el último show televisado ofrecido por Kurt Cobain: el último gran héroe del rock universal. Segundo punto, porque todo el show esta viciado de una atmósfera rara. Quizás, la presunción de un final latente le brinda a la interpretación de Cobain un matiz taciturno, desesperado, desesperanzador. Y a su vez, conjugado con una fuerte precisión vocal, desgarradora.
El tercer punto muestra como una banda en absoluto apogeo logra evadirse de sus responsabilidades. Reinventándose a sí mismos, cambian el sonidos estertóreo por un clima inusitado, de absoluta convivencia con los silencios y los climas tristes.
Por esto, el MTV Unplugged de Nirvana es y será el show más importante de la historia.
El final del capítulo, "All Apologies"

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