"AMADEUS" (1984). MILOS FORMAN



TITULO ORIGINAL: Amadeus
DIRECCIÓN: Milos Forman
GUIÓN: Peter Shaffer (Obra de teatro: Peter Shaffer)
REPARTO: Tom Hulce, F. Murray Abraham, Elizabeth Berridge, Simon Callow
GÉNERO: Drama
AÑO: 1984
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 158 minutos.




LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD: LA ENVIDIA
La envidia es el pesar o la tristeza del bien ajeno, o también, la emulación, el deseo de tener algo que no se posee. Pero, ¿es acaso este tipo de envidia la que corroe las entrañas del maestre Antonio Salieri a lo largo de “Amadeus”? La envidia aquí, presentada con excelencia y belleza visual por el gran Milos Forman, es una parte del todo. Salieri, elabora un silencio inhumano, llevándolo al deterioro total de sus acciones que esforzadamente trata de disimular. El problema que plantea Forman ya no es una envidia que opone en veredas opuestas a Mozart de Salieri. Tal es así, que Salieri admira la belleza y el poder de autenticidad e inmortalidad de la obra de Mozart. Esta clase de envidia, expresada por Antonio Salieri, se pone de manifiesto al darse cuenta, previo pacto con dios, que la genialidad no es un don divino, sino, una cualidad manifiesta e irrepetible del ser humano. Salieri, quien hizo un pacto de castidad, libre de pecados, para poder llegar a un cenit creativo con el mismísimo ser supremo, elabora su odio a través de Mozart, expresión terrenal de eso que él mismo le dio significación divina. Es por esto que su ira se ve canalizada en acciones terrenales, pueriles, banales.
La competencia entonces, se pone en relieve a través y no por Mozart, en la incomprensión de Salieri, todavía acrecentada por la personalidad de Wolfgang, un hombrecillo infantiloide, chabacano y superfluo, con una risa chillona que expresa lo cerca que se encuentra la genialidad de la anomalía. Y en ese silencio, que procesa Salieri a lo largo de más de 120 minutos de film, es la consciencia de la envidia al estar cerca de lo deseado pero inasible. La condena de Salieri, finalmente, es aceptar la mediocridad y volverse ordinario, algo que trató de mantener al margen debido a su pacto divino, pero ensimismado por la ira reprimida, sus actos comienzan a perpetrar la figura intachable de Mozart.
Por otro lado, aparece la figura de Wolfgang Amadeus Mozart. Genio creativo, innovador y controversial, quien supo independizarse de la figura patriarcal del mecenazgo para ejercer una libertad autoral independentista. En “Amadeus”, es representado como una figura caricaturesca, vacua y promiscua como forma contrastante y, a su vez, equilibrante de su genialidad. Milos Forman, elabora a través de la cinta, el despellejamiento de la personalidad de Mozart. Un trabajo sutil y orfebre que va sitiando conforme avanza la película. En principio, parece envuelto en una carcasa inviolable, gozando el estrellato y los aplausos tanto de las figuras de poder, monarcas y aristócratas, como de la plebe rendida a sus pies. Pero la aparición de la figura paterna, Leopold, que ejerce una suerte de continua presión sobre las decisiones de su hijo, van resquebrajando la personalidad banal de Amadeus. Y la muerte de su padre, ya avanzada la cinta, provoca el quiebre determinado, volviéndolo vulnerable y preso del ostracismo, que determinará, también influido por las constantes conspiraciones en su contra, el derrumbamiento del genio incomprendido.
“Amadeus”, en parte, trata sobre la historia de la humanidad. Reflejada en ese sentimiento tan odioso como constante que provoca en el ser humano la ira. El deseo por el bien ajeno es lo que provoca el odio y la intolerancia, las guerras y la confrontación constante. Llevando al ser humano hacia un comportamiento de enajenación y por tanto, la mediocridad. Como parte fundamental, aparece la figura divinizada de la genialidad; algo que no se puede explicar con la razón, por el sólo hecho de ser un don único e intransferible, se convierte en la excusa para profanar lo inexplicable y por tanto, actuar conforme a eso.

Dos secuencias insoslayables dentro del film. La primera, muestra la incomprensión de Mozart por su obra. Luego, el detalle de su personalidad banal, probándose pelucas y desatando su risa insoportable.
Luego, la segunda secuencia, cruel instante en el que Mozart se presenta y reproduce una marcha que Salieri compuso para él, y reproduce con solo escucharla una vez.





MILOS FORMAN, DIRECTOR DE ORQUESTA
Milos Forman elabora pieza por pieza esta historia de la humanidad, representada por dos figuras contrastantes. El hombre que entrega su vida por el trabajo (Antonio Salieri), haciendo pactos silenciosos e imposibles con dios, lo intangible, lo superpoderoso, para llegar a ese cenit creativo, ese inalcanzable objeto de deseo. En contrapartida, aparece Mozart. Quien reúne todas esas cualidades y que, Salieri, al darse cuenta de la personalidad de este y tomar consciencia de que se trata de un don natural, por tanto humano, construye sobre él un odio profuso.
A través de la belleza visual, en parte, por la sobresaliente dirección de arte que recrea minuciosamente el movimiento barroco de la época y sobretodo, por la inclusión de la banda sonora como parte activa de la narración. Dejando de lado su función de mero fondo descriptivo y acompañante, para hacerla protagonista de ese proceso de creación que nos va mostrando. De esta manera, la película no sólo se compone de excelentes fragmentos visuales, sino también, la narración se construye a partir de la obra de Mozart, que nos va relatando los continuos cambios de clima, los puntos de giro y el destino de la obra.
Asimismo, Forman obtiene un film sobrecargado de imágenes, entendiendo que parte de ese proceso comunicacional es adaptarse al mensaje que va contando. De esta manera, reubica su dirección dentro del mismo movimiento barroco, en una suerte de metamensaje. En gran parte de la película, puede verse escenas superpobladas de información, tanto figuras humanas como materiales (mamposterías, cuadros decorativos, elementos de otra índole) para crear ese clima y ubicarnos cronológicamente en ese contexto de manera natural.
“Amadeus” es una cinta excepcional, que no sólo reúne las condiciones de autenticidad del relato, sino también, por despegarse de una mera confrontación caprichosa. Es, entonces, una película que se halla a la misma altura de la genialidad y la envidia que relata.

Una de las últimas escenas de la película, en la que Mozart, enfermo y solitario, redacta a Salieri la composición del Réquiem, que inconscientemente compondrá para su propia muerte, instigado por el mismo Salieri.

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