35. "Trance Zomba". BABASÓNICOS (1994)


Nada tiene que ver este Babasónicos, chic, glamoroso y espumoso, con aquel de comienzos de los noventa, cuando irrumpía en los escenarios del underground porteño con un ritmo hermético, sólido y friccionado. El primer disco de la banda, “Pasto”, fue el puntapié para darse a conocer. Pero el paso definitivo – y de calidad – lo darían dos años después, en 1994, con este imprescindible disco: “Trance Zomba”.
Destellan como un artificio perfecto los sonidos crudos, enganchados en una mística hip-hopera aún inéditas, o conocidas por el virulento sonido de Illya Kuryaki and The Valderramas. Sin embargo Babasónicos, en este disco, logra llegar a un clímax decisivo. La fusión de ritmos más elaborados, presentados de forma casi animal, tirados sobre la mesa, a punto de masticarlos sin cocer. Algo emparentado con el heavy experimental y el funk de los Peppers o Infectous Grooves. Son el telón perfecto para la rima siempre bizarra y disparatada de Dárgelos, Tuñón y Rodríguez.
Este disco, si bien dista demasiado del hoy Babasónico, al analizarlo se desprenden algunas pistas de lo que finalmente terminarían de culminar con “Miami” y “Jessico”: las reminiscencias de una adolescencia rebelde y experimental, desbordada por la inocencia y los juegos musicales; sin el aparato marquetinero corriendo detrás, sin la obligación del hit radial, sin el griterío ensordecedor de la tribu femenina como eco repetitivo.
“Trance Zomba” refleja aquel momento de lucidez musical de los Babasónicos, donde se desprenden varios temazos de puro rock febril: “Malón”, “Montañas de Agua” y “Ascendiendo”. Y el perfecto manejo de climas calmos: “Patinador Sagrado” y “Koyote”.

BABASÓNICOS. MONTAÑAS DE AGUA

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