28. "El León". LOS FABULOSOS CADILLACS (1992)


¿Quién iba a pensar que aquellos gorditos felices estaban planeando algo? Reuniéndose en viejos bodegones, en cantinas, en bares y fondas, concibiendo un destino radical a su carrera musical. Lo cierto, es que los Cadillacs siempre pudieron manejar con total irracionalidad el barco de su música. Siempre supieron elegir el mejor camino para arraigar su legado sobre el pueblo. Aquello estaba perdido en el fondo del mar, un género poco advertido – ska -, un sonido que nada tenía que hacer dentro de la cultura under argentina, donde había anclado años atrás justamente gracias a The Specials o Madness y muerto en el instante consecutivo a su reproducción.
Elucubrando, viajando por el continente, Los Fabulosos Cadillacs supieron que hacer: mezclar esa potencia desvariada, esa suerte de carnaval oscurantista con el ritmo centroamericano, con el ADN salsero y protocolar. De esa manera, obtuvieron la fórmula del éxito: un Tito Puente londinense abriéndose paso dentro del mercado consumista neoliberal, rimas pegadizas, mucho dancefloor y el destino inmediato a las radios populacheras.
Aún así, el disco es un pulido tratado de la materia, un espacio para la reflexión, sentando cabezas por más baile que haya, distensión de por medio, y el pasado oscuro. Pequeños retazos de un todo contestatario que no olvida su lugar en el mundo, y que a su vez, prefiere denunciar al estanco animándolo a bailar.
La música de Los Cadillacs comienza a destacarse por sí sola, y justamente, “El León” de 1992, es el disco que sella este encuentro entre realidad, culpa y baile, entre innovación, éxito y despegue musical. Todas y cada una de las piezas que se reproducen en el disco tienen un propósito, una meta inicial, cumplida o no: “Gitana”, “Carnaval toda la vida”, “Manuel Santillán, el león”, “Gallo rojo”, “Desapariciones”, componen la paleta ambivalente de contestación rebelde y éxito radial.

GALLO ROJO. LOS FABULOSOS CADILLACS

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