26. "Aquelarre". AQUELARRE (1972)


El fin de Almendra encontró a sus músicos dispersos en plena búsqueda original de sus propias ideas. Por un lado, libró a Spinetta hacia el pico de su genialidad, en la mezcla exacta de blues, hard rock y sinfonía para darle brillo a Pescado Rabioso. Por otro lado, depositó a Edelmiro Molinari, el genio tapado, a una búsqueda más experimental y lisérgica, un viaje a través de la imaginación en Color Humano. Y finalmente, a Rodolfo García y Emilio del Guercio, baterista y bajista respectivamente, a la superación. Encontrando un lugar inhóspito del que nadie se quería hacer cargo. Superando con creces esta oportunidad, devolvieron, gracias a su Aquelarre: sumando el virtuosismo en la guitarra de Héctor Starc y la armonía en el órgano blusero de Hugo González Neira, una banda totalmente prismática, atrapante y conmovedora.
La calidad esperada, el espacio para la vanguardia y los sonidos fluctuantes, abriendo el camino de las bandas argentinas al mercado europeo.
En su primer disco, homónimo, se encuentra la primera piedra del monumento construido. La disposición de las notas, el camino extravagante, los reiterativos cambios de ritmo y la exploración más allá del género rock, llegando hasta lugares poco comunes dentro de la escena roquera tanto como el free-jazz o el funk. Las letras surrealistas y el espacio para la imaginación aportaban lo suyo, empujando a las canciones de “Aquelarre”, a un disco lleno de matices y de momentos totalmente superlativos.

CANTO (DESDE EL FONDO DE LAS RUINAS). AQUELARRE

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