OBJECT OF BLIND ADORATION: ELLEN PAGE


CHICA NATURAL
La ves con sus huesitos débiles, correteando entre bastidores, callada, en intento suicida por devorarse la pantalla cuando sea el momento. Sin pedir nada a cambio, sin saber que las sombras del gran escenario renacen apoteóticas tras de sí. La pequeña canadiense Ellen Page, con veintidós años, sabe que camino tomar, sabe como corregir su marcha en pleno vuelo, sabe, como lucir y deslucir en cuantiosas dosis.
La industria hollywoodense no falla. Sabe resumir todo el talento de una artista cuando es consciente – el productor – que lo que tiene frente a sus ojos es un diamante en bruto. Y allí la colocan, entre figurillas de renombre y astutos sabuesos marketineros. Allí está Ellen, luciendo temible, adorable, suficiente para repartir sus líneas frente al estrado, sin demasiados titubeos, firme, estéril de cualquier artilugio malicioso.
Cadencia natural, nada de sofisticadas tramas ni elaborados personajes que se encubren en la personificación introspectiva. No. La vida te ofrece un amplio muestrario para ser copiado. La sociedad es un álbum de fotogramas que denuncian los verdaderos comportamientos. De allí se toman con una probeta los diferentes disfraces, y Ellen corrige esa mirada para devolverla costumbre. Lo hace habitual, común, lindero con nuestras vivencias. En esa habilidad radica lo más jugoso de su trabajo como actriz.
No juega al actor recibido en las altas escuelas de dramaturgia; calculo que alguna vez leyó Shakespeare, pero lo aparta, o lo corrige. Lo viste con zapatillas y vaqueros. Y finalmente, lo que devuelve al verla actuar es, una niña que se abre paso entre la multitud, una más. Eso sí, con buenos dotes actorales.

"JUNO". DIR: JASON REITMAN, GUIÓN: DIABLO CODY


Su corta pero fulminante carrera comenzó con la ambigua interpretación en “Hard Candy”. Una niña que, de aparente carnada, termina siendo victimaria de un insospechado pederasta. ¿Venganza o adoctrinamiento? La verdad la esconden los ojos imperturbables de Ellen mientras lacera a su víctima. La sensación de que todo permanece anormal, y la audiencia queda inmiscuida sin saber demasiado quién es quién en ese juego propuesto. Una interpretación sobria, sin lujos, pero matizada por la ausencia de su espíritu, invariable.
A partir de esa película, los sabuesos comenzaron a resurgir desde las entrañas de la tierra; con su respiración jadeante, su boca babeante y los ojos chorreando fluido verde dólar. La niña, sin querer, le escapó al ritmo impuesto y volvió a su país para no chocar de frente contra ella misma.
Allí rueda “Mouth to Mouth” en una de sus mejores interpretaciones, Ellen Page sale a romper con los cánones impuestos por un sistema corrosivo y enloquecedor, creando, junto a un grupo de pares, un nuevo modelo de vida. Su papel es la definición de ese grito en plena rebeldía, de lamentos y derrotismos propios de una generación dubitativa, asfixiada, sin compromiso. En “Mouth to Mouth”, comienza a cautivar con su esquema de interpretación, sin vericuetos, puro, ameno. Esta película es la piedra fundamental para comenzar a sembrar su cara en el celuloide underground de uno y otro lado de Norteamérica. A “Mouth to Mouth” le siguen una breve y conciso papel en la tercera parte de X-Men, y una estupenda composición (más que nada suplementaria de Catherine Keener, quien realmente descolla) en “An American Story”.
En un nuevo periplo a su tierra natal rueda la paradigmática “The Tracey Fragments”, una película basada en la composición de planos y sustentada por el montaje, donde su papel, casi unipersonal, recobra vida por la fuerza de las imágenes, fragmentadas a lo largo y ancho de toda la historia. Diálogos simples, frenético ritmo y la mirada justiciera de siempre (la de Ellen).
Pero el ascenso llega inmediatamente, con “Juno”. Allí podemos contemplar la magnitud de sus interpretaciones. Lo dicho, simpleza, exactitud en cada línea y un movimiento natural en el esquema de acción. Esta interpretación le valió la nominación a los Golden Globes y Oscars. En “Juno” nos demuestra que no hace falta perder el tiempo con intrincados mecanismos de composición ni escuderos dramáticos. Todo se basa en un naturismo sincrético.
En ese trance se encuentra, componiendo y desarrollando su corta carrera cinematográfica. Aún no tentada por los sabuesos que acechan a los desprevenidos. Allí permanece, en ida y vuelta, coqueteando con la industria, yendo al subsuelo filmográfico.
Sus siguientes trabajos bordean esa fina línea. Siempre con sus sobrias interpretaciones, pero, con la agudeza de que tal vez, un guión mediocre termine por opacarla. “Smart People”, con Sarah Jessica Parker, y el anunciado debut como cineasta de Drew Barrymore, “Whip it”, pueden llegar a ser mucho para la niña que todavía trata de huirle a su destino.

LA FRENÉTICA "THE TRACEY FRAGMENTS"


EN "WHIP IT", DEBUT COMO DIRECTORA DE DREW BARRYMORE

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