"EL BEBÉ DE ROSEMARY" (o "LA SEMILLA DEL DIABLO"). Roman Polanski (1968)



TITULO ORIGINAL: Rosemary´s Baby
DIRECCIÓN: Roman Polanski
GUIÓN: Roman Polanski (adaptación de la novela homónima de Ira Levin)
REPARTO: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Ralph Bellamy.
GÉNERO: Terror o Suspenso (como a ustedes les guste)
AÑO: 1968
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 136 minutos.


MUCHO MÁS QUE LA SEMILLA DEL DIABLO
Se puede rastrear a lo largo, ancho, en toda su espesura, en todos sus matices, algún atisbo, guiño, parpadeo de Roman Polanski que conduzca hacia la locura extrema, pero el camino cada vez más se vuelve insondable. Nada es palpable ni certero, todo se entreteje con solaz encriptación hasta convertirse lentamente en una turbia nebulosa que transforma el ambiente en un lugar siniestro e inhabitable.
Todo parece ir bien en la vida de Rosemary Woodhouse. Adquiere un amplio departamento en La Gran Manzana, junto a su marido, Guy, un ascendente actor teatral dispuesto a relucir entre las marquesinas del mainstream. Las habitaciones amplias, lucen a nuevo, como salidas del póster central de la revista auspiciada por el American Dream. Polanski, en la primera maniobra deja al descubierto sus intenciones. Nada será dicho, nada será mostrado. A partir de las primeras muecas faciales de Rosemary (en el mejor papel de Mia Farrow), sabemos que todos seremos ella, que a todos se nos obligará a sufrir y permanecer ajeno al entrelazado que se cuece puertas afuera.
El mayor anhelo de Rosemary, una vez instalada, es poder engendrar un hijo y finalmente rubricar su sueño. Sin embargo, antes de poder concretarlo, conoce a una pareja de rimbombantes ancianos que representan esa insatisfacción que habita en los corazones imperialistas cuando se es parte de una maquinaria, sin quejas, sin escrúpulos. El choque es insípido, sólo, minutos más tarde, sabremos el veredicto de Polanski. Hasta ese momento, todo permanecerá dentro de la calma habitual. Los personajes mecidos dentro de ese mundo que, desde afuera parece amplio, luminoso, ideal, pero que se contrasta con la opaca vida de Rosemary, presa del ostracismo, de un ermitaño devenir que la reducirá a la nada, ingenua y vulnerable.
Las constantes atenciones de sus vecinos, los Castevet, comienzan a irrumpir dentro de la normalidad conyugal haciéndose parte de esa rutina, de esa construcción mutua que Rosemary intenta resguardar como escenario para su cría. Pero ya es imposible.
La noche comienza, en un giro repentino de lealtades, Guy y Rosemary se disponen a tener un hijo. Pero otra irrupción de los Castevet, hasta ese momento imperceptible, le dará el giro necesario (ya a esta altura) y las bases sólidas para que Polanski comience a componer el rompecabezas, sobre las espaldas de Rosemary.
Nada se sabe, espectadores encarnamos en la piel de la etérea mujer, tratando de descubrir lo que pasa puertas afuera. Ya no como método de entendimiento subsiguiente del film, sino, para poder respirar ante la opresión; sin embargo, Polanski no da el brazo a torcer. Nos presenta una puerta tras otra, y a cada paso, un nuevo enigma. Muertes indecorosas, accidentes inextricables, con forma de airbag hacia la inminente caída con la verdad, el final.
Se abre la puerta hacia el oscurantismo y la devoción por la muerte, por lo prohibido, por lo amoral; como método anticonceptivo de esa realidad, que parece salida de una fotografía del Reader´s Digest pero que se esconde una frugal opresión, un sinsentido cotidiano que indecorosamente e inconsciente, ve sumergida a Rosemary en el intento por salvar su vientre, su futuro.
La revelación se presenta de manera clara y certera. A ese único camino en el que Rosemary (tanto espectadores) fue expuesta. Sin más que acceder a ese destino enajenado.

TITULOS INICIALES. CONTRASTE DIRECTO.


ROMAN POLANSKI, ¿LO DIGO O NO LO DIGO?
Polanski teje una trama sin bacilar ni un momento hacia donde nos conducirá como espectadores. Desde el minuto cero, ubicamos a nuestra heroína, a nuestro punto débil. Todo lo demás se presenta de manera enigmática, analítica e investigativa. El punto de vista es exclusivo de Rosemary, tanto que las acciones de los demás personajes, oscuras acciones, se van componiendo casi imperceptibles, dando vida a una ilógica realidad; aprestándonos a dudar sobre la lucidez mental de nuestra heroína. Polanski nos infiere algo, sin embargo, en un acto contrastante, nos quita parte de la información, tratando de mantenernos en la fina línea interpretativa: todo lo que se presenta, la magia negra, el posible complot por parte del circulo que rodea a Rosemary tiene lógica dentro del marco en que se coacciona. Despojándonos de una ácida realidad, por parte de un recrudecimiento visual.
¿Terror? Si. La película está sucumbida ante los inminentes suspensos que se suscitan. Pero Polanski, hábil con la historia, no trata de impresionar con escenas sanguinolentas ni falsas apariciones de espectros, ni cristales rotos. Las reacciones de los personajes, sus respuestas, las subidas de tono, las entradas y salidas de plano son imprevisibles. Cuando se huye de los clichés, el espectador no tiene referentes tonales a los que aferrarse, entonces, parece perdido dentro de la historia.
El resto lo hacen las sombrías interpretaciones (contrastantes) de los vecinos, con sus espontáneos y exagerados actos de amabilidad, los secretos de Guy y las presiones farmacológicas de su ginecólogo. Sustentada en los esporádicos, pero oportunos cambios asimétricos de la banda sonora, los planos perdidos dentro de la habitación y la alucinación de Rosemary la noche de engendramiento, le dan ese matiz tétrico al film.

UN TRAILER DE "ROSEMARY´S BABY"


ROSEMARY CONOCE LA VERDAD SOBRE SU HIJO

0 crónicas póstumas: