Domingo Negro

Puedo gastar mil palabras en describirlo. Puedo encontrar miles de definiciones en el diccionario que se amolde a su figura, a su historia, a su legado. Pero sería obligado, sería incongruente, intangible. Quedo el recuerdo imborrable de su voz, el sentimiento arraigado de nuestras tierras, la música universal, el canto clandestino. Cada palabra puede sonar hasta fría. Lo mejor es dejar que la música hable por si sola.
No tengo palabras conmovedoras para escribir. Pero al morir La Negra siento que ya nadie va a ocupar ese lugar que dejó. Ya nadie va hacerme llorar o ponerme la piel de gallina. Nadie como ella. Escuchar su canto, ya últimamente vencido por los arbitrios de la vida; sin embargo, aún así juntaba fuerzas desde la nada, el todo, para atraer magnéticamente las sensibilidades extremas florecidas en la piel.
Se reflejaba la insurrección del Kolla bajando del cerro, se respiraba la fumata de las ofrendas a la Pachamama, se oía el tiritar de los fardos sobre las rocas coloradas, el grito de las comunidades reunidas todas en su imponente voz.
Mercedes Sosa la voz más importante de nuestro país, el símbolo de la música inquebrantable.
Sin palabras, el recuerdo vivo en su música.



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