49. "Árbol". ÁRBOL (1999)


El ritmo se concentra en la sangre, y cuando esta brota de manera natural, como un cauce ascético, desborda inesperadamente por los recónditos y marginales espacios del rock. Escuchamos de manera cansadora una frase derrotista y poco alentadora: “en el rock ya está todo hecho”. Probablemente, sujetados a la realidad del rock argentino descubrimos que fluye el insipiente y nada agradable mundillo chabón, que de manera repetitiva se esparce a través y sobre toda la capa comercial. Pero también, existen excepciones que le dan doble valor a la regla.
Finalizando el siglo XX, empezaron a asomar ciertas bandas de contrapropuesta a la realidad inerme del rock birra y faso. Algunos con dilemas difíciles de dilucidar, propuestas algo insólitas en una realidad ocasional. Otros, aprovecharon esa postura paracultural para atreverse a entremezclar la matriz del rock argentino – que engloba desde Charly hasta La Renga, desde Billy Bond hasta Virus – y la fusionaron con nuevos y enriquecedores ritmos.
El caso Árbol, con su primer disco – homónimo – es el ejemplo. Aprovechando la maquinaria del rock, crean ambientes ambiguos, fusionando el más crudo hardcore con el Folk yanqui, el candombe uruguayo y, solapadamente, el veneno bailable de Centroamérica. Este disco representa una nueva ola, que, por algún momento se pensó que iba a sembrar y a abrirle pista a una nueva generación de música vanguardista. Claro, estamos en Argentina. Claro, los manejos marketineros son más poderosos. Tentados por el vil metal, estas insipientes bandas dieron el volantazo hacia lo conocido, hacia lo mismo de siempre.
De ese momento inaugural y positivamente lúcido quedan algunos discos, “Árbol” es uno de ellos.

ÁRBOL - ROSITA

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