40. "Espiritango". LOS VISITANTES (1994)


Depositados como la banda revelación de 1992, Palo Pandolfo, el trovador oscuro de los ochenta, al mando de Don Cornelio y La Zona, rearma un grupo con reminiscencias de ese oscuro pasado, ya no tan glam ni tan The Cure, para transformarlo en un experimento que fusiona ritmos centroamericanos, tangos y demases acuarelas.
“Espiritango” es el disco impostergable de esta banda, que con ribetes oscurantistas, presos de aquella vieja gloria, se animan a jugar con los ritmos, aportando, además, la sórdida poesía de Pandolfo que mezcla barrio, arrabal, con un apocalíptica mirada del mundo. La pose contestataria, los preceptos marxistas y una refrescante versión algo lisérgica de su música, se transfiguran en un disco que desborda puro rock: oíd mortales el grito sagrado.
Los Visitantes, en “Espiritango” de 1994, ofrecen un recorrido audiovisual (si, audiovisual) por los diferentes estados de ánimo, por diferentes estratagemas de comprensión, abordando casi todos los estilos, fusionados, mezclados, para determinar un resultado inusitado, un resultado poco convencional.
Se revelan las canciones desvariadas y asimétricas, sostenidas en una guitarra que se pasea entre riffs y locuras, como “Villa Domínico” o “Sopa yanqui”; donde la voz casi afónica y asonante de Pandolfo produce un calamitoso final. Así como también, los rítmicos “Mamita dulce” y “La ondulación”. Todo parece echado adrede dentro de una bolsa, para rescatar aleatoriamente fragmentos que darán como consecuencia un disco lleno de matices y bonitos momentos, en el que resalta, sin dudas, el magnífico “Gris atardecer”.

"GRIS ATARDECER", LOS VISITANTES

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