OBJECT OF BLIND ADORATION: VIRNA LISI


LENTO Y FÁCIL, CON VIRNA LISI, EN UNA CAMA HECHA PARA DOS


Será el eterno reflejo de su mirada albúmina. El excéntrico corte de su cara que somete el más riguroso estudio. La gracia de su danza paulatina en escena, descubriendo la más infeliz doble intención. Cada movimiento de Virna Lisi frente a la cámara es perturbador, si ese término encaja en las buenas formas.
No sobra con mirarla pasearse entre los gélidos instantes fotogramáticos. Porque tras esa figura insondable, saturada por la gracia natural, Virna encajaba como un molde perfecto dentro de lo requerido. Su estrella dejó de brillar cuando el encanto y la gracia parecían congelarse. Pero redobló la apuesta, como buena jugadora y deslumbró, ya entrada en años, con sorpresivas apariciones filmográficas.
El beso perpetuo a cámara logró su trascendencia más allá del instante de proyección de una cinta en cuestión. Su codiciosa figura entre los pasos de comedia y la rigurosa lágrima caída, en el instante más esperado, hicieron el resto.
Virna Lisi fue la dama de los sesenta en Italia. Quien rompió con los parámetros de mujer barrial que representaba el cine costumbrista de la nueva ola italiana. El símbolo de femme fatale que adquirió, le dio paso para que Hollywood posara su mirada en ella y la amolde a sus arquetipos de mujer europea, sombría e inaccesible.
Después de sus primeras apariciones a principios de los años cincuenta en “E Nápoli canta” o “Violenza sul lago”, Virna comenzó a ganar popularidad dentro del cine italiano, sobretodo, por su imponente presencia en escena y su ductilidad para encarnar personajes de mujer abrasiva, compleja e infeliz. Gracias a rodar “Felipe Derblay”, consiguió llamar la atención internacional y empezaron a lloverle propuestas de trabajo fuera del territorio italiano. Antes de emigrar hacia nuevos horizontes, rodó “Rómulo y Remo”, un film mitológico que cuenta la historia de la creación de Roma. Allí, Virna sobresale por su bestial morfología, en una película que intenta abarcar mucho – como todas las de su género – y termina muriendo en la nada. Logrando un ambivalente sentido de la orientación para el espectador, llevándolo a la risa más que a la consciencia sobre lo que se está viendo.
Ese peplum errante le otorgó la posibilidad a Virna de rodar la adaptación de la novela de Chase “La banda de los Grissom”, la película “Eva”. En la que su esfuerzo por sobresalir en escena, encarnando a una mujer despechada que lucha por el amor del protagonista, quien está enamorado de una seductora, fría y amoral mujer, Eva. El rol secundario en este film generó una cierta aceptación entre el público y los popes de la industria llevándola a jugar a las grandes ligas: Hollywood.
En el imperio cinematográfico, Virna, aunque no tuvo el mismo éxito que en su continente natal, rodó una serie de películas junto a respetados intérpretes y/o directores.
Debutó en 1965, protagonizando una simpática comedia junto al gran Jack Lemmon, en “¿Cómo matar a la propia esposa?”. Esta misógina visión del matrimonio, en un libro que trata de improvisar sobre la marcha llevado a lugares comunes y a la falta de sinceridad conceptual, le valieron un par de papeles más, donde Virna nunca pudo desplegar su talento natural como actriz.
Ese encasillamiento, arma de doble filo, le jugó una mala pasada en “Asalto al Mary Queen”, protagonizada por Frank Sinatra, y también en una comedia bélica con Anthony Queen, “El secreto de Santa Vittoria”.
Su carrera actoral en los Estados Unidos parecía desvanecerse, por eso decidió volver a su país natal y alternar algunos títulos locales con proyectos estadounidenses.
Entre mediados de los años sesenta hasta el final de esa década rodó otras cinco películas, y con ellas, vio como su estrella se apagaba lentamente. La década del ´60 terminó y por eso, la etapa de apogeo de Virna Lisi llevada por el siempre malévolo paso del tiempo, también.
En las subsiguientes décadas se la vio en algunos papeles poco trascendentes, pero al fin y al cabo, más provechosos para desplegar la parte menos superflua de su condición de actriz. Pudo encarnar papeles de más relevancia dramática y eso le valió un César en el año ´95 por su rol en “La reina Margot”, de Patrice Chéreau.

HOW TO MURDER YOUR WIFE? (1965)


COMO TODOS LOS AUDIOS ITALIANOS DE ESA ÉPOCA, ESTÁ DESFASADO. PERO VALE LA PENA VER COMO CONJUGAN UNA ENTREVISTA CON UNA PASTA DE DIENTES.


LISI… VIRNA LISI
Quizás fue el dejo de su mirada imponente, o las atractivas formas del amor que representaba en cámara lo que enamoró al italiano. Al heroe en hojotas que construía su imagen onírica y visceral como ningún porteño pudo hacerla de su propia ciudad.
Luca Prodan tenía un amor platónico por la blonda actriz italiana. Fue después de ver “El secreto de Santa Vittoria”, donde quedó deslumbrado frente al televisor varios segundos diciendo: “creo que estoy enamorado de Virna Lisi”. Ese incondicional amor lo llevó a componer uno de los himnos de Sumo, “TV Caliente”.
Mientras repite incesante su deseo inalcanzable: “Yo quiero conocer más a Virna Lisi. Ella es maravillosa. Déjame tocarte el cabello, mi nena. Sé que para ti soy un extraño y sólo puedo verte en un viejo film de TV”. Luca tomaba el último atajo hacia el final, sin saber, que su hermano Andrea, viajaba hacia Buenos Aires con un autógrafo de la mismísima Virna, en donde ella le agradecía su incondicional amor.


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