OBJECT OF BLIND ADORATION: PAUL GIAMATTI

El gordito camina contento por el escenario. Se siente ancho – de expectativas - . Balbucea incoherentemente frases que, por intentar agradar, terminan enterrándolo sin remedios hacia un fatuo destino. Ese hombre es grandilocuente. Se suelta con prestancia ante las charlas de café. Ante los divagues exclusivos de intelectualoides inhumanos. Sabe, con certeza, que cuando sea el momento de sus parlamentos, callara a todos. Reinara un silencio inerme, rutilante, que lo presentará de la mejor forma. Conoce hacia que lugares debe moverse, es consciente, da lo mejor de si, para poder sobresalir en el cada vez más infortunado viaje del estrellato.
Paul Giamatti es de aquellos actores que se guarnecen en un rincón esperando la campana para salir a dar pelea. Sus actuaciones son de determinada amplitud. No se sale del lugar predefinido, pero, al fin y al cabo, amplios. Tiene una cierta habilidad, muy marcada, por definir casi ambiguamente la transición entre un personaje y otro. No hace falta ningún cambio en su físico, ni demasiado equipaje adyacente. Todo fluye desde el interior, desde su esencia teatral. Sus perfomances exigen sobriedad, y se sabe, que guarda siempre un plus para cada personaje. No se conforma con la composición psicológica ni física; en el fondo, tiene arraigado una cuota de vértigo, de virtuosismo, que moldea con impetuosa pasividad.
En su carrera ha tenido de todo. Grandes logros personales, encarnando personajes de sofisticado entramado y, en contraste, también ha hecho papeles que tienden al rédito económico. Prefiero remitirme al primer grupo.
Esta claro, que siempre fue consciente de que su estancia en las ligas hollywoodenses dependen sí o sí, de sus actuaciones. No goza con el brillo de la etiqueta ni mucho menos, osa el privilegio de otros tantos que logran sus papeles por su cara bonita. Paul, siempre tuvo que ser el amigo perdedor del héroe: el que lleva la responsabilidad de ser el ayudante del conflicto.
Recuerdo la primera vez que lo ví en pantalla: “Private parts”, la autobiografía del conocido DJ radial Howard Stern, en la que personificaba al archirival y Némesis del nombrado locutor. Ese papel, un tanto odioso, iba en aumento, así como sus líneas dentro de la historia. Y el resultado fue una completa dependencia de la historia hacia su personaje. ¿Paul lo provocó? Teóricamente, cualquier actor que ocupase ese rol tendría la misma relevancia. Pero visto desde la lejanía, no dudo en que ese papel era para él.
Claro, ese no fue el primer papel de Giamatti. Su ascenso, paulatino, vino de la mano del gran Woody Allen haciendo, en primer lugar, papeles de baja resonancia: en “Mighty Aphrodite” y “Deconstructing Harry”. El trampolín Allen le dio la posibilidad de empezar a co-protagonizar algunas películas destinadas a la ampulosa taquilla. De esta manera, secundó a Julia Roberts, Cameron Díaz y Rupert Everett en “My Best Friend´s Wedding” (“La boda de mi mejor amigo”), a Jim Carrey y Ed Harris en “The Truman Show”, haciendo de un fiel productor televisivo, y por último, a Eddie Murphy en la pochoclerísima “Doctor Dolittle”.
La primera conmoción cinematográfica la tuvo haciendo del Sargento Hills en “Saving Private Ryan”, un antinómico protagonista a Tom Hanks, cerebral y rígido. Gracias a este film, la fama de Paul fue en aumento. El circulo de papeles para películas de mero corte comercial y, sobretodo, el llamado para el papel del secuaz (del protagonista o antagonista) empezaron a reducir. A partir de ese momento, empezó su más suculenta carrera cinematográfica: “Man on the moon” (de Milos Forman, biografía de Andy Kauffman), “El planeta de los simios” (de Tim Burton) y “Storytelling” (de Todd Solondz).
Sus inicios en el teatro off de Broadway, modelaron sus características dramáticas, tanto expresivas como específicas, abriendo el juego para que afamados directores se fijaran en él.
No fue hasta el año 2003 que Paul empezó a lograr independencia actoral. Su excelente papel en “American Splendor”, donde encarnaba a un bucólico y ermitaño escritor de cómics, y el posterior papel en “Entre copas” de Alexander Payne, le abrieron las puertas hacia el reconocimiento mundial. Alimentando su ego, fue convocado recientemente para hacer de sí mismo en la intrigante comedia de ciencia ficción “Cold Souls”, en la que con sobria ambigüedad maneja la misma frecuencia de actuación. Una meta-actuación, imperdible.
Aquel gordito que aparecía en cuatro o cinco escenas descollantes, pasaba al frente del estrado para demostrar/se/nos su impronta, su excelso nivel de composición. Por supuesto, siempre hay que seguir alimentando el showbussines hollywoodense, y los papeles vacuos también llovieron a continuación. Pero eso, es otra historia.

"PARTES PRIVADAS". W-EEEENNNBC


TRAILER DE "AMERICAN SPLENDOR"


HACIENDO DE SÍ MISMO EN "COLD SOULS"

2 crónicas póstumas:

Lorena dijo...

Quiero un post de encuestas para los lectores. Y quiero que: "Temas para escuchar al despertarse", sea uno de ellos.

Muack, Freaks !!

Lorena dijo...

Y dejo acá el tema que eligo para arrancar.
Esta hermosa versión de este maravilloso tema.


Clicka LORENA y verás...

A disfrutar !!