"FUERZA NATURAL". Gustavo Cerati



Equilibrio natural. Las cosas vuelven a su estado original
Si algo es indudable de la figura musical de Gustavo Cerati, es el gusto por la eclecticidad. A partir de que se lanzó en solitario, sus trabajos discográficos adquirieron diferentes matices que el autor/compositor va coleccionando. Algo que le aportaba en cuantiosas gotas a Soda: animarse a entremezclar tramas, sonidos y texturas a la ya característica estética que la banda tenía. Yo, prefiero catalogar a Cerati por sus discos como muestras insoslayables de estados de ánimo y de experimentos genéricos.
Cada disco que lanzó abarca una etapa específica que, aunque trate de ocultarlo, marca un rumbo estilístico en su obra musical. Por ejemplo, al sacar “Amor amarillo” se nota una cruda y vital maquinaria que intenta escaparse de los cánones que imponía su prestigiosa carrera como parte de un grupo. Parecía imposible creer que Gustavo se separaría de ese estigma que amenazaba con perseguirlo a lo largo de su carrera solista. Y, en “Amor amarillo” no pudo concretarlo.
La parte más suculenta de su obra viene de la mano de la separación definitiva de Soda Stereo. Donde se animó a darle un vuelco fundamental a su carrera y así lanzó el multipremiado “Bocanada”. Un disco de pura experimentación y de sonidos disímiles que Cerati conjuga con total prestancia.
Su tercer álbum es una muestra más de ello. La ratificación de ese giro en 180º que le dio a su música. El estado puro de imaginación y sonido excelso en “11 episodios sinfónicos”.
Más tarde saca al mercado “Siempre es hoy”. Donde vuelve a las raíces de Soda sin abandonar el estado puro de innovación. Otra vez se le anima a los sintetizadores, a los efectos especiales y a las letras cósmicas. Pero en vistas de ese fracaso latente, en la reiteración en su repertorio, Gustavo vuelve a dar un giro radical a su música y convierte a “Ahí vamos”, en la versión más rockera y visceral de su repertorio.
Luego del comercialísimo regreso de Soda Stereo, Cerati se vio con la necesidad de volver a las fuentes próximas de su itinerario. En busca de un sonido que se distancia de los anteriores pero que, a su vez, tengan el sello definitivo que logró darle a su música. Entonces lanza “Fuerza natural”. Un disco más maduro y no reciclado, que combina todos los saberes que logró obtener a lo largo de su carrera solista con nuevas e intrépidas aventuras musicales. El resultado es algo ambivalente. Por momentos, logra capitalizar con canciones profundas, armónicas y de sofisticada elaboración. Pero por otros, parece emularse a sí mismo, ofreciendo una versión congelada de su mejor época.
“Fuerza natural” devuelve varios acertijos a resolver. Y solo resta esperar un disco más, nada menos, para ver cual es el camino que elegirá Cerati de ahora en más. Si reincide en su comportamiento vacuo y de reiteración, o si vuelve a cambiar de rumbo, musicalmente hablando.



TRACK A TRACK
Fuerza natural abre el disco de manera espontánea. No presenta demasiados cambios con el viejo Cerati. Podría decir que es una versión acústica de PUENTE. Marcando al ritmo de mezzotempo. La misma lírica: Cosmonauta-folclórica.
Déja-vu
arranca a modo de banda británica post-punk. Canción roquer que trata de cobrar protagonismo, pero la voz de Cerati – indefectiblemente la misma de siempre – nos hace volver a la realidad: ¿cuando va a cantar diferente?
Magia
me recuerda a los hitazos de fines de los ochenta. Las guitarras se disparan como enviadas por rayos láser. Se superponen, se dispersan y se callan. Luego cobra vida, se metamorfosea en un hitazo de principio de los noventa que muy bien podría ser cantado CAE.
Amor sin rodeos
, es un tema que podría divergen entre dos estilos. Recuerda a los rodeos tejanos donde los bushcowboys disfrutan del adiestramiento toril. Y a su vez, parece un retazo de soundtrack para una road movie, también yanqui, también mascando chicle, también adiestrada.
Tracción a sangre
. La canción más tranquila del disco. Siguiendo la línea del antecesor track. Cerati parece muy influenciado por algún viaje de consumo insaciable al imperio norteamericano. Ahora entiendo porque utilizó unas botas tejanas en los últimos shows de Soda Stereo. Luego la canción se bifurca y adquiere un sonido más completo, adquiriendo algunos matices del mejor pop.
Desastre
. Alguna vez me pregunté: ¿cómo sonaría una canción hecha bajo los ritmos ska explotadas por la guitarra acústica? Y la respuesta me la dio Gusty en “Desastre”. Una correcta versión que la combina eficazmente con sus ya conocidos efectos de sonido cinemáticos.
Al escuchar “Rapto”, más que nada en su inicio, creí que activé sin querer algún juego que tengo instalado en mi ordenador. Confirmé si esto era correcto, pero no. Así era la canción de Cerati. Luego, lo comprendí, cuando comencé a escuchar su voz (vuelvo a repetir), la misma de siempre. Una canción más del repertorio ceratiano.
Atención con Cactus. Parece ser el homenaje perfecto a Luis Alberto Spinetta: al maestro. La composición simple, sostenida en la guitarra acústica y la voz predominante, recordando a “Credulidad” de Pescado Rabioso o “Barro Tal Vez”. Cerati, de manera simple y muy resoluta, lo convierte en una canción con reminiscencias tangueriles, creando imágenes de su Buenos Aires; muy alejadas de su Belgrano natal, el mismo barrio del flaco casualmente.
A partir de “Desastre” el disco comienza a mejorar. Pero vuelve a decaer en su track nº 9, con Naturaleza muerta. Haciendo honor a su nombre, el tema es versión finita y para nada complaciente. Las líneas instrumentales transitan forzadas, en un cíclico estado. Nada más.
En Domino, Cerati se repite y emula inconscientemente a sí mismo. Es una canción muy parecida, casi igual, a Deja-vu. Un poco más virulenta. Un poco más electrónica.
Si Cactus era Cerati amoldado a las formas y creencias musicales del Flaco Spinetta. Sal, trae a mi cabeza imágenes de Charly García, desparramado en el piano, tocando “Ojos de video tape” o “Filosofía barata y zapatos de goma”: Claro, Gustavito le entra más a los juegos de rima, las alegorías cósmicas y zodiacales, volviendo a la canción más espacial, astronáutica.
En Convoy, vuelve a bajar los decibeles. Es una buena y melódica canción de amor. Donde compara la unión y afinidad entre dos seres con un viaje en tren. Sin embargo, acá vuelve a tocar el tema espacial. Algo que cansa bastante. Es un buen momento para decirle: - Che Gus, bajá a la tierra.
Para cerrar el disco, Cerati podía optar por muchas opciones. Eléctrico y mareado por los ritmos beats. Electrónico y astral. O, como por primera vez nos mostró, su costado más norteamericanizado. Pero optó – bien por eso – por el camino más simple y contundente. “He visto a Lucy” es la mejor forma, más Soda Stereo, para terminar.

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