CLASE V. LUIS ALBERTO SPINETTA


El hombre nace, crece, hace, muere, se reinventa, revive y vuelve a perecer. El hombre crea mundos con las manos y los destruye con el codo. Sopla y genera vida, hace arte. El arte se desusa y muere llevado por el viento que lo deposita en el mar. La marea trae nuevas olas y nuevas ideas, nuevo arte, nuevos mecanismos. El hombre ahora es capaz de subsistir en ese movimiento cíclico de la vida, para ser perenne a los malos climas que trae aparejado el arte.
El hombre nace: Luis Alberto Spinetta. Dato: en Belgrano, un veintitrés de enero de 1950.
El hombre crece. Estudia guitarra y lo abandona. Se convierte en un autodidacta. Empieza a escribir poesía, llevado por la fascinación surrealista de Artaud. Crea soportes sonoros para sus poesías. El hombre ahora estudia y conoce a otro hombre, Emilio del Guercio. Su afinidad musical los lleva a congeniar. A estos dos hombres se les unen otros dos, Edelmiro Molinari y Rodolfo García. Los cuatro hombres forman Almendra, la banda que rompió con los cánones de la música rock en Argentina. Ya no existe el movimiento beat: ni el ritmo complaciente de Palito Ortega y su clan. Todo deviene naturalmente en un estado de alerta musical. El sustento perfecto para que el hombre – Luis Alberto Spinetta – lleve su pureza artística a fronteras aún no exploradas.
El hombre hace: “Muchacha (ojos de papel)”, “Figuración”, “Laura va”, “Ana no duerme”, “Plegaria para un niño dormido”.
El hombre tiene la necesidad de explorar nuevos horizontes. Siente con fe cierta que su sensibilidad artística, motora de su obra, debe dar un paso más. El hombre se separa de los otros tres y forma Pescado Rabioso.
El hombre llega a un estado evolutivo de creación sofisticado, puro y superior. La mezcla de rock crudo con bases en el blues negro y las constantes referencias al rock progresivo le da el sustento necesario para llevar su poesía a lugares jamás abordados por la música hispanoparlante. Sus socios esta vez serán Lebón, Amaya y Cutaia.
El hombre vuelve a crear: “Credulidad”, “Cementerio Club”, “Post Crucifixión”, “Cantata de puentes amarillos”, “Crisálida”, “Bajan”, “A Starosta, el idiota”, “Todas las hojas son del viento”. El disco más importante de la historia nacional: “Artaud”.
Pero el hombre, insaciable, caprichoso, se cansa de sí mismo. Pesa sobre sus espaldas una incontenible responsabilidad. El hombre se vuelve a reinventar.
Invisible es su paso posterior. El hombre ya no tiene lugar terrenal – musicalmente hablando – que lo arrope. Juega, investiga, experimenta, crea y engaña con su música interplanetaria. A propósito, el hombre establece: “Barro tal vez”, “Durazno sangrando”, “Azafata del tren fantasma”, “El anillo del capitán Beto”, “Los libros de la buena memoria”.
Su incontenible deseo creativo lo hace fastidiar. El hombre vuelve a desaparecer y hacerse figuración. Emotivos señuelos de su pluma en canciones tan personales como únicas. Crea su propia banda, independiente: Spinetta Jade, con Pomo, Sujatovich y Epumer. La fusión entre los ritmos pop de la época, con el impromptu del jazz y la canción posmoderna. El hombre siente que no tiene límites. Graba su único disco en inglés: “Only love can susten”. Y vuelve a transmutarse. Vuelve a crear: “No seas fanática”, “Maribel se durmió”, “Alma de diamante”, “Con la sombra de tu aliado”.
El hombre ya no necesita intermediarios ni refuerzos. Transita solo el duro camino musical. Los subsiguientes años le darán energía positiva y plan reformista, vuelve a reinventar su propio estilo. Se desentiende del mecanismo roquero porque siente que ya no es aplicable a su poesía. Después de muchos años lanza un disco conceptual, “Téster de violencia” de 1988. El hombre se revaloriza nuevamente, cuando parecía que su camino estaba diseminado por las nuevas olas. El camino solista le devolverá nuevas y paradigmáticas versiones de sí mismo. El hombre, crea: “La bengala perdida”, “Grisel”, “No seas fanática”, “Seguir viviendo sin tu amor”, “Todos esos años de gente”, “Fina ropa blanca”, “Cielo de ti”. Otra vez, le da vida a un disco que es atendido por la crítica musical como imprescindible para nuestro espíritu rock argentino: “Pelusón of Milk”.
El hombre, preso del viento, vuela y se demuda. Vacío. Vacío musical.
Un túnel – el del subte – oscuro y gris. El silencio se rompe cuando una guitarra distorsionada se hace eco. Las luces centellean. Se hace la claridad y vemos la nueva versión roquera del hombre, del gran Luis Alberto Spinetta, que vuelve tras varios años con Los Socios del Desierto. “Cheques” abre un disco puramente roquero, con pequeñas dosis de sutil entendimiento que Spinetta pone en juego: el feed back que abrió con su público veinte años atrás y que sólo ellos entienden. Ni las distribuidoras – que le negaron a publicar su disco – pudieron con su llama creativa, con su talento latente, con esta vuelta poderosa del hombre-poeta.
De esta manera, el hombre renació. Volvió mil veces más. Y la llama intacta de su prosa y de su música permanece alumbrando el camino del rock en idioma argentino. Ese genio nunca tendrá lugar posible dentro de algún rótulo, porque será inexacto y demasiado limitado para sus horizontes artísticos.
El hombre, Luis Alberto Spinetta, prevalece.

PESCADO RABIOSO. CEMENTERIO CLUB


SPINETTA JADE CON PEDRO AZNAR HACIENDO LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA, DE INVISIBLE


El Aleph musical

Estamos presentes a una clase de anatomía para descubrir el genoma esencial de nuestro rock, catalogado nefastamente por los dueños de las grandes empresas como ROCK NACIONAL. Esa idea fantástica y hoy ilusoria de que por fin, nuestra identidad rocker tiene tantas proclamas y banderas como personas en este país, pero con la posibilidad de que exista una fina línea de unidad que trascienda cualquier género. Esa idea muerta por el catalogo facilista de rock chabón y todo el empaquetamiento de las grandes distribuidoras, que hicieron que ese genoma se convierta en algo fácilmente practicable con dos o tres notas y una letra populista.
No se trata de cubrir los pies con Topper blancas, o tener un seudo grito de rebeldía que se extiende y se amolda a los estándares de la vida actual adolescente. Ni tampoco ser perjudicado por el marketing todopoderoso que usa al rock como fórmula propagandística de marca “canchera”. Alguna vez, ese rock fue grande, impalpable y creativamente excelso.
Era la época en que el mérito artístico podía más que cualquier otro factor adyacente. Era la época en la cual, García desnudaba las falencias de un pueblo de rodillas y se convertía en el poeta actual, el misántropo argentino, el curador de los lienzos en lágrima. La época en que Javier Martínez desplegaba sus poesías barriales sin tener que recurrir al vino o “a los muchacho´ de la esquina”. El tiempo en que se oían acordes más cercanos a la versión criolla de Hendrix o Page. Donde el verdadero virtuosismo era conditio sine qua non para hacer música: Pappo, Soulé, Molinari y por supuesto, Luis Alberto Spinetta. El poeta, el unificador de los pensamientos y el alma, el puente hacia el inconsciente musical.
Volviendo a la clase de anatomía, tomemos como ejemplo al gran Flaco Spinetta. Llevémoslo a una cámara de disección para comprobar en él, si se esconde el verdadero genoma musical del rock criollo. Y la respuesta es ambigua. En él se esconde El Aleph musical: una consciencia sobre lo infinito trascendido hacia el posible saber de ese infinito que lo hace enriquecedor, y por supuesto, acotado. Gracias a esta erudición sonora, Spinetta formó su palimpsesto musical y lo dotó de grandes experimentaciones, dando vida a un monstruo aún más gigante que su propia figura. La disección lleva y trae aparejado ese verdadero sentido de la música roquera argentina. Algo que abarca lo infinito de la música pero se queda en lo parcial para devolver un conocimiento acotado de eso. Spinetta, por suerte, ha trascendido ese sentimiento. Ha podido capitalizar su sensibilidad como muestra gratis de todo su saber y por eso, en él, no se esconde el verdadero genoma, sino una dosis reducida de ADN que le brinda a la bestia rock argentina la parte más cerebral, inteligente, virtuosa e ilustre.

LUIS ALBERTO SPINETTA Y LOS SOCIOS DEL DESIERTO. BOSNIA


PLAYLIST DE SPINETTA ENYOUTUBE

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