CLASE V. THE FLAMING LIPS / WAYNE COYNE


The Flaming Lips comenzaron su carrera alucinógena en el circuito estadounidense a partir de su disco de 1986, “Hear It Is”. Sin embargo, el cúmulo de situaciones expresadas en el disco no confiaba un ascenso raudo y sincrónico, sino, un “algo más” conminado al éxito fugaz. En sus dos siguientes álbumes: “Oh My Gawd!!!” y “Telepathic Surgery”, comienzan a delinear el boceto para cumplimentar soluciones a su música. Las primeras muestras de un fino acabado sincrético y profundo, anunciándose dentro de la música alternativa como alguien dispuesto a todo, de la nada misma.
Pero en 1989, el destino de las llamas flameantes cambiaría por completo al definir el disco más contemporáneo y anacrónico de los ochenta: “In a Priest Driven Ambulance”. Salvando las distancias y las apariencias tecnológicas, los Flaming Lips creyeron poder acaparar a la audiencia con una evocación a St. Pepper y una rima rimbombante y disparatada como modus operandi. Allí radica el cambio, en un disco que completan con música concreta (utilización de cintas y amplificación de sonidos para crear sonidos electrónicos) y una fuerte carga de surrealismo, expresada (y sostenida) fundamentalmente en los apoteóticos shows, donde personajes gigantes, marionetas de colores, títeres y robots computarizados llenaban el espacio escénico, y daban vigor a las canciones. Los pirotécnicos shows parecían superarse unos a otros, más, cuando pasaron de ser una banda netamente disquera a una banda en vivo; esperando saber con que se iban a aparecer en el próximo concierto.
Ganándose un lugar en el mainstream musical, los Flaming Lips empezaron a degollar canciones y convertirlas en inenarrables historias épicas, sinfónicas, tecnológicas, dodecafónicas: todo era válido, porque, todo era pretexto para la pirotecnia del vivo.
Los caminos y espectros se fueron ampliando para la banda.
Las experimentaciones siguieron con “Zaireeka” de 1997, donde a través de las líricas filosóficas (y filosas) de Coyne, la banda daba amplia magnitud a su concepto. El pop asimétrico era configurado y entremezclado con la fantasmagórica música concreta y el alto porcentaje de misticismo impreso en cada nota. En ese disco, pusieron a prueba su ilimitada capacidad creativa para generar un “experimento de estacionamiento”, en el que cuarenta personas (en un estacionamiento) reproducían en el autoestéreo la misma música, dirigidos por Coyne que les hacía bajar o intensificar el volumen. Parecía que ya no había lugar posible para que los Flaming Lips pudieran explorar, la música ya estaba, para lo visual ya no había escenario posible que albergara sus ideas. Pero el quiebre radical llegó con “The Soft Bulletin”. Un disco en que fusionaron melodías simples y pegadizas, con cuerdas eléctricas, ritmos hipnóticos, platillos con letras filosóficamente incorrectas cantadas a un grave volumen y a una potencia inusitada. Evocación compleja a “Pet Sounds” de los Beach Boys y, nuevamente, al gran “St. Pepper´s” de los Beatles. Y, conjuntamente con el éxito de “The Soft Bulletin”, los Flaming Lips redondearon su idea en “Yoshimi Battles the Pink Robot”. Un disco completo, el más fundamentalista de todos – sus ideas reflejadas al extremo – y su espíritu revolucionario puesto al servicio de la música.
En 2001, Wayne Coyne dirige su primer monstruo cinematográfico: “Christmas on Mars”. Una película de bajo presupuesto, realizada con total significancia y verdadera prestación como ejemplo del poder creativo de la banda.
También, para dar un final en suspenso, crearon en 2005 graban el documental “The Fearless Freaks” que desentrañaba las oscuras manías de sus protagonistas: Wayne Coyne a la cabeza, y sus proyectos extrahumanos por permanecer siempre vigentes.
A partir de los siguientes años, los Flaming Lips, comenzaron a cambiar su cosmovisión de la realidad, aplicando un rock más sucio a las letras con contenido más proselitista; el cambio oportuno cuando parece – siempre parece – que tienen las contadas.
Alucinógenos, si. Creativos, también. Los Flaming Lips, disco a disco, confirman que están hechos para evolucionar, adelantarse a las modas y suscribirse a cualquier nueva ola para dejarla antes de las modas.

EN GLASTONBURY, HACIENDO "YOSHIMI BATTLES THE PINK ROBOT PART I"


TRAILER DE "CHRISTMAS ON MARS".


EL MUNDO DE WAYNE

Wayne´s world, Wayne´s world. Party time. Excellent.
El mundo de Wayne es asombrosamente mágico, lisérgico y bipolar. Su catarsis sobre el glam roquero es presuntuosamente inasible. Se presiente un destino casi innato, ya no necesitará de parámetros probados por el espíritu rock para crear y desarmar nuevas fórmulas; todo se rige por su propio parámetro. El mundo de la fantasía y el espiritismo llevarán de la mano lo lúdico y mordaz que las canciones de los labios llameantes tienen para ofrecer.
Wayne Coyne (o moneda mal escrito) pilotea la nave que divaga por caminos zigzagueantes, roturas de neumáticos, catástrofe animada. La banda es Flaming Lips. El soporte: todo lo que encuentra a su paso.
Si se habla de encasillamientos siempre tiende a la rigidez y catalogación, haciendo que la vigencia permanezca inherente a ese preconcepto. Muchas bandas – la mayoría, digo – se encuentran atrapadas por esa sugestión, llevándolos a recurrir a viejos bocetos, a versiones acabadas de sí mismos. Con el tiempo, termina desgranándose el concepto tanto la banda. The Flaming Lips son, por suerte, ese tipo de banda huidizas a cualquier taxonomía. Simplemente por el espíritu creador que los enmarca, por la capacidad casi motivadora de sus raíces, que los devuelve siempre innovadores, siempre frescos, siempre dándole vida al espíritu pop con fulgurantes apariciones musicales.
No queda claro el concepto fundamental, simplemente, porque su obra es exportada desde lo más innato de la sensibilidad creativa: lo inocente o lo solaz, lo rígido y estricto versus el placer de la música, el conflicto contra la meseta. Todo se amalgama en una probeta surrealista para crear disfunciones conmovedoras, piezas subrepticias de lo cósmico y espiritual: todo parece reducirse a un micromundo, todo es abarcable y frugal. Las ensoñaciones se alimentan de carácter rudimentario, los viajes psicodélicos se obstruyen y relatan cuentos a otrora. Los paisajes descriptos son alucinaciones megalíticas, prisiones de clandestino fulgor en pasajeras imbricaciones psicotrópicas.
The Flaming Lips juegan y desarrollan su teoría envueltos en inextricable sopor, mezclan mundos y paisajes generando climas tan variados como asimétricos. Todo se presta al glamoroso desfile de parafernalias, al bienaventurado clímax creativo o a la transportación a un mundo ajeno, díscolo, futuro.

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