"CIUDAD DE DIOS" (2002). FERNANDO MEIRELLES Y KATIA LUND



TITULO ORIGINAL: Cidade de Deus
DIRECCIÓN: Fernando Meirelles y Kátia Lund
GUIÓN: Braulio Mantovani (adaptación de novela homónima de Paulo Lins)
REPARTO: Alexandre Rodrigues, Leandro Firmino, Seu Jorge, Douglas Silva.
GÉNERO: Drama
AÑO: 2002
PAÍS: Brasil y Francia.
DURACIÓN: 130 minutos.



LA CIUDAD DEL HOMBRE
¿Cómo poder permanecer ajeno a una situación tan apremiante? ¿Cómo salir de un contexto opresivo y marginal? Si todo lo que se devuelve es frustración. Está claro, que la violencia se engendra sobre el derrotismo, desde la impotencia inhumana dentro de una sociedad darviniana, preparada para la supervivencia del más apto, del exitoso, del triunfador. ¿Y qué hacer con el que queda a la espera? Se lo margina, se lo soslaya, se lo coarta de cualquier posibilidad, porque, ha falta de méritos triunfalistas y de alguna capacidad redentora, se lo comprime a la nada. Entonces, termina excluido por falta de méritos y se lo castiga de tal manera que es imposible una reinserción. Después, viene la violencia, causal inconsciente de ese acto social. Para que después, señoras que hablan con el diario debajo de su brazo, se sientan incómodas porque su vida adornada con tapados de pieles y joyas de Bulgari se vean amenazadas por un enemigo tangible, sin querer darse cuenta, que son parte de esa sociedad ignominiosa, que privilegia y castiga.
Hablemos de inseguridad. Pero primero, veamos la obra maestra de Meirelles y Lund.
“Ciudad de dios” es el documento más exacto, crudo y despiadado del comportamiento (in)humano contemporáneo. Uno puede quedar horrorizado al ver la sangrienta batalla que libra Dadinhos al comienzo de la película; matando a mansalva a quien se interponga en su camino, portando un arma a los 12 años. Pero, cuidadosamente, al escarbar más a fondo dentro de la favela, de la historia de “Ciudad de Dios”, encontramos el verdadero significado de todo esto que pasa frente a nuestros ojos, como retrato fiel de un contexto en el cual, aún hoy, tercermundistas nos vemos sujetos.
La película libra un modus operandi de análisis. La clave está en la decisión. Los protagonistas tienen a su alcance una decisión, nosotros, espectadores participes del juego, también la tenemos. Fijemos la historia de Buscapé y Zé Pequeno – antes Dadinhos – como punto de referencia. Ambos conviven interna y externamente en un contexto violento. A partir de que la historia de ambos se va desarrollando, llega un punto en el cual deben tomar una decisión: elegir un camino. Más allá de las circunstancias, esa decisión los llevará a ingresar en el camino delictivo o no. Pero, la pregunta cae de madura: ¿realmente están eligiendo un camino?
Se lo ve a Zé Pequeno como un asesino psicópata, ambicioso, sanguinario, y encima, narcotraficante. Se lo ve a Buscapé, como un muchacho frustrado que lucha por salir de su mundo, por perseguir su sueño. Tenemos los dos polos. El que ingresa al juego mortal como trampa perfecta: el enemigo público. Tenemos, por otro lado, al pibe bueno que es excluido por la sociedad “de afuera”. Los roles están definidos, el juego con el espectador comienza. Ahora, nosotros somos los que debemos tomar una decisión: elegir un camino y traspolarlo a nuestra realidad.
Afortunadamente, allí, las decisiones son más frívolas y descontracturadas, menguadas por el mero trámite de la comodidad burguesa. Elegir el color del vestido para una cena romántica. Elegir viajar en colectivo o taxi. Elegir la ubicación para un recital. Elegir.
Se trata de la elección más facilista y edulcorada de todas. Cuando se ve amenazada esa comodidad, apuntamos a la cabeza de las verdaderas víctimas, señuelos perfectos del sistema burgués. Me gustaría ver a todos, con una mano en el corazón, redimiendo culpas por no haber sido lo suficientemente piadosos con el limpiavidrios, con el pibe que estrecha su mano para que le dejen un par de monedas.
“Ciudad de Dios” no excluye a nadie, nos hace ver sin prisa que todo lo que nos rodea tiene una explicación lógica, una causa y un efecto. Lo vemos con detenimiento y crudo realismo: todo lo que se exhibe es NOSOTROS. El corrupto (la policía), el asesino (Zé Pequeno), el crápula (Cenoura), el pobretipo (Mané Galinha), el amistoso (Bené), el soñador (Buscapé).



LA REALIDAD EXPUESTA
Hablamos de elecciones. Tomar un camino y hacerlo privativo. El camino de la delincuencia al que se ven sometidos los personajes de “Cidade de Deus”. El camino de la audiencia para tomar puntos de vista sobre una realidad omnisciente. Y Fernando Meirelles y Kátia Lund se vieron sometidos ha tomar una decisión crucial en la construcción narrativa del film. Ese camino los llevó a devolvernos una historia totalmente sombría, laberíntica y trepidante. Para expresar un concepto sobre una historia verídica, colmada de derrotismos y sangre viva. Optando por un camino que se acerca a esa realidad asfixiante, se inmiscuyeron en el pedregullo de la favela, corriendo por los pasillos, cámara en mano, para expresar con total magnetismo y crueldad, esa fábula opresiva que devuelve “Ciudad de Dios”.
De carácter ágil, sostenida por el montaje visual y sonoro, lograron atrapar magnéticamente sin dejar de lado la polifuncionalidad del relato.
Nada queda librado al azar en la construcción lingüística del film. Se acerca a la funcionalidad del documental al expresar con total certeza un punto de vista sobre lo que se imprime en imágenes. Pero, con total soltura, se anteponen a un pensamiento intelectual, a un estudio extenso en la materia. Se sienten parte de esa sociedad, de “la de afuera” y la de la favela, haciendo entrechocar las realidades. Es puro realismo, no hay sugestiones de por medio. Todo está ahí, la sangre que brota de una herida abierta, la nariz que aspira la línea de cocaína, la pistola humeante después del disparo. El film es carne roja, sin cocción ni tamiz. Todo está expuesto, en contrapartida de lo que se quiere reservar para la realidad. Muestran lo que los noticieros esconden, lo que los intelectuales tratan de amenizar. De eso consiste la idea de realización de la película y quizás, el punto alto que tiene: Meirelles y Lund no ocultan nada, lo exponen de manera tan cruenta como la realidad misma y por eso, “Ciudad de Dios” es un documento abierto para el análisis, y es por eso también, que se trata de una de las mejores películas del siglo XXI.

CAIXA BAIXAS


MAGNÍFICA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO. A HISTORIA DA BOCA DOS APES.

2 crónicas póstumas:

Lorena dijo...

WoW ! Que introspectivo y real análisis del film !
Increible !

Ahora, no es "coarta de cualquier posibilidad"? O existe "cuarta"?
No lo sé.-

Imfreakalot dijo...

Si, pido perdón a mi/s lector/es por haber cometido semejante atropello ortográfico. Coarta, no cuarta.
De cuarta es mi escritura.

Gracias hermosa por tu constante y ferviente apoyo.