"BLOW UP. DESEO DE UNA MAÑANA DE INVIERNO" (1966) MICHELANGELO ANTONIONI



TITULO ORIGINAL: Blow Up
DIRECCIÓN: Michelangelo Antonioni
GUIÓN: Michelangelo Antonioni, Tonino Guerra. (Adaptación del cuento de Julio Cortázar "Las babas del diablo")
REPARTO: David Hemmings, Vanessa Redgraves, Sarah Miles, Peter Bowles.
GÉNERO: Drama
AÑO: 1966
PAÍS: Italia e Inglaterra.
DURACIÓN: 111 minutos.



BLOW UP O EL MUNDO APARENTE

Blow Up es un film íntimamente ligado al tiempo en el que fue hecho: Londres, mediados de los 60, Sartre y el existencialismo. Basado en un cuento de Julio Cortázar (“Las Babas del Diablo”) que cuestiona el poder de la veracidad de la imagen a través de la historia de un fotógrafo que asegura poder resolver el enigma de un crimen a partir del análisis de una serie de fotografías que él había realizado y que amplía en sucesivos “blow-ups”.

La película aparenta, siempre aparenta. Teniendo una primera revisión de las imágenes, las que Antonioni imprime en el fílmico, se presentan esbozos de una historia, que (repito) en una primera mirada, superficial, externa, denota que algo está partido. Las escenas, van sucediendo, así como el devenir del personaje, Thomas; transcurren sin concatenación lógica. Son extensos retazos de una geografía austera, donde el movimiento del personaje central se debilita con el correr del tiempo sin saber cual es su función primordial, dramáticamente hablando. Es, si se quiere, un reflejo de esa sociedad a la cual Michelangelo Antonioni hace referencia. Una burguesía quebrada de valores, de juicios, de moral, intelectualmente pobre. La carente interacción con el entorno, un vacío colmado de soledades y nostalgias que, Thomas utiliza como detonador de su personalidad: salvaje, omnipresente, ambiciosa, banal. Allí, en ese contexto se regodea, se siente libre para poder actuar insolente sin temer las consecuencias.

Proponiendo una mirada más exhaustiva, concienzuda, el film presenta un acertijo a resolver. Tanto para Thomas como para los espectadores que sufren (o no tanto), sienten y perciben, al igual que el protagonista. Antonioni plantea una mirada cínica del mundo actual, representada en un estadio que excede las normas cinematográficas o la representación de lo real.

“Blow Up” (en castellano: Ampliarse, expandirse) tiende a una visión más filosófica, intangible que lo que el cine representa. Un intrincado mecanismo metalingüístico: la imagen producida por una cámara (ya sea fotográfica, cinematográfica, etc.) es una representación del mundo real. Para los existencialistas, el mundo de las apariencias y percepciones. Antonioni traza esta problemática como eje principal de su obra. En primera medida, el mundo que pasa por delante de nuestros ojos, tiene un irremediable accionar, a veces tangible o intangible, se representa como un estudio ya asimilado por nuestra percepción, nuestro sistema de ideas. Pero el conflicto surge en el momento en que se distorsiona esa idea. Cuando lo que aparenta ser, lo que ya nuestros ojos, sistema óptico, mente y percepción pusieron en juego fue trastocado.

Antonioni justifica su parecer, nos muestra lo voluble del mundo, lo que se esconde tras una cortina de apariencias, de “vida real”. Ofrece una reflexión sobre los automatismos de los sentidos y hasta que punto somos capaces de fiarnos de ellos, por tal caso, no percibimos los factores externos que pueden desvelar un nuevo sentido de lo visto o lo figurado.

Tomo como referencia, la ampliación de ese mundo. Lo fundamental transcurre en ese combate en el que el protagonista discurre con el objetivo fotográfico y la disección de las imágenes a las que se dedica de ampliación en ampliación. El carácter ambiguo de la imagen como instrumento de conocimiento de la realidad es lo que se juzga.

Un hecho que hay que remarcar y no pasar por alto es la secuencia final, fundamental para comprender la idea motora del film. Thomas se topa con un grupo de hippies mimos con sus caras pintadas de blanco. Estos simulan jugar un partido de tenis, dentro de una cancha, con raqueta y pelota invisibles. Dos de ellos juegan, mientras que Thomas y el resto de los mimos presencian el espectáculo. La toma es larga y muestra como los espectadores son participes de ese juego, de apariencia irreal, centrada en los gestos y el ritmo de los movimientos de la cabeza de ellos. Un silencio impalpable, obstruido por el sonido de los golpes de la pelota de tenis “invisible”. La pelota cae fuera de la cancha, el fotógrafo la recoge y se la devuelve.

Esta escena, extensa, deliberada, es el retrato perfecto, el epílogo ideal: Varios segundos después, el fotógrafo desaparece, se hace invisible, es un objeto que se desintegra como si hubiese sido expuesto a una ampliación hasta desaparecer y desasirse de la realidad.





MICHELANGELO ANTONIONI. LO REAL ES EL ESCENARIO

Michelangelo Antonioni, director de cine, pintor y escritor ha producido en más de noventa y cuatro años de existencia un campo sembrado de ideas existencialistas que rebasan lo efímero del mundo, trazando una suerte de crucigrama con el que el ser humano, para redescubrirse, tiene que atender a finalizarlo. La percepción de la realidad, el tema preponderante de la obra antonioniana, donde todo se presenta ante los ojos humanos como un gran escenario que de atravesarlo uno se encontraría con lo que realmente es.

El mundo que recrea, analiza y despierta. El velo corrido de una sociedad que pende sobre una capa fina, donde el replanteamiento de una vida sobre el fondo parece escabullirse ante las prontas necesidades: superfluas, corrientes.

Sobre estandartes metafísicos, Antonioni recrea su realidad volviéndola saturada, puesta a punto desde los brotes del pseudo intelectualismo y la moda pop que recrudecía en las calles. Por encima de ese velo semitransparente en que todo se torna tangible para el ser humano, equivocado, el buen Miguel Ángel toma las postas de las ideas sartrianas y las desarrolla, exaltando las formas, reflexionando sobre la capacidad motivadora del hombre que debe discernir entre realidad e imaginación.

En sus treinta y seis films (más que nada, promediando su carrera filmográfica) se encontró ante la paradoja de hacer visible lo invisible. De recrear en su imaginación la idea de “imaginación”, el problema sembrado por René Descartes y retomado luego por el existencialismo francés. La mutación entre la realidad aparente que se muestra ante la invidencia humana en un formato “visible” tanto el cine.

Las pistas dispersadas a través de los films de Antonioni, son extractos de un mundo, que de apariencia burguesa, se encuentran corroídos por el vaciamiento existencial. Sin recurrir a estereotipos narrativos, logró discurrir en sus cintas con gran intensidad y generando una atmósfera de alta densidad.

Si Fellini fue el cineasta del bullicio, de la Italia popular y extrovertida, Antonioni optó por retratar la introversión y la angustia burguesa.


ESCENA FINAL

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