THE LORD OF THE RINGS: THE FELLOWSHIP OF THE RING



EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO


Dirección: Peter Jackson
Guión:
Phillipa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh. Basada en la novela homónima de J.R.R. Tolkien.
Reparto:
Viggo Mortensen, Elijah Wood, Ian MacKellen, Liv Tyler.
Año:
2001
Género:
(según IMDB) Acción, Aventura, Fantasía.
Duración:
178 min.


Se ha visto hasta el cansancio. Se ha comentado, vituperado y puesto loas a la trilogía de Peter Jackson, en plan de inmortalizar la obra de Tolkien. Todos conocen la existencia (ficticiamente) de un anillo que contiene el poder supremo en el mundo y que pueblos enteros, buenos y malos, luchan por hacerse o deshacerse de él.
Lo que subyace tras kilos y kilos de celuloide no es más que una historia de amor, de amistad, de sentimientos encontrados (los grandes temas del cine) puestos en el proyector de la mega producción, de las odiseas, de las lejanías y letargos, de las consagraciones y fracasos, de la proeza mortal.
Kilos y kilos de armadura, litros y litros de sangre ficticia, millones de huesos y carne de extra expuestos a las horas de maquillaje y vestuario. Meses de dejarse crecer la barba. Meses de preparación física y espiritual. Meses de postproducción electrónica, para mostrarnos la historia más vieja y siempre refrescante del cine: los valores que perduran. En la Tierra Media o en el espacio kubrickiano. En la Italia de Fellini o en la Nueva York de Woody Allen. En los acertijos de Ingmar Bergman o en los silencios de Chaplin. Nada de eso importa: el fin no justifica los medios. Eso es lo que me gusta de la trilogía de “El señor de los anillos”. El valor de la amistad por sobre los efectos visuales. La capacidad de doblegarse ante la adversidad de los protagonistas sobre la apoteótica puesta en escena. El título lo resume, aunque se haga omisión y pase desapercibido, por eso la elección de esta primera parte: La comunidad del anillo. Lo verdadero siempre queda, el espíritu comunitario.

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