I´M FROM BARCELONA




Entre el gélido y pálido instante decadente de las marejadas de hielo que caen silenciosas, y una nota que se lanza caliente al viento arrebatado: la mezcla en el ambiente es tibia y la voz multitudinaria, sueca, impasiva, colérica, armónica, desesperante. Treinta músicos reunidos alrededor de la figura de Emanuel Lundgren para dar vida a un monstruo sin antecedentes ni, suponiendo una catástrofe, futuro. El sonido es apoteótico, las huellas son gigantescas, puñales en la mano que se lanzan acribillando el aire. Desfilan clarinetes, saxofones y trompetas; flautas, acordeones y kazoos; banjos, bajos y teclados; ensalzados con una métrica no convencional que se engloba en un género remoto, inclasificable. Se siente un delicado devenir poético que lucha incansablemente por sobresalir de ese cuadro barroco, de ese recargado sistema de musicalización. Postura geek, entre el iPod con los discos de Weezer y la carpetita bajo el brazo: Nace I´m From Barcelona, que no son catalanes, son escandinavos, que hacen música nueva que es despilfarro y tensión, catástrofe y tos.

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