GARY NUMAN



La música se convirtió, a lo largo de toda su historia en un generador de mitos. Desde que algún antropoide golpeo un hueso contra el piso hasta este tiempo en que conectando y desconectando cables se puede lograr “música”. El mito tras una pared sonora, el mito tras la percha y la producción, tras el brillo glamoroso y el disfraz despiadado de un recaudador de dinero. Ha moldeado (y esto es lo único por lo cual se puede culpar a la música) hombres de canciones rasas y egos enormes, de porfiada y cansable impronta que, calzando su chaleco anti-todo enfrentan a los hervores críticos, mientras, la gente consume su veneno e infla la maleta de vil metal.

Gary Numan, mejor conocido como el sombrío caballero de un One Hit Wonder: “Cars”, que supo, a lo largo de los años vencer las adversidades a fuerza de canciones de dudosa calidad técnica y artística. Embelezado en purpurina y metal, en sintéticos parlamentos y presuntuosa estampa. Sobrevivió a base de Aspirinetas con su música, cada vez más, llevada al extremo de la oscuridad, de los ghettos cavernosos, de las calles sin salida.

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