ARCHITECTURE IN HELSINKI


“En la simplicidad de las cosas reside lo mejor” - suele decirse como una frase trillada y pegadiza. Algunos lo toman como una experiencia de vida, como una reformulación de las cosas por las cuales no quieren hacerse cargo. Otros la atan a sus piernas, y en su andar menos leve, lo desparraman por el mundo como confeti, papel picado. El optimismo a veces repulsa, en otras ocasiones, viene bien para afrontar marejadas hostiles. Architecture in Helsinki le pone coro, música y aditamentos a una felicidad perenne, a chupetines de colores y globos levitados en el aire. Su estructura musical no es ni melindrosa ni austera, se mide entre dos márgenes opuestos: el corazón y el puño.

Entrega corazones pomposos de caramelo y algodón en la melosa voz de sus cantantes (dúo o trío, a veces); y pega con los sintetizadores trompadas de acero, escupitajos lacerantes. La pendulante ola que nos lleva a través de sensaciones variadas, como vodevil, ya no únicamente auditivas: explícitamente (casi porno) por reminiscencias sexuales, nirvanas, alucinógenas.

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