5. JONI MITCHELL


El uso de armonías tan dispares como crecientes de sus guitarras llevó a Joni Mitchell, una austera cantante de folk a perfeccionarse, a transformar su canto en un grito a tono con las necesidades impuestas. Y lo valedero, lo que realmente sumerge es la sensación de supervivencia, de superación creada en torno. Su voz traspasó los límites y se ha convertido en cantante con guitarra, y no a la inversa.
Sus canciones (lovesongs) son evocaciones desmedidas a un amor perverso, a uno tierno, a uno inolvidable. El sentimiento latente de la navaja en la yugular se contrapone a las nítidas notas, al estado autónomo del oído con el resto de los signos vitales de nuestro cuerpo. Sus lastimeras evocaciones, a veces, sufren de la paranoia de la perdida métrica o de la búsqueda más animosa del ritmo. Transcurren, indefectiblemente, en una meseta ansiolítica, cóctel explosivo (por no decir deprimente) de clonazepam y una película de Griffith.

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