3. JANIS JOPLIN


Si algo le faltaba al rock, al verdadero, sin máscaras ni estereotipos, era la presencia de una voz femenina que deje impávido, convierta en humo a la especie y la lleve a una implosión destructiva. Bajo la arritmia psicodélica de los años sesenta, la desgarradora voz, ronca y aguardentada de la gran Janis nos dio motivos suficientes para revalorizar la escena, fuertemente ocupada por el hombre.
El libre e imparable espíritu rebelde, el símbolo estaba vigente. Mujer sin razas, mujer potencia. El alma se doblega al escucharla, al presenciar con locura las andanzas de la gran Janis: el monumento rock. Bajo manifiestos apócrifos se juró la venganza de la mujer en el rock y como la leyenda termina en moraleja, la muerte anunciada no se hizo esperar. Fuera materia, adelante el mito: Janis murió a los veintisiete años por sobredosis de heroína. Pudo haber mucho más, pero lo hecho fue suficiente para convertirse en la reina indiscutible del rock en su especie. Janis vive hoy en los tributos cotidianos de aquellas mujeres que renacen con una canción.

0 crónicas póstumas: