25. PJ HARVEY


Los gritos de PJ (que no significa Partido Justicialista sino Polly Jane) sobre la básica línea instrumental son símbolos de una época de estruendo simultáneo. Sonaba en las radios el bramido rebelde y adolescente de Kurt Cobain; la voz tenebrosa y timbrada de Billy Corgan, líder de los Smashing Pumpkins; los skaters se daban a conocer de la mano de Sonic Youth y, perdedores bailaban la danza tribal de Beck. Todos tenían un lugar de pertenencia. Los jeans resquebrajados y los achupinados. PJ aparecía con sus desgarradoras notas, su osmosis punkroquer era canción y catarata, explosión, llanto y lamento. Sulfurando placer, algo de sexualidad impresa, y negra oscuridad sobre el micrófono. Allí está PJ, ahora, envuelta en una catártica sospecha de reconocimiento: una limpieza introspectiva, hace canciones sobre el piano, aunque no deja de derramar lamentos. El gruñido es constante.


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