20. WHITNEY HOUSTON


Entre un torbellino de forajidos que intentaban rasgarle las prendas, aparecía entre todos ellos un muchachito, el héroe de la película, para rescatarla y llevarla en andas a través de la multitud; sobre el fondo, las notas altas y bajas se entremezclaban inocuamente, sin complejos, dejándonos atónitos. Así conocimos a Whitney en “The Bodyguard” (“El Guardaespaldas”). Y así comprendimos instantáneamente que se trataba de una cantante en serio, de las típicas afroamericanas que saben utilizar su voz como herramienta más que favorable para hacer arte (si, arte).
Puede gustar su música o no. Puede parecer fútil, austera y oxidable. Pero el tenor musical de su voz es ineludible. Provoca mareos constantes simplemente al escuchar como entrelaza las notas, unas con otras, llegando a lugares altos y acariciando el sótano en cuestión de segundos. Esa es Whitney. Si “The Bodyguard” es una mierda, es otro tema. Si la mayoría de sus canciones son bandas de sonido de taxis y consultorios odontológicos, también.


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