14. BETH GIBBONS


La mujer de mirada extraña, distante, encerrada en su propio juego mecánico está parada frente al micrófono; un sonido en mezzo-tempo suena melancólico, agridulce. La mujer mira el suelo, su pelo lacio, rubio le recorre la cara y la cubre. El público se impacienta. Dos minutos de introducción. El escenario está colmado de luces verdes y azules que giran en torno a la mujer. Saca su mano del bolsillo, lleva un mechón tras su oreja y abre la boca. El público, que ya se estaba retirando del lugar, se da vuelta, mirando al escenario y calla, en señal de respeto, atónitos. Esa mujer es Beth Gibbons, cantante de Portishead (también hizo participaciones en varios discos de Massive Attack), el tono dulce y sensual de su canto no deja lugar a dudas, se contrapone con esa figura solemne, austera que minutos previos el público apreciaba como errática. Luego, a lo largo del show, sin más argumentos que su voz, sin más movimientos que el de su garganta, Beth Gibbons confirma que es una estrella musical, impecable, imposible.

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