10. REGINA SPEKTOR


Regina atrae hipnóticamente, enfría, entibia, calienta, de la misma forma en que se presentan sus canciones. Un irivenir constante de sonidos que se entremezclan, se abrochan, se suicidan para repeler a una unidad, gravitante en su obra. La música de Regina Spektor, y sobretodo su voz, es deforme, acuosa y sofisticada. En pequeñas porciones de segundo es capaz de estirar una nota hacia el infinito, como de aplastarla contra su pie, gravemente. Y así diverge, piano de por medio, el sonido Spektor.
Compositora carnal, de humanas pretensiones, destila en sus notas una cierta reminiscencia a Radiohead del Polo Norte (como si esto ya fuera demasiado) o un John Cage angoleño: metempsicosis que se extravía en un bosque de ampulosa arboleda, entre los copos de nieve que caen en cámara lenta: música spektor, reflejo fiel de su dogmatismo, de su cultivación, de Rusia prematura adaptada a las nuevas tecnologías (occidentales).

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