EYES WIDE SHUT (1999)

Género: Drama
Reparto: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack, Marie Richardson.
Guión: Stanley Kubrick, Frederic Raphael (Novela: Arthur Schnitzler, “Traumnovelle”).
Producción: Stanley Kubrick, Brian W. Cook, Jan Harlan.
Música: Jocelyn Pook
Fotografía: Larry Smith

El doctor Bill y su esposa Alice acuden a una fiesta que se celebra en casa de Victor Ziegler, en lo que parece que va a ser una noche como cualquier otra. Sin embargo, al llegar a casa, en un estado de inusitada sinceridad provocada por un cigarrillo de marihuana que Bill y Alice fuman a medias, ésta le confiesa que hace unos años estuvo a punto de abandonarle por un desconocido. El trauma que provoca en Bill esta revelación hace que se involucre en una espiral onírica de deseo y venganza sexual, durante la cual se percatará de que no sólo ellos mismos se ocultan secretos, sino que también la gente con la que conviven a diario alberga deseos ocultos y prohibidos tras una fachada de rectitud moral y posición social. Bill debe responderse a la sencilla pregunta: ¿qué pasaría si nos dejáramos llevar por nuestros deseos?

Yo mismo me hago esa pregunta. ¿Qué pasaría?
Seguramente, los legisladores de la moral (moralina) que pululan por los lugares conservadores de nuestra sociedad serían los primeros contendientes, los encabecen esta defensa, los que promuevan leyes que resguarden (conserven, les gusta más esa palabra) el cuidado del cuerpo y se dedique a actividades más productivas: como rezar (Ja).
No se trata de una simplificación de lo intencional, el solo provecho de nuestra conducta más intrínseca, animal. Tampoco, de una reducción intelectual o racional. Es, un complemento necesario, inculposo, fraccionario de nuestro espíritu (que, dicho sea de paso, somos monos). El deseo aparece, siempre personificado en cosas tangibles, en lo carnal o material, en lo poderoso de la distracción. Ese poder actúa de manera inescrupulosa y ataca, desprotegiéndonos de la coraza más autócrata: el pudor. Vence fachadas, posturas y nombres. Quiebra al tirano y al bienhechor. Es, la prueba abstracta, íntima, visceral que comprueba el elemento primordial de nuestra existencia: la irracionalidad. A medida que el ser humano se desarrolla, física y mentalmente, va adquiriendo nuevos conocimientos, horizontes (así como límites), que van reprimiendo ese sentimiento animal hasta un lugar inhóspito de la mente (no lo sé, no soy psicólogo, ni científico, ni nada que termine en “ólogo” para decir cual es, me baso en percepciones). Ese encierro caprichoso, traducido en millones de teorías, se desdobla por la mera posibilidad de corruptibilidad.
Kubrick pone al relieve esta naturaleza humana, de trastrocamientos amorales, de cortinillas de humo, para configurar su póstuma lectura del ser humano. Esparce sobre el campo, el gran escenario montado, el que oculta el instinto; lo figura con un tratamiento visual somero, irreductible. Un juego impracticable de puertas entreabiertas donde se oculta el deseo primitivo, traducido en erotismo, en placer, en devoción al cuerpo.
Este extensivo tratado es su marca final (la película fue estrenada luego de su muerte) sobre las prácticas humanas, sobre lo que ocultan nuestros actos y lo que se esclarece tras una fina capa de polvo, tras un furtivo avance perceptivo.
Ese velo corrido se traduce en imagen, en fuerza fotográfica. La primera parte del film, cuando todo es apariencia y solemnidad, Kubrick opta por una imagen fresca, limpia, luminosa: reflejada en el acto amatorio casto de Bill y Alice. A medida que la historia va desandando incógnitas, que se adentra en lo profundo de la consciencia (de la verdadera naturaleza humana), el clima se vuelve oscuro, intrigante, tenso.

ANECDOTARIO
También fue controvertida la inclusión de escenas eróticas "osadas" (este término lo podría estar diciendo Catalina Drugi, no Freak Like Me) principalmente las de orgía en una mansión. Algunos planos de desnudo integral amenazaban con dar a la película la calificación X en EE. UU., lo que implicaba un previsible fracaso comercial. Kubrick se resistió a autocensurarse, si bien finalmente se distribuyeron dos versiones de la película: la destinada a EE. UU. Era algo más breve en las escenas de sexo y se recurrió a trucos infográficos (interponiendo siluetas humanas) para tapar ciertas desnudeces.

Dato IMFREAKALOT
Tal es el magnetismo, la obsesión y el desgaste hipnótico que el viejo director produce en los actores que, ya es sabido, que muchas personas han abandonado el set de filmación teniendo que ser reemplazadas por otros: esto se dio a lo largo de toda su filmografía. En “Ojos Bien Cerrados”, el personaje de Victor Ziegler (protagonizado por Sydney Pollack) era interpretado por Harvey Keitel (Mr. White en “Perros de la Calle”, actual “Life on Mars”), pero el rumor trascendido dice que ambos, director y actor, casi se van a las manos. Resultado: Keitel abandona el set, Pollack sustituye.


0 crónicas póstumas: