BARRY LYNDON (1975)

Género: Drama
Reparto: Ryan O´Neal, Marisa Berenson, Patrick Magee, Hardy Krüger.
Guión: Stanley Kubrick (Novela: William Makepeace Thackeray)
Producción: Jan Harlan, Stanley Kubrick, Bernard Williams.
Música: Leonard Rosenman, The Chieftains (música popular irlandesa)
Fotografía: John Alcott

Redmond Barry es un joven irlandés, decidido a convertirse en un hombre rico e importante. Se alista en el ejército británico y participa en la Guerra de los Siete Años en el continente europeo. Pronto deserta y se pasa al ejército prusiano, donde le convierten en espía. Después conoce a un caballero que se dedica al juego, y que le enseña el arte de las cartas. Barry usa todas las estratagemas y mentiras para subir en la escala social y se casa con Lady Lyndon, una rica condesa. Adopta ese nombre y como Barry Lyndon se establece en Inglaterra, siendo un hombre rico e influyente. Sin embargo, con el tiempo su fortuna cambiará, por el intentar poseer un título de nobleza, que su esposa tiene.

La caótica vida llevada a extremos de placer, de redundancia, de suntuosidad. Es tiempo de hacer una revisión más antropológica de nuestro problema como sociedad y Kubrick no elige situarla en el corazón de nuestros tiempos, no. Nos lleva a un mundo ajeno, perdido en el letargo de las horas. Una civilización que consume sus días en lo aparente, en la capa superficial de su conciencia. Es, paralelamente, una constante analogía con los tiempos que corren (desde ese lejano 1975 hasta hoy). “Barry Lyndon” se centra en la historia de un personaje, de homónimo nombre, que desde un lugar humilde, relegado, se inserta en la capa social más pudiente de la sociedad del Siglo XVIII. A partir de allí, Kubrick lo utiliza como pretexto para mostrar lo inocuo de los sentimientos, el vacío intelectual que produce el entretenimiento no como método de esparcimiento sino, como tortura, como único procedimiento de vida, de desequilibrio emocional. El no pensar lleva a no actuar, o a actuar desprotegido de la única capacidad que el ser humano tiene y de la cual se retroalimenta.
Nuevamente, Kubrick vuelve a plantear el sistema de poder y la guerra. Esta vez, como instrumento de escala social, ejecutada por un hombre que no tiene poder sino que lo busca. Al lograr este cometido, nuevamente, se presenta el estatuto kubrickiano a rajatabla. El enceguecimiento, la ambición, el cambio de roles puestos en un estrato social que se basa en las apariencias, en lo superficial y anacrónico.
Se trata de la obra más extensa y por cierto, más aburrida de Stanley Kubrick. Su tratamiento con escenas de profundo e incansable dialogo, planos que buscan la perfección pero que en ese devenir se muestra obligado a ceder y prolongar el tiempo, innecesariamente. También muestra la excelente interpretación de Ryan O´Neal en el papel de Barry Lyndon, donde se muestra impoluto, frío, manipulador ante todas las cosas que suceden frente a sus ojos.
Rascando la aparente capa que cubre la película se puede encontrar los puntos altos. Es ahí donde Kubrick lo hace siempre con la misma firmeza: el atractivo emocional de su obra, la visión renovadora, la amplitud de situaciones y caracteres, lo intelectual que se desprende.

ANECDOTARIO
Rodada enteramente en decorados de época y sobre luz natural (con velas en las escenas nocturnas o de interior), mediante objetivos de cámara muy luminosos y el tratamiento especial del negativo, esta película presenta una fotografía excepcional. Auténtica proeza técnica que le confiere una estética más bien sombría y muy particular, en el tono de la historia y las pinturas de la época. El espectador se encuentra de esta forma imbuida en la intimidad de los personajes, tal y como pretendía Kubrick.

Dato IMFREAKALOT
Si usted quiere empezar a descubrir el mundo Kubrick, IMFREAKALOT le recomienda NUNCA empezar por esta película, por favor, empiece con “A Clockwork Orange” o “The Shinning”, verá entonces que me lo agradecerá.


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