A CLOCKWORK ORANGE (1971)

Género: ¿Cómo catalogarla? Imdb dice: Crime-Thriller.
Reparto: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Miriam Karlin, James Marcus.
Guión: Stanley Kubrick (Novela: Anthony Burgess)
Producción: Stanley Kubrick.
Música: Ludwig van Beethoven (Wendy Carlos, supervisión)
Fotografía: John Alcott

Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven hiperagresivo con dos pasiones: la ultraviolencia y Beethoven. Al frente de su banda, los drugos, los jóvenes descargan sus instintos más violentos pegando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el crimen, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.


Se puede ser violento reprimiendo ese instinto. Mostrándolo con sutiles líneas. Encuadres lentos que rozan la verosimilitud y la aproximación a ese mundo, donde una vez inmersos nos provoca en todos los sentidos, diferentes visiones de una sofocante pronunciación.
Está claro que la violencia engendra violencia, que es un acto de repudiable manifestación. Pero la vida se expone ante un agravante sistema que lucha por sacar a la luz lo mejor de él, pugnando por las personas que acatan esos parámetros, que no se esfuerzan por una superación más instintiva. Es allí, cuando aparecen en todo su esplendor los marginados, marginales por un sistema que corrompe al apto y castiga al no merecedor. En estas circunstancias, el hombre que reprime sus actos más primitivos, animales, se vuelve preso de un sistema que lo conduce al fracaso emocional, corrompiéndolo y haciendo de él, un explosivo cóctel de furia. Y, vaya paradoja, el hombre no atenta contra el propio sistema sino que se vuelve arma visible, adoptándolo para ajusticiar al inocente crápula que fagocita el diario, el café, la rutina, con la misma cara de desavisado.
Si 2001: Una Odisea en el Espacio era el fundamento filosófico por el cual el hombre es creador y destructor de su propia especie. Arma de doble filo. En La Naranja Mecánica, Kubrick ensaya con obstinada persistencia su visión acerca de las sociedades modernas. Adaptando el best-seller de Anthony Burgess, demuestra que el producto fílmico puede escaparse de parámetros establecidos, incluso cuando se adapta otra obra de resonada expresión. Y no se encarama con mostrar la violencia con el fin de provocar, de enunciar un final estrepitoso; sino, lo imprime con una sutil demostración, haciendo valer los contrastes, la expresión marcada por lo inherente de lo representado. Se aleja de manera tal, que no muestra un parecer, se escuda en imágenes que hablan por si solas.
Una violación, puede ser la expresión y el signo más crudo de violencia. Se puede ser un realista a raja tabla como lo ha mostrado Gaspar Noé en Irreversible, esperando que las imágenes proyectadas ya de por sí logren desagrado, aversión, sofocación, repudio. En esa escena, se muestra crudamente los siete minutos del acto entre violador y víctima, con una cámara testigo, en plano entero. Kubrick, sin embargo, promueve otra visión estética. Poniendo sobre el tapete todos los elementos del film, e incluso, los externos, que cobran vida en una escena que parece sumirse a una idea de aceptación por lo registrado. A la violación, la tiñe de matices que despiertan en el espectador otro nivel de significancia: más reflexivo, más comprometedor. Y gracias a esta mirada más analítica de la violencia. No como aparato irracional sino como una consecuencia, le imprime a todas las escenas donde Alex (Malcom MacDowell) y sus drugos (amigos/secuaces/etc.) ejercen violencia como aparato subversivo.
Dotada de elementos funcionales, Kubrick opta por llevar a las escenas de La Naranja Mecánica hacia un nivel estético excelso. Los ejemplos abundan y remiten a ese juego de contrastes en donde nos inserta el realizador. La puesta estética en la cual, Alex y sus drugos pelean con una pandilla rival en un viejo teatro londinense, propio de la estética victoriana, aquí, Kubrick decide encuadrar a todos los actuantes en una gran plano general, cargándolo de un extraño dramatismo. Optando por situar a los espectadores en personajes testigos que podrían estar viendo eso desde la pantalla de un noticioso o apostados tras bambalinas. Esa lejanía promueve reflexión. Y vuelvo a comparar este ejemplo con Irreversible de Gaspar Noé. En esta película, se suscita una escena de extrema crudeza, donde un hombre golpea con un matafuego la cabeza de otro. Allí, el director opta por un plano cerrado, cercano a la víctima, donde se puede apreciar como se va desmembrando su cráneo. En contrapunto, Kubrick exime al espectador de cualquier contusión emocional y lo coloca lejano, omnisciente, participe analítico.
En esta película, se suscita una escena de extrema crudeza, donde un hombre golpea con un matafuego la cabeza de otro. Allí, el director opta por un plano cerrado, cercano a la víctima, donde se puede apreciar como se va desmembrando su cráneo. En contrapunto, Kubrick exime al espectador de cualquier contusión emocional y lo coloca lejano, omnisciente, participe analítico.
Otro de los ejemplos para nada caprichoso que explican el mundo de Kubrick es, la escena donde Alex ajusticia a uno de sus secuaces, que, tras los vaivenes emocionales de este, quiere tomar el control de la banda. Alex, reafirma su liderazgo apuñalándolo y tirándolo al Támesis, con “ralentí” o cámara lenta, bajo la estentórea música de Beethoven. No es simplemente una manera de “mostrar” un hecho en particular, sino, la voracidad con que se lleva a cabo se logra de manera contrastante como si fuera un ballet, una sutil expresión donde dos cuerpos danzan una música asesina y bajo este lema, fútil o no, el realizador propone una mirada sarcástica de los hechos consumados. Y es una escena paradigmática, que no recae simplemente en “mostrar” un hecho de violencia embellecido. Sino, que para el carácter de la película y sobre todo, del devenir de la narración, en un hecho paradigmático. Porque a partir de ese momento, el personaje principal de Alex entra en un estado de paranoia y como consecuencia, su mundo comienza a derrumbarse. Por eso, Kubrick opta por acentuar esta escena, extendiéndola y apoyada en una cortina musical que resulta ser banda sonora al mismo tiempo, de la vida de Alex.
Los ejemplos abundan, los contrastes, las metáforas y metonimias son participes en un film que excluye cualquier profusión visceral. La danza mortal que Alex ejerce previo a la sodomización de la señora Gato en su habitación, donde se puede ver con denotada clarividencia un falo gigante y dos bustos de Beethoven por cada lado, en clara alusión a su virilidad, ufanándose de ser alguien poderoso, manipulador e inmortal. Paradójicamente, esta acción, deviene en su posterior caída física y emocional.
Por último, otro de los ejemplos es la clara alusión a los pasajes bíblicos. Alex, un ser escéptico, se muestra perecedero, voluble a los mandamientos religiosos y a la pompa eclesiástica. Es por eso, que todo accionar lleva a un arrepentimiento subconsciente en el que desfilan por su cabeza oníricas imágenes de momentos bíblicos. Esta decisión de Kubrick, también agnóstico, de construir su relato en donde Alex imagina inocentemente y casi burlón, un ajusticiamiento final, divino. Es allí, en donde sus valores se ponen en juego, haciendo derrotar su conciencia, temiendo por su destino.
Cabe subrayar, el papel preponderante que adopta la música en toda la obra de Kubrick y en La Naranja Mecánica no hace una excepción. Amante de la música clásica y el jazz, el realizador pone de manifiesto esta cultura casi mitológica de Beethoven como un promotor de los actos injuriosos y violentos del protagonista. De Beethoven se alimenta para profanar a los débiles. Quizás por que la música es la parte adoptiva y el único elemento, al margen de la violencia, que conmueve a Alex: personaje chato, vacío de sentimientos. Y es también, por el romanticismo exacerbado que denota su obra. Las estridentes y sonoras notas del músico son elementos constitutivos, que originan en Alex, una suerte de recarga de poder. Kubrick lo pone en escena, como una música de extrema violencia, como el germen de algo declaradamente subversivo, violento, reaccionario.
Enmarcado bajo un mundo distópico, futurista. Esta obra magna de Stanley Kubrick refleja la sociedad en la cual vivimos. Nosotros somos los violentos, quienes despojamos a la marginalidad al no apto, somos ley y justicia del victimario. En palabras del mismo director: "El hombre debe poder decidir sobre el bien y el mal, incluso si opta por el mal. Negarle esa elección es convertirlo en algo que no llega a ser humano... en una naranja mecánica"1.

1 Entrevista realizada por la revista de la AFI (American Film Institute) en 1973.

ANECDOTARIO
Nadsat:
Anthony Burgess, inspirado en la obra de James Joyce, tomó de éste la solución de inventar un nuevo lenguaje insertando palabras de otros idiomas.
El autor utilizó este recurso -la creación de una jerga adolescente- para hacer atemporal la obra, ya que de otro modo el paso del tiempo hubiera revelado en la sintaxis y vocabulario un libro no actual. De este modo, al crear una forma artificial para narrar el argumento, éste lenguaje actuaría con un efecto antienvejecimiento que permitiría su lectura fluida pese al paso del tiempo. Stanley utilizó un 40 por ciento del Nadsat en su película.

Dato IMFREAKALOT

Se comenta, que Kubrick, para la escena de la orgía acelerada en el cuarto de Alex, intentó contratar a Pink Floyd para que versionen su canción “Atom Heart Mother”. Pero el pacto no se concretó. Uh.


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