THE SHINING (1980)

Género: Terror, Suspenso
Reparto: Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers.
Guión: Stanley Kubrick y Diane Johnson (Novela: Stephen King)
Producción: Robert Fryer, Jan Harlan, Mary Lea Johnson, Stanley Kubrick, Martin Richards.
Música: Hector Berlioz, Gyorgy Ligeti, Béta Bártok, Krzysztof Penderecki (supervisión Wendy Carlos)
Fotografía: John Alcott

Jack Torrance se traslada, junto a su mujer y a su hijo, al impresionante hotel Overlook, en Colorado, para encargarse del mantenimiento del mismo durante la temporada invernal, en la que permanece cerrado y aislado por la nieve. Su idea es escribir su novela al tiempo que cuida de las instalaciones durante esos largos y solitarios meses de invierno, pero desde su llegada al hotel, Jack comienza a padecer inquietantes trastornos de personalidad, al mismo tiempo que en el lugar comienzan a suceder diversos fenómenos paranormales.

El género terror, vituperado, por el grado de esoterismo, monstruosidad y herejía, es de por sí, un rotulo bastante obsecuente para ser llevado a cabo. La mera razón de su existencia es: lograr pavura en el espectador, si lo logra es un buen film; si no, es malo. Bajo ese único método de supervivencia recala en la historia del cine. Nada más ni nada menos. A partir de esto, existen varias pautas a seguir: suspenso, sangre, un asesino (monstruo o humano monstruo), víctimas y un héroe, que, inverosímilmente, escapa de todas las circunstancias subrepticias a las que se ve obligado. Se escinde muchas veces de una norma fundamental, filial del cine: la estética. Casi todos los realizadores interesados en el género utilizan, de manera aleatoria y conformista, el juego impresionista del claroscuro, efectos de sonido y la manipulación de información visual para generar un clima de tensión constante. Basta ver las películas que se pasan los viernes por la noche en cualquier canal de cable para corroborar lo dicho; esto no quiere decir que el cine de terror sea malo, si está bien hecho, todo lo contrario.
Y el viejo Stanley magnificó al género, lo redefinió. Ya, en sus primeras películas, había dado un nuevo silogismo al film noir dotándolo de estéticas y parámetros argumentativos disidentes que le dieron, en su momento a “The Killing” un nuevo concepto.
“The Shining”, basada en la homónima novela del populachero Stephen King, redefinió el género. La utilización espacial y fotográfica parece darle la espalda a lo establecido: esta vez, Kubkick pensó en ampliar los espacios, el escenario real de su contienda, separándolo del clásico del género que busca cuartos pequeños y oscuros para dar una impresión de sosiego, de opresión. ¿Para qué lograr esto? Porque la historia ya de por sí genera escalofríos.
La idea siempre latente del desorden mental, la histeria contenida, la bomba a punto de explotar en la cabeza. El aislamiento, la alienación, como figuras catalizadoras, como maza derribando paredes, fachadas bonitas. Es quizás algo referencial para el director, el retrato vivo de la esquizofrenia, de la manía constante, cíclica, del paso del tiempo en línea recta. El espíritu destructor de Jack Torrance (genialmente interpretado por Jack Nicholson) que traduce en instinto asesino de filicidio y uxoricidio (y por ende, en la soledad, a la autodestrucción). Traduce, una patología latente en las grandes sociedades que mantienen sosegado esta propensión por un estado moral, por una delgada línea de conducta autocontrolada. Pero cuando se produce el aislamiento, la alienación, esta conducta explota por el hastío, la soledad o la irracionalidad.
Kubrick logra, en esta masterpiece, esa suerte de angustia y explosión visceral latente; con un tratamiento estético único: optando por los planos secuencias que aumentan el suspense, magnificado por el tratamiento sonoro monótono, acelerado, acompasado (atención con el rechino de la madera en la escena en que Danny, hijo de Jack, conduce el triciclo por los pasillos del hotel). Así también, la utilización de las metáforas visuales como forma elíptica de información, como representación de lo paranormal, de lo que ni el mismo director puede explicar: el rudimentario mecanismo cerebral humano.

ANECDOTARIO
Durante el rodaje, Shelley Duvall fue sometida a una presión constante por parte del director, que la criticaba constantemente, causándole una gran tensión. El motivo fue que la ansiedad provocada en la actriz la haría interpretar mejor a su personaje, ya que debía interpretar a una joven histérica e insegura. El resultado, meses de internación en una clínica psiquiátrica luego del rodaje.

Dato IMFREAKALOT
1. La voz de Wendy Torrance (Shelley Duvall) en la versión española es la de Verónica Forqué (chica Almodovar, “Kika”, “¿Qué hecho yo para merecer esto?”). La eligió el mismo Kubrick, cuyo afán de perfeccionismo le llevaba a escoger él mismo hasta a los actores de doblaje en cada país donde se estrenaran sus películas. ¿Alguien dijo obsesivo?
2. El careta de Stephen King reconoció que la adaptación de su novela en fílmico no le pareció nada acertada, aduciendo que le pareció demasiado compleja y cargada de metáforas que nada tiene que ver con la idea original de su novela. Uno, vende millones de libros, el otro, hace grandes películas.


1 crónicas póstumas:

Dulce dijo...

Es una de las mejores películas de terror que haya visto, a mí me encanta este tipo de terror; la vi en hbo go hace poco, la había visto antes pero cada que la vuelvo a ver me asusta y perturba, creo que ahí recae su magia.