La Muerte de Peter Pan



El dueño del baile eléctrico, el que flotaba entre los humos y las luces desafiando a la gravedad: nos ha dejado. Michael Jackson ha muerto. Víctima de un paro cardíaco que estalló por una serie de problemas e insuficiencias fisiológicas que estallaron luego de una vida de excesos. Sobretodo, en el final de su carrera, con su obsesión esteticohológica que lo llevó a retocar su nariz hasta la inminente amputación de su rostro. Dueño de un sector privilegiado dentro de las páginas amarillas de todos los tabloides, de las cadenas de noticias por un dudoso y todavía incomprobable perfil paidofílico (sabemos que la justicia se equivoca, y mucho). Ha muerto ese Michael Jackson, el hombre.

Pero ha permanecido el genio, el innovador. Su música, su pasión y su canto, bailes incluidos. El hombre detrás de un suceso marketinero incomparable, el mismo que todavía ostenta: ser el único músico en vender la mayor cantidad de discos en la historia de la música comercial. Máquina de éxitos, de innovaciones musicales, primero, audiovisuales después. Sus videos son pequeñas piezas de un rompecabezas que reconstruyen un mito, fragmentos de un largometraje apoteótico. Te
ndencias que recorrieron el mundo escoltando su fortaleza musical, indiscutible; más allá que para los melómanos y/o estudiosos de la materia la rebajen a un estado pueril de discoteca, de cadena de FM o divertimento sabatino.

Lo cierto es que Michael Jackson reinventó la música primitiva de su país, la resignificó y la dotó de nuevos instrumentos, tecnologías y variaciones rítmicas. El eslabón perdido del soul que se moría en los discos de vinilo tras gigantes artistas como Nelson Pickett, Ottis Redding o Marvin Gaye. Es, trazando un paralelismo caprichoso, una suerte de Soledad Pastorutti del capitalismo
(Coca Cola y Nike de por medio, claro). Reavivó las llamas de su cultura, de su raza negra. Más allá de la discusión post operación para cambiar de color de piel, seguramente aburrido de tener tanto dinero o de alguna droga psicotrópica que le pegó mal.

Queda el símbolo, sus discos, su voz tenue y su caminata lunar.


MICHAEL JACKSON (29 de Agosto de 1958 – 25 de Junio de 2
009)

Su música para la posteridad:




1 crónicas póstumas:

Shoplifter-Davide dijo...

A pesar de los pesares no permanecimos al margen de su vida y muerte, lo triste la forma como murio toda su gloria fue carcomida por sus excesos y excentricidades gracias a que siempre lo vieron como una maquina de hits y no una persona con sentimientos.