2. MATHIEU KASSOVITZ



Mathieu Kassovitz es mayormente conocido por su papel en “Amélie” en el que encarnó al idílico amor de la muchacha, Nino Quincampoix. Sin embargo, su productiva carrera como director lo llevó a cruzar el Atlántico y justamente es en ese momento en la que asistimos al peor Kassovitz. Su inicio en el cine lo hizo de la mano de un increíble relato anti-discriminación, subcultural: “La Haine” (“El Odio”), en el que relata las desventuras de tres marginados amigos, que representan diferentes etnias sociales del submundo parisino, que buscan de manera desacertada integrarse a un sistema que los relega, los señala y los hace victimarios. Un relato crudo que pone al descubierto ese sentimiento, siempre presente, de xenofobia en la cultura occidental y primermundista. Con un tratamiento intenso, en que las imágenes en blanco y negro recrean esa atmósfera de total resentimiento entre quienes pertenecen a un mundo aparentemente civilizado, con sus autos y trajes de lujo, y los que permanecen en las sombras por no cumplir con los pactos sociales de conducta, por ser relegados por una sociedad condenatoria. Kassovitz indaga y lo muestra sin tapujos, como una forma de entrever que para él y su obra existe un estado de sitio, una guerra silenciosa pronunciada por los que están de una vereda y otra. Es, una excelente carta de presentación para demostrar y hacer valer sus principios como comunicador, escoltar a los no civilizados.

Esos esfuerzos que lograron, sobre todo en su país, un escenario de debate y de autocrítica, fueron hechos trizas por un picahielos a medida que su fama se acrecentaba. Creó otros dos monstruos subculturales, de valor menos analítico, que dieron como resultado el cruce hacia las grandes ligas, hacia el cine industrial. Es allí donde Kassovitz vio opacada su trayectoria al concluir en dos films que carecen de valor, el primero, estético; el segundo, global. Reuniendo a un equipo de figuras creó el thriller “Gothika” (“En Compañía del Miedo”) un supuesto drama psicológico en el que vale más las desmesuradas actuaciones de Halle Berry haciendo de loca que la trama y el tratamiento en sí, dando la impresión de un pobre film destinado al olvido repentino. Su segunda y más descartable obra es “Babylon A.D.”, una película que sirve como pretexto para utilizar de manera desbordante toda la parafernalia de los nuevos avances tecnológicos en donde el resultado es simplemente una vaga aproximación a una idea, que previamente era buena, pero que sin dudas escapa al buen gusto. Una trama improbable y un misterio que pierde sentido en los primeros veinte minutos de acción: la mujer es una representante de dios en la Tierra, metáfora vulnerable, poco carácter y somnolientas interpretaciones.


La Haine


Babylon A.D.

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