6. ALAN PARKER





El hombre atrás de la bestia, quien se alió con Roger Waters y Bob Geldorf para recrear en imágenes la mejor adaptación que un disco puede jamás tener. Este mismo hombre que en 1978 se ensució con sangre, sudor y furia para retratar la biografía carcelaria de Billy Hayes, en “Midnight Express”. Después, se amedrentó ante la bestia, se aquietó y encaramado en plan de comedia musical, reinventó y adaptó varias obras de Broadway, una mierda. El promisorio romance entre música-imágenes (no videoclip), en el esplendor de una vida artística engolosinada con el contagio intelectual, con la fuerza inherente a su sensación, a lo magnético. Le había dado a su obra, sobretodo a “The Wall”, un objeto de admiración artística. De diferentes aristas, de polisémicas acepciones.

Ese contagio lo trasladó, un poco después a algunos logrados hits en donde su tratamiento como director lo llevó a replantear el verdadero significado de la implicancia como narrador. Se aparta, de disuelve en la historia, prolonga una realidad aparente para transformarla en un significado aún mayor, en varios interrogantes. Logró conmover críticamente con “Mississippi Burning” (Mississippi en Llamas) como última señal de libertad creativa para luego inmolarse de nuevo frente a la bestia, la bestia que él mismo creó. El mito y la salvación.

Una caída libre al vacio: a la disfuncionalidad de las ideas. Adaptó “Evita, el musical” a formato celuloide, el resultado: una mierda. Una Eva Duarte plástica, un país plástico, un Perón cosmopolita y un libro, que desde el vamos (inclusive la obra teatral) es catastrófico y refleja paradójicamente, la antítesis de lo narrado. Es un trabalenguas mal narrado: una obra con ribetes comerciales que cuenta la vida de dos líderes populares vistos a través de la óptica imperialista que rescata y enaltece el espíritu progresista. Puaj.


Midnight Express


Evita

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