11. SIDNEY LUMET





El sólido desempeño de un director de longeva trayectoria se puede ver empañada por un error de cálculos, una ambición desmedida que lo lleva a la cresta de su propio ocaso. El renacer de una era, de tecnologías ampulosas y de cambios idiomáticos pueden ser esquivos a los realizadores de la primera mitad del siglo. El ejemplo más claro es Sidney Lumet. El octogenario director que sorprendió al mundo, allá, en el lejano 1947 con la realización de su estupenda ópera prima, la adaptación de la obra teatral “12 Hombres en Pugna”. La biblia de todo abogado, el principio de que todo hombre es inocente hasta que se demuestre lo contrario elevado al cuadrado, en una fórmula matemática donde el resultado es el sutil y a la vez, precario tratamiento estético que ha llevado a diseminar toda duda de que el cine no es solamente imagen en movimiento.

Los tiempos cambiaron para el cine y para Lumet, participe activo de ese cine evolutivo (o involutivo, ustedes deciden). Luego de varias acertadas estrategias para convencer al público de que es capaz de ser estadounidense y contestatario, la protesta como principio. Ha llevado a su propio final el libro bajo el brazo, la espada de doble filo, el ambicioso proyecto de recrear la gigante “Gloria” de John Cassavetes de manera errante. Dejando sólo impreso en celuloide una historia simplona, de lágrima fácil y de latente sensación de lejanía con la original. Promoviendo así, esa suerte librada al espectador de escaparse de la butaca, de cambiar de canal o de no ojear por sobre el hombro. Un tiro por la culata que menoscabó la gran trayectoria de Lumet.


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Gloria

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