8. DANNY BOYLE




Todos los directores que no pertenecen a Hollywood, ya sea por ser extranjeros (sudacas, europeos, chinos) o porque su rudimentario e intrincado tratamiento cinematográfico está años luz del “aceptado” por las normas; al querer ingresar a ese mundo capitalista, de producción masiva, deben, casi constitucionalmente, pagar derecho de piso. Hay quienes aceptan ese pacto demoníaco y otros que no. Claro, esto últimos mueren en el anonimato o vuelven con galardones y aplausos a sus países tercermundistas. Los primeros, aceptando este trato casi siempre deben obedecer a un promotor, quien encabeza el proyecto, pone la guita, se mete en las decisiones de producción, de guión y de dirección. ¿Qué es lo que queda para el equipo artístico? La posibilidad futura de realizar un proyecto personal con aval.
Danny Boyle, director que ha despabilado al mundo por su gran construcción dramática de la novela de Irvine Welsh, “Trainspotting”, selló ese pacto y realizó, extrañamente al año consecutivo, una edulcorada película de amor esquivo con final feliz, por supuesto, made in Hollywood. “A Life Less Ordinary” es el derecho de piso de Danny Boyle y es también, las primeras paladas de su fosa. Después de eso, “28 Days Later”, un relato de horror en un mundo apocalíptico, y “Slumdog Millionaire” confirmando que es un buen director. Nada más.


28 Days Later


A Life Less Ordinary

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